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Que no se pierdan

Mayo 11, 2008
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Master of my domain

Mayo 7, 2008

A partir de ahora, la URL de esta bitácora es http://neoconomicon.com. Podéis apear el “wordpress”, aunque la dirección antigua seguirá redirigiendo aquí y los enlaces deberían funcionar sin problemas.

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Cuando el odio alimenta al cine

Mayo 6, 2008

Cuando el cine alimenta el odio se titula la última entrada de Mónica G. Prieto en el blog de El Mundo dedicado a Oriente Medio. La bitácora -en realidad, uno de esos falsos blogs sin hipervínculos ni comentarios que proliferan ahora en los viejos medios- carece por lo corriente de otro interés que no sea el documentarse sobre los vicios de pensamiento y la mauvais foi del periodismo occidental. Por lo general, no se aparta un milímetro de las versiones estándar sobre los varios conflictos de la zona, esas que tan bien sintetiza la obra pseudo-historiográfica de Robert Fisk. Un inconcreto anarquismo altermundista en el que -es mi opinión- no se criminaliza tanto a Israel por judío y a EEUU por capitalista cuanto a ambos por ser Estados modernos frente a, en la visión ideal, un magma de pueblos intrahistóricos, de salvajes nobles y leales aun si un poco brutos.

La corresponsal Prieto se ha destacado por ser la más beligerante de la terna bloguera, internándose a veces decididamente en terrenos a los que nos han acostumbrado Maruja Torres y otros insignes propagandistas. Hoy lo borda. Transcribo el final de su artículo, negritas mías.

Desde que comprobó el tono calumnioso con el que el cine trata a la comunidad árabe, Shahin se dedica a dar conferencias en todo el mundo para poner de relieve el daño que hacen los estereotipos en el subconsciente colectivo [sic]. También actúa como consultor de algunos directores que no desean caer en el tópico –asesoró a la caracterización de personajes de ‘Tres Reyes’ y ‘Syriana’- y prosigue con sus libros, el quinto y último titulado ‘Culpable: El Veredicto de Hollywood sobre los Árabes tras el 11-S’, en que analiza las películas realizadas tras los atentados contra las Torres Gemelas.

Quizás sería interesante hacer un estudio sobre cómo ocurre exactamente lo contrario con la cultura judía, asimilada como parte indisoluble de la cultura occidental gracias a Hollywood. Muchas de las cintas norteamericanas que pueden verse en cine y televisión muestran ceremonias tradicionales judías (presentadas como si todos los espectadores tuvieran que estar familiarizados con ellas), aluden a las fiestas del calendario judío como si fueran universales e incluyen la kippa (el tradicional tocado judío) con una frecuencia pasmosa, mientras resulta inimaginable que ninguno de los protagonistas emplee –no ya con la misma asiduidad, sino en una sola ocasión durante toda la cinta- el típico pañuelo árabe. Así resulta difícil que la sociedad estadounidense cuestione la política israelí en Oriente Próximo.

El último párrafo en particular es magnífico: introduce a Israel y al judaísmo donde aparentemente no tenía nada que ver -¡pero cómo no van a tener que ver!-, y lo hace para apuntalar una explicación deliciosamente blank slater, esto es, periodística, de la hipotética arabofobia: los americanos odian -primera suposición- a los árabes porque en las películas salen árabes malos; y no, pongamos por caso, y demos por buena la primera suposición, porque unos árabes que no estaban actuando destruyeron el centro de Manhattan. Y el judaísmo es parte de Occidente porque así lo dicta Hollywood que, como todo el mundo sabe, está dominado por los judíos.

Uno, si acaso, piensa que los discursos occidentales sobre el islam y el mundo árabe pecan más bien de hipercorrección, pero admitamos que el profiling ha sido y será práctica poco menos que inevitable; más aún cuando la vida pueda ir en ello. Sin embargo, en cuanto a instrumentalización de los medios para el odio de raza y religión, EEUU tiene poco que enseñar a dar-al-Islam. Unos pocos ejemplos:

Hamas TV. El Holocausto fue una conspiración sionista para eliminar a los débiles, enfermos y ancianos y forzar la emigración a Palestina.

Al Rafidein TV (Iraq). Los Presidentes de EEUU, carniceros de la historia -incluyendo a Lincoln y Wilson.

Hamas TV. El ministro de cultura (?) de Hamas lee los Protocolos de los Ancianos de Sión.

Hamas TV. Un vídeo musical: “Una bomba cada minuto… trozos de carne de judíos en bolsas negras”.

Irán. Órbita Cero (Serie): Los agentes sionistas asesinan al rabino de Teherán para intimidar a los judíos iraníes y forzar la emigración a Palestina.

Un tráiler: El Valle de los Lobos -Iraq. El blockbuster de acción turco se desarrolla en un Iraq más parecido al Grossraum nazi, donde los americanos matan civiles a diestro y siniestro y un médico judío roba órganos para venderlos en el mercado negro -a otros judíos, claro.

Y un clásico: Farfur, el gemelo supremacista de Mickey…

… asesinado por los sionistas.

¿Una muestra representativa? Supongo que, por lo menos, tanto como la seleccionada por Shahin. Mucho más en MEMRI. Con todo, ya saben ustedes que el género en que los cineastas árabes están innovando verdaderamente es el documental de ficción.

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Colaboraciones

Abril 18, 2008

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Hoy, guest-blogging. Un informante anónimo me envía el siguiente comentario de texto:

La baba en la pluma

DANIEL ANIDO/ DIRECTOR de CADENA SER   17-04-2008

 Cuando fluye la baba y el periodismo se acojona la tiniebla va cubriendo el espacio vacío aquí claramente se ha topado con una imagen que no sabía resolver: la tiniebla ¿qué puede ir cubriendo? ah, claro, un espacio vacío; un territorio abandonado que ocupan pajilleros, reprimidos, grasientos, puteros, siniestros, cobardes y acomplejados, con nombres y apellidos. ¿Y por qué al final los acusa “de querer robarles el oficio” si lo que están ocupando es un territorio abandonado, es decir, donde no hay nadie? Y otra cosa, los otros no sé, y Anson será un rijoso y lo grimoso que se quiera, pero ha sido director del ABC y de la agencia EFE, o sea que un intruso no es.
Son de ilustres la elección de este adjetivo denota a un resentido social burgos, ansones, losantos, pejotas, usias y alguna que otra schlichting, pero segregan ese “ese” ¿”ese” cuál? ¿el que él y yo sabemos? echo en falta una proposición comparativa o especificativa, verbigracia: ese líquido que sueltan los granos purulentos, o algo así líquido viscoso y corrompido por para que la frase estuviera clara debería haberla ordenado así: “segregan por la comisura, bla, bla, bla, ese líquido etcétera. Tal y como la ha escrito, parece que es la comisura la que ha corrompido el líquido. Que por cierto, ¿antes de la corrupción qué clase de líquido era? ¿Un líquido benéfico, aun cuando viscoso? la comisura de sus parpados, acentuando el asco que desprende su mirada. Que yo sepa, el asco es una sensación que se suscita en el ánimo del que ve lo asqueroso, no una cualidad de lo observado.

 Tenemos que mirar sus caras ¿con qué objeto? ¿quiénes?,¿es una exhortación a que lo hagamos todos a una o un lamento por no tener más remedio que tragarnos sus jetas? seguir con atención el recorrido ídem, tengo la tentación de escribir, pero al ver que dice “con atención” tengo que pensar que efectivamente era un imperativo. No sé por qué debemos mirar algo que tanto nos desagrada, sobre todo porque al final del párrafo no dice a dónde nos conducirá tan empeñada labor; ver como cómo avanza ese residuo pútrido que desciende por los pliegues por los famosos pliegues que separan los párpados de la boca en todo rostro humano hasta la boca, como cómo carcome gota a gota la acción de erosión que produce el agua, o los líquidos, cualquier cosa que puede caer gota a gota, no es la carcoma lengua relamida qué asco: aquí los acusa de que se chupan la lengua unos a otros; como cómo la inunda y luego la desborda, para proseguir su camino hasta la mano pegajosa que sostiene bueno, si las tienen tan pegajosas no les hará falta sostenerlas la pluma y derramar allí toda su miseria. Miseria que viene a sustituir al líquido pútrido, que una vez completado el pesado trayecto cede su sitio con gracia a esta miseria. ¿”su” de quién, o de qué por cierto?  Ahondo en los bolsillos de mi pedantería y me molesto en observar que a lo mejor me he pasado de lista al añadirle los acentos a los comos, porque a lo mejor este incomprendido portento quería componer frases comparativas, así: “tenemos que ver -ver entendido como acción absoluta, intransitiva, como el que dice “tenemos que vivir”-,  tenemos que ver del mismo modo que un residuo pútrido avanza” ¡Audaz imagen, joven vate! Quizá se resiente demasiado de la influencia de la teoría del color de Goethe, pero no es malo que un aspirante a escritor se deje llevar por la voz de los grandes.

Cuando fluye toda esta baba compartida y el periodismo se acojona  es claro que domina la anáfora, estos mirones clandestinos no como los otros mirones, que confiesan abiertamente su vicio, estos fetichistas de la mugre, se proclaman profetas con derecho de pernada un cruce entre Elías y señor feudal, para entendernos, levantan púlpitos con barrocos barrocos como la basílica de El Pilar: léase malintencionados tornavoces, apoyan sus falanges ¡extraordinaria habilidad de contorsionista!, por otro lado nada sorprendente en anatomías tales que son capaces de segregar líquidos purulentos y a la vez tan acuosos que se deslizan por los pliegues de los mofletes  en el antepecho, despliegan su abyección más tenebrosa y corrompen el espacio compartido compartido como la baba, aunque me había parecido entender que el espacio estaba abandonado.

Cuando el periodismo se acojona el rey de la anáfora, insisto, pero ¿es que los otros periodistas -los legítimos- se han acojonado? delante de estos usurpadores del oficio EFE, ABC, DIARIO16, EL MUNDO, la cloaca extiende su dominio, se adueña de la plaza pública y construye allí su pasatiempo favorito: el juego delictivo del insulto imagen extraordinariamente gratuita, a pesar de a lo que nos tiene acostumbrados desde hace varias líneas, donde prevalece y se premia la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social léase esto dándose bien de golpes en el pecho, como pueden no me queda muy claro cuál es el sujeto de “pueden” ser la orientación sexual ¡ah! nos explica que una determinación de sexo -o de los otros tipos- puede ser la orientación sexual , la fe o falta de ella, la ideología, la gestación o falta de ella, la edad, el nombre o el apellido no sé qué discriminación es la que se hace por el apellido, salvo que se refiera a cuando los compañeros de clase se burlan de Paquito Menéndez-Cabezudo, o cosas así. Claro que sospecho que aquí también quería añadir “o la falta de apellido”.

Cuando el periodismo se acojona delante de estos mediocres a pesar de tener esos cuerpos tan fuera de la norma, que confunden la baba con el intelecto ?, nuestra profesión pierde el futuro esto lo ha copiado del discurso de clausura de un congreso de periodistas en Bollullos de la Mitación; los ciudadanos, su libertad le ruego se extienda sobre ese particular, porque de repente el problema parece que me atañe directamente, y la democracia, el sentido como en la famosa sevillana rociera.

El periodismo tiene que hacer frente a la contaminación que desprenden estos exhibicionistas de la baba en la pluma, a la perversión que esconden bajo el necesario paraguas y su compañera, la imprescindible gabardina de la libertad de expresión.

Son previsibles a pesar de lo cual me molesto en componer su monstruosa descripción. Se plantan delante de sus víctimas y abren con rapidez sus gabardinas ¿ves? , dejando ver su desnudez intelectual ellos confundían la baba con el intelecto (aunque creo que quería decir el intelecto con la baba), pero ahora él lo confunde con la polla). Pero, una coma tan necesaria como el paraguas son cobardes. Si les plantamos cara, mirando fijamente sus despojos orgánicos porque a pesar de su inhumanidad no son cyborgs, señalando con el dedo o con la caja torácica su minusvalía porque entre las condiciones o circunstancias personales o sociales que no deben conducir a la discriminación no se mencionaba la minusvalía y mostrando nuestro desprecio con una sonora carcajada, que al tiempo alerte al resto de la ciudadanía por lo sonora, se entiende, salen ¿o saldrán? corriendo a esconder sus complejos y sus colgajos… atención: en el fango.

(A ellas, que sufren estos días el maltrato de quienes quieren robarnos el oficio: disculpas.) ¡Claro que sí, guapísima! ¡Dos besos!

Resumiendo: el odio es enemigo del criterio. Y tampoco se lleva muy bien con la sintaxis.

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De qué son nostálgicos los nostálgicos

Abril 14, 2008

Hace algunos años, unos intelectuales que decían asociarse en “defensa del Espíritu” reclamaban entre otras cosas el cese de la investigación aeronáutica. A su juicio, no necesitamos aviones que vayan más deprisa. Álvaro Mutis, uno de los promotores del manifiesto, afirma no hallar nada de su gusto ni de su interés en el mundo “desde la caída de Constantinopla” -algo sensacional si tenemos en cuenta que nació en Bogotá. Fernando Sánchez Dragó retrasa la pérdida hasta el siglo V antes de Cristo. Y otros nostálgicos más pedestres se conformarían con revertir la nefasta influencia del liberalismo, padre del izquierdismo, el cientifismo y otros males sin cuento.

Desde luego, no se les puede acusar de originalidad. La aparición del ferrocarril fue saludada con una letanía de predicciones apocalípticas, y hubo quien vaticinó la imposibilidad de viajar a “altas velocidades”: la gente moriría de asfixia. Aún hoy, la condena de la velocidad, de la prisa, es una idée fixe de los nostálgicos de derecha e izquierda. Se comprende la obsesión, pues es bien sabido que el Espíritu la soporta mal. El único placer verdaderamente moderno, como la llamó Aldous Huxley, es esencialmente eso: un fenómeno de la modernidad. No hace tanto que el hombre vivía ajeno a ella y, en general, a la posibilidad de desplazamientos largos. Tim Blanning, sobre el período 1648-1815:

Se precisaban cuatro o seis animales de tiro por coche, y había que cambiarlos cada 6 o 12 millas dependiendo del estado de las carreteras. En Inglaterra se calculaba que se necesitaba un caballo por cada milla de viaje en una carretera de peaje bien cuidada. Así que, para las 185 millas de Manchester a Londres, había que mantener 185 caballos estabulados y alimentados para hacer los diecisiete cambios que requerían las diligencias que cubrían la ruta. Esos caballos requerían a su vez un ejército de cocheros, postillones, guardias, mozos de cuadra, venteros y mozos de paja y cebada para mantenerlos en marcha. Dado que un coche no llevaba más que diez pasajeros, las tarifas eran consecuentemente altas, fuera del alcance del grueso de la población. Un viaje de Augsburgo a Innsbruck en diligencia, aunque de poco más de 60 millas en línea recta, le hubiera costado a un trabajador no cualificado más del sueldo de un mes sólo por el transporte. En vísperas de la llegada del ferrocarril, después de que mejoras significativas en las carreteras y los carruajes hubieran reducido el coste apreciablemente, un viaje en diligencia de París a Burdeos aún costaba el equivalente del sueldo mensual de un empleado. El historiador social alemán Karl Biedermann, que escribía a mediados del s. XIX, estimó que viajar había sido catorce veces más caro dos generaciones antes. Sólo la introducción de la locomotora de vapor, capaz de tirar de un tren con cientos de personas, pudo crear economías de escala y democratizar el viaje.

“Democratizar” quizás sea aquí la palabra clave. Esta claro que a los nostálgicos no les molesta tanto la velocidad cuanto que esté al alcance “de cualquiera”. Es común la denigración del “turista”, entendido que el que habla nunca es tal sino “viajero”. Y el “viajero” echa de menos un mundo en el que sólo viaje él. Un mundo como el que describe Gregory Clark, en el que el común de la gente no sólo vive sus vidas en el limitado espacio de unos pocos kilómetros, los que recorre a pie durante el día para trabajar, conseguir agua, leña y algún producto del bosque y, ocasionalmente, acercarse a alguna feria local o romería; sino que es esa misma gente la que proporciona la mayor parte de la energía:

En la era preindustrial, las personas suministraban mucha de la energía para la producción, ya fuera como trabajadores agrícolas -cavando, acarreando, trillando-, como cortadores de leña, fabricantes de ladrillos, forjadores o porteadores. En nuestra sociedad, no sólo tenemos máquinas que realizan esas tareas, sino también otras que nos llevan de la cafetería al lugar de trabajo. En estos lugares de trabajo, otras máquinas nos suben y bajan de un piso a otro. Así, pese a nuestros elevados ingresos y estatura relativamente alta, el varón medio en los Estados Unidos ingiere sólo unas 2700 calorías al día, y muchos experimentan aun así aumentos sustanciales de peso. En la década de 1860, los trabajadores agrícolas varones de algunas regiones de Gran Bretaña, generalmente más bajos y ligeros que los varones estadounidenses modernos, ingerían unas 4500 calorías al día. Consumían tanto porque se empleaban en tareas físicas diez horas al día trescientos días al año.

Para mantener semejante actividad, nuestros antepasados del mundo preindustrial debían estar muy bien alimentados. Pero no era siempre el caso:

Los datos de que disponemos para Inglaterra proceden de encuestas en familias pobres, principalmente de trabajadores agrícolas, hechas entre 1787 y 1796 como parte del debate sobre los costes crecientes de la Poor Law. Los pobres ingerían una media de sólo 1508 calorías por día. La renta per cápita media en estas familias, 4,6 libras esterlinas, era sin embargo sólo un 30% de la renta media inglesa, 15 libras. (…)

El hombre primitivo comía bien en comparación con una de las sociedades más ricas del mundo en 1800. De hecho, para 1863, los trabajadores agrícolas ingleses acababan de alcanzar la mediana de consumo de estas sociedades de cazadores-recolectores y agricultores de subsistencia.

Además, la dieta inglesa de la década de 1790 tenía típicamente un contenido proteico inferior a las dietas de estas sociedades tecnológicamente simples. (…)

La variedad de la dieta es otro componente importante del bienestar humano. Para 1800, la dieta europea se había enriquecido con la introducción de especias, azúcar, té y café de Asia, y patatas y tomates del Nuevo Mundo. Pero para el europeo típico, dicho enriquecimiento era bastante limitado. En Inglaterra en 1800 la dieta diaria se suplementaba en promedio con 0,85 onzas [24 gr.] de azúcar, 0,07 onzas [1,98 gr.] de té, 0,004 onzas [0,11 gr.] de café y 0,05 onzas [1,41 gr.] de tabaco. El grueso aplastante de la dieta era la tradicional monotonía diaria de pan, aliviada con modestas cantidades de vacuno, cordero, queso y cerveza. En contraste, las dietas de los cazadores-recolectores y agricultores de subsistencia tenían una amplia variación [1].

Dados el trabajo físico y la malnutrición crónica, más el escaso desarrollo de la medicina y la higiene, no es de extrañar que la enfermedad campase a sus anchas por el mundo que los nostálgicos echan de menos. Como frívolos que son, no se detienen a pensar en cómo la sombra siempre presente de una muerte intempestiva oscurecía la vida de nuestros antepasados. Así narraba el curtidor Miquel Parets los efectos de la peste de 1651 en Barcelona (traduzco de la traducción inglesa en Blanning):

Dios se llevó a nuestra niña el día siguiente a la muerte de su madre. Era como un ángel, con una cara de muñeca, bonita, alegre, pacífica y tranquila, que hacía que todos los que la conocían se prendasen de ella. Y despues, a los quince días, Dios se llevó a mi hijo mayor, que ya trabajaba y era un buen marinero, y que iba a ser mi sostén cuando me hiciese viejo, pero esto no me correspondía a mí sino a Dios, que quiso llevárselos. Dios sabe por qué hace lo que hace, Él sabe lo que es mejor para nosotros. Hágase Su voluntad. Así, en menos de un mes, murieron mi mujer, mis dos hijos mayores y nuestra hija pequeña. Y quedé con Gabriel, de cuatro años, que de todos tenía el carácter más difícil.

La medicina precientífica poco podía contra enfermedades cuyo origen no entendía y cuyo curso no sabía tratar. Pero incluso dolencias menos misteriosas recibían tratamientos inútiles o contraproducentes. Lawrence Keeley sobre la medicina militar en las guerras napoleónicas:

Este era un período en que la medicina no practicaba ni la antisepsia ni la anestesia. Los cirujanos militares en realidad contribuían a la fatalidad de las heridas “sangrando” a los heridos, amputando rutinariamente los miembros heridos, hurgando en heridas sin limpiar con instrumentos no esterilizados y tapándolas inmediatamente con vendajes apretados y sin esterilizar. Todas estas prácticas comunes de principios del siglo XIX inducían shocks o incrementaban las probabilidades de infección. La prescripción a granel de potentes laxantes con la menor excusa, a menudo para soldados que ya sufrían de disentería, difícilmente puede haber ayudado a la convalencencia. Vista con los conocimientos médicos del presente, está claro que la medicina militar durante el siglo XIX era peor que inefectiva: era sin duda perniciosa.

El hacinamiento y la suciedad de las ciudades preindustriales tampoco contribuían a la salubridad general, hasta el punto de que una gran urbe como Londres era, siguiendo a Clark, un agujero negro demográfico de infertilidad y mortalidad rampante, cuya población sólo se sostenía y crecía mediante aportes incesantes del mundo rural. Pues bien, escribe el gacetillero Prada: “El liberalismo, en fin, es el caldo de cultivo que la derecha aliña, creando las condiciones sociales, económicas y morales óptimas para el triunfo de la izquierda, que es la que mejor ha sabido vender las falsificaciones de la libertad inventadas por el liberalismo.” Y es imposible no acordarse del capitán de caballería Gonzalo de Aguilera, que, durante la Guerra Civil, escandalizaba a los reporteros británicos con declaraciones de este involuntario jaez malthusiano:

[La causa de la Guerra Civil es] la introducción del alcantarillado moderno: antes de esto, la gentuza se moría de diversas y muy prácticas enfermedades; ahora sobreviven y, claro, son demasiados.

De no haber alcantarillas en Madrid, Barcelona y Bilbao, todos estos jefes rojos habrían muerto en su infancia en lugar de incitar a la chusma y hacer que se vierta buena sangre española. Cuando la guerra termine, destruiremos las alcantarillas. En España el perfecto control de la natalidad es el que Dios quiso que tuviéramos. Las alcantarillas son un lujo que se reservará a quienes lo merezcan, a los jefes de España, no a la masa de esclavos. [2]

William Hogarth, First stage of cruelty

El tono del militar español no ofendería sólo a los corresponsales, sino a cualquiera que comparta los consensos éticos modernos más elementales sobre la violencia y la dignidad humana. Pero no siempre ha sido así. En el mundo que añoran los nostálgicos, la vida humana vale poco, el dolor es un espectáculo frecuente y la empatía, un lujo que pocos se permiten. Y no hace falta remitirse a sociedades exóticamente primitivas. Recuperemos un fragmento muy citado del Diario de Samuel Pepys (1660), sobre la ejecución de uno de los magistrados que condenaron a Carlos I:

Fui esta mañana a casa de mi Señor, donde encontré al capitán Cuttance. Pero, como mi Señor no estaba, me acerqué a Charing Cross a ver cómo colgaban, arrastraban y descuartizaban al general Harrison, lo que se hizo allí, con el general tan alegre como cualquiera estaría en tal condición. Le cortaron en trozos y su cabeza y corazón fueron mostrados al público, que gritó de alegría. (…) Así que he tenido la oportunidad de ver al Rey decapitado en Whitehall y de ver en Charing Cross la primera sangre que se vierte en venganza por la del Rey.

Para los que no tengan el placer, hanged, drawn and quartered se refiere a un castigo frecuente en la Europa anterior a 1800 para delitos de rebelión y traición; donde el drawn puede ser tanto el “arrastre” (detrahatur) hasta el cadalso como la “extracción” (devaletur) de las entrañas. El reo era ahorcado a poca altura para dejarlo con vida, luego emasculado y eviscerado, quemados genitales e intestinos ante sus ojos y, finalmente, decapitado y hecho cuartos. Introducida por Eduardo I, Longshanks, William Wallace fue uno de los primeros beneficiarios de la pena, que tuvo diversas variantes según las naciones europeas. En la francesa, cuatro caballos de tiro desmembraban al infortunado. En España aún se aplicaba a los bandoleros a finales del siglo XVIII. Y quede simplemente como un ejemplo entre muchos, como podríamos tomar la crucifixión o los programas de los anfiteatros de la antigüedad.

Pero, como ha señalado Steven Pinker, el mundo preindustrial no sólo tenía poco lugar para la compasión por las personas. Todo tipo de espectáculos y prácticas cruentas con animales han gozado de éxito hasta fecha recientes, como atestigua la tauromaquia. “Deportes” que hoy se contemplan con desagrado o indignación, como las peleas de gallos y perros, fueron entretenimiento cotidiano tanto del vulgo como de las clases altas; por no mencionar otros aún más ajenos al paladar moderno, como los enfrentamientos de perros con toros y osos, el manteo de zorros y otras alimañas -que luego solían rematarse a palos- o el tiro al gallo. A los nostálgicos más píos les emocionará saber que cuando los Puritanos ingleses reprobaron las luchas de osos no pensaban tanto en lo cruento del espectáculo cuanto en que se celebrase en domingo.

Finalmente, y por detenernos en algún lugar, el mundo preindustrial no era generoso con quienes pretendían vivir de la pluma. El mismo Pepys, santo patrón de los blogueros, no fue reconocido en su tiempo por un Diario de carácter privado y no publicado hasta el siglo XIX: debía su posición al patronazgo y a sus cargos en el Almirantazgo y el Parlamento. El escritor profesional, más aún el columnista, debe su existencia a fenómenos ausentes en la historia, salvo raras excepciones, hasta hace apenas dos siglos: una esfera pública desarrollada, una cultura del ocio y de la vida privada y, last but not least, poblaciones mayoritariamente alfabetizadas. Como cualquier antisistema, el nostálgico se rebela contra la única sociedad que hace posible su existencia.

Esta entrada había necesariamente de ser parcial, anecdótica, impresionista; con todo, se ha alargado en exceso. Espero que dé una idea siquiera aproximada de lo que los nostálgicos tienen, por usar la expresión de William Burroughs, en la punta del tenedor. Un verdadero conservador como Disraeli ya alertaba contra esta cruda caricatura del conservadurismo, a la que quizás no haya que prestar mayor atención, por cuanto muchos de sus defensores lo son por mera frivolidad o narcisismo: creen haber hallado la receta para seguir escandalizando al buen burgués cuando ya las viejas rebeldías no escandalizan a nadie.

NOTAS

[1] Quien se sienta tentado, a la vista de estos datos, de abandonarse a otro tipo de nostalgia, la del Buen Salvaje de vida idílica en su paraíso natural, hará bien en recordar el precio que pagan estas sociedades primitivas en términos demográficos y de extensión de la violencia.

[2] Citado por Paul Preston en Franco, Caudillo de España.

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Islam y rearme cristiano

Abril 13, 2008

Artículo en Lorem Ipsum.

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Estúpidos yankis

Abril 9, 2008

Paco Mart�nez Soria

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Abril 7, 2008

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The War Lord

Abril 6, 2008

ACTUALIZACIÓN: Entre las notas y obituarios dedicados a Heston en la prensa española, pocas referencias a su militancia progresista en los cincuenta y sesenta, a su implicación en la lucha por los Derechos Civiles y su apoyo a los candidatos demócratas. Ni siquiera en los que arremeten contra Michael Moore (dos en El País, curiosamente) -de Clooney, otro héroe, no he leído nada. Una lástima: hubiera servido para trazar un retrato más interesante del personaje, y de su país: de las tortuosas relaciones de ambos partidos con la cuestión racial, de cómo las zozobras de los sesenta y setenta llevaron a muchos de un lado al otro del espectro político… Suponiendo que eso le interese a alguien.

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Dark Satanic Mills

Abril 5, 2008

Leyendo sobre molinos y capitalistas, no he podido evitar acordarme de otros molinos, los satánicos de que habla Jerusalem, el poema de Blake convertido en himno por Parry [1]:

And did those feet in ancient time
walk upon England’s mountains green?
And was the holy Lamb of God
on England’s pleasant pastures seen?
And did the countenance divine
shine forth upon our clouded hills?
And was Jerusalem builded here
among these dark Satanic Mills?

Bring me my bow of burning gold!
Bring me my arrows of desire!
Bring me my spear! O clouds, unfold!
Bring me my chariot of fire!
I will not cease from mental fight,
nor shall my sword sleep in my hand,
till we have built Jerusalem
In England’s green and pleasant Land.

Pese a que circulan otras interpretaciones, es habitual considerar que dichos “molinos satánicos” simbolizan la irrupción de la primerísima revolución industrial en la “idílica” Inglaterra del siglo XVIII -esa que probablemente no había salido aún de la trampa malthusiana. En Gran Bretaña, las inevitables tensiones entre lo pasado, lo presente y lo -imaginado o temido- futuro se resolvieron de manera menos cruenta que en otros países (Alemania, Rusia, Japón, España, hoy el mundo árabo-islámico), quizás por la rapidez, completitud y originalidad de la transición, por la existencia del vasto imperio colonial, por las peculiaridades ideológicas, demográficas y políticas de la isla, o por otros factores más difíciles de identificar. Pero existieron. Los británicos fueron tan susceptibles como cualquier otro pueblo a experimentar la melancolía y el misoneísmo, si bien no tanto a sucumbir a ellos.

Greg Clark ha propuesto que las virtudes culturales que hicieron posible el surgimiento de la revolución industrial, la transición original del mundo malthusiano al actual, colmataron en la sociedad británica como consecuencia de un proceso de movilidad hacia abajo en la escala social -por el diferencial reproductivo de las clases acomodadas- en un contexto de estabilidad política y cultural, datable al menos desde el siglo XII. Se trataría de un conjunto de memes, ideologías, talantes y temas éticos entre los que sobresale la baja preferencia temporal, pero también otros ya conocidos como el cumplimiento de los contratos y la fidelidad a la palabra dada, la laboriosidad, el respeto por la cultura escrita y los números, etc. Un panorama aparentemente similar al descrito por Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, sólo que la tesis de Clark es materialista: la ética protestante no sería el desencadenante del proceso sino, en todo caso, una de sus manifestaciones [2].

Es cierto que Jerusalem debe su relevancia al espíritu patriótico más que al religioso; y que, si el músico Parry fue un ejemplar acabado del establishment cultural victoriano, es difícil proponer el excéntrico misticismo de Blake -que recibía a las visitas desnudo junto con su esposa- como prototipo de la religiosidad y la ética reformadas. No obstante, sirve para ilustrar las complejidades de la trama de cultura y producción de las sociedades modernas; una complejidad que permite intuir por qué las soluciones políticas y económicas multiusos no suelen dar buenos resultados, por qué la clave última del desarrollo sigue siendo, según la expresión de William Easterly, tan frustrantemente “esquiva”. Resulta más que posible que el clima moral del victorianismo y del renacer evangélico representados ejemplarmente por un Livingstone, fuese alumbrado por el mismo proceso de selección, genético y memético, que hizo posible la revolución industrial. Con todo, si el ethos protestante contiene algunos de los sine quae non de la sociedad capitalista [3], también, aunque quizás no tan acusadamente como el catolicismo -no digamos la Teología de la Liberación y otros experimentos postconciliares-, abundantes recelos y condenas de la destrucción creativa que aquélla implica, de los dark satanic mills que estropean el paisaje y las certidumbres de antaño [4].

NOTAS

[1] - Jerusalem, un coral -más que propiamente un himno- extremadamente popular en el mundo anglosajón, ha sido versionado, entre muchos otros, por ELP y Vangelis -y da nombre a la película cuya banda sonora contiene esta última versión, Chariots of Fire.

[2] - La formulación es mía; Clark no se detiene en el tema religioso.

[3] - Escribe Leo Strauss en la nota 22 del segundo capítulo de Natural Right and History:

Tawney rightly pointed out that the capitalist Puritanism studied by Weber was late Puritanism or that it was the Puritanism that had already made its peace with “the world”. This means that the Puritanism in question had made its peace with the capitalist world already in existence: the Puritanism in question was then not the cause of the capitalist world or of the capitalist spirit.

[4] - A la vez, los evangélicos ingleses se hallaron enfrentados a los nostálgicos del viejo orden como Carlyle, Ruskin y Dickens, y aliados a economistas ricardianos como Stuart Mill y reformistas radicales como Bright y Cobden, en asuntos como la abolición de la esclavitud.

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La ONU, contra los Derechos del Hombre

Abril 2, 2008

Vía Ana Nuño en Arcadi Espada, una tribuna de Le Monde, L’ONU contre les droits de l’homme, sobre algo de lo que hablábamos el viernes pasado. Texto en inglés, francés e italiano; quien lo desee, puede firmarlo como ya han hecho Finkielkraut, Elie Wiesel, Pascal Bruckner, etc, etc, etc.

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Iglesia y Guerra Cultural

Abril 2, 2008


Penúltima trifulca sobre catolicismo, liberalismo y relaciones Iglesia-Estado.

Hay primero una cuestión de principios, que ya se ha explicado suficientemente. Bien, aun prefiriendo una separación escrupulosa, yo podría también, como Kantor, aceptar hayekianamente la inserción no estridente en lo público de una institución, como él dice, culturalmente afín y cercana a la irrelevancia. Si lo fuera de verdad, y aquí entra la segunda cuestión, la de la estrategia política.

La Iglesia católica ha sido, por ella misma, a través de los medios que controla y de organizaciones dependientes de ella, protagonista de la guerra cultural librada durante la pasada legislatura socialista, cuyos resultados reales no se le ocultan ya a nadie: la oposición liberal-conservadora es “la más fuerte desde 1977″. Como imagino que el objetivo del PP y de quienes lo apoyan no es estar indefinidamente en la oposición, sea esta fuerte o débil, se impondría llegado a este punto una autocrítica que afectase no sólo a cuestiones palaciegas -”sorayos”, “gallardones”, etc, etc- sino a los propios pundits que han pretendido marcar el signo de la oposición durante estos últimos cuatro años, a los cauces de participación ciudadana surgidos en este mismo tiempo, a menudo a la sombra de los anteriores, y a los particulares y asociaciones que han emprendido el griterío y la toma de la calle como respuesta al matrimonio homosexual y la educación para la ciudadanía entre otros asuntos. Deberían entender de una vez que si pretenden llevar el debate político a la arena moral, como viene haciendo la izquierda sistemáticamente, perderán, perderán y perderán, porque el ethos socialdemócrata -al que ha contribuido muy vivamente el catolicismo postconciliar, por cierto- lo impregna hoy ya todo. La “batalla de las ideas” no puede darse en el Paseo de Recoletos, ni en el Parlamento, ni siquiera en los periódicos nacionales, a menos que se trate de una exhibición narcisista despegada de la consecución de algún resultado tangible.

Por otra parte, estos no son ya los años de los López-Bravo y López Rodó. Por muy positivamente que se valorasen las de otros tiempos, creo que las aportaciones -en términos fundamentalmente de capital humano y estrategia- que puedan hacer hoy las organizaciones católicas al ámbito político español son irrelevantes dentro de las tendencias generales, cuando no contraproducentes. Los portavoces de estas organizaciones se han caracterizado esta última legislatura, ya fuera motu proprio o azuzados por quienes saben jugar a esto mucho mejor que ellos, por emplear retóricas incendiarias, símiles descoyuntados y, en general, un tono ultramontano que, como digo, en nada ha ayudado al partido de la oposición, y sí ha servido probablemente para restarle algún voto centrista y sumar bastantes de izquierda a sus competidores inmediatos.

Acaso, como se ha señalado, el error de partida sea asumir acríticamente modelos anglosajones de liberalismo que hallan mal acomodo en suelo español por particularidades históricas, ideológicas, demográficas, jurídicas y de toda índole. Por ejemplo, la alianza entre conservadores fiscales y derecha religiosa que propició la revolución conservadora en EEUU es claramente intraducible a la realidad política de España: un Estado que podría decirse semi-corporativo, donde tanto la iglesia principal como los intereses empresariales están fuertemente conectados a los poderes políticos, centrales y locales; y donde las consignas religiosas no movilizan ya a una masa de votantes capaz de oponerse con éxito a la progresista. Entre otras cosas, porque parte del voto católico -y de las simpatías de ciertas jerarquías eclesiásticas- se decanta por partidos nacionalistas, de carácter conservador más o menos suave pero poco o nada comprometidos con el programa constitucional. Visto así, no sólo es una cuestión de principios liberales distinguir más escrupulosamente lo de Dios y lo del César, sino una urgencia estratégica emancipar el proyecto político liberal-conservador, más allá de la vida privada de cada uno, del abrazo del oso católico y sus cachorros.

La derecha toma la calle
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¿Fue Oswald Mosley un “buen amigo” de Franco?

Marzo 31, 2008

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Leyendo sobre el penúltimo escándalo sexual en el Reino Unido, un titular me sorprende: El padre de Max Mosley, Oswald, era un buen amigo del Caudillo.

Como era la primera noticia que tenía, y Franco no fue precisamente un “hombre de mundo”, he acudido a la autobiografía de Oswald Mosley, My Life (PDF). Sólo aparecen dos referencias a Franco, en el contexto de un viaje a España hacia 1949 con su esposa Diana. “Neither of us had ever before been in Spain”, anota como para despejar dudas Mosley, que refiere la amistad que nace con el matrimonio Serrano Súñer y las tardías comidas y cenas a que sus huéspedes españoles les someten. Aparecen, sí, Carmen Franco, sobrina de los anteriores, y su fiance; pero el padre, por ningún lado. Una búsqueda en el texto de las palabras “Caudillo”, “Generalisimo” y “Generalissimo” no arroja resultado alguno. Y parece por lo menos dudoso que Franco considerase oportuno dejarse ver con un paria como Mosley a finales de la década de los cuarenta.

Tampoco he hallado una sola referencia al político británico en las biografías de Franco de Crozier, Preston y Suárez, ni en las conversaciones de Franco Salgado-Araujo, ni siquiera en las memorias de Serrano Súñer. Parece haber sido una amistad muy callada, la de Mosley y el Caudillo.

ACTUALIZACIÓN: Suponiendo que no fuera mera ligereza periodística, la idea podría provenir de aquí. Sea un comentario de Nancy Mitford, la cuñada más presentable de Mosley, o bien un añadido del autor del artículo, sigue pareciendo igual de infundada.

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A qué se dedican la ONU y el Consejo de Europa

Marzo 28, 2008

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Recordarán los lectores el papelón del presidente del gobierno de España, en comandita con el islamista Erdogan, allá por la crisis de las Cartoon Wars. En honor a la verdad, las tonterías de Zapatero no fueron muy distintas de las de otros líderes, aunque quizás la escenografía fuese particularmente odiosa. Desde entonces -desde el affaire Rushdie, en realidad-, los contemporizadores y los demócratas de chichinabo no han dejado de retratarse. Hoy le toca, a lo que se ve, a la ONU y al Consejo de Europa; mañana ya veremos. Los que deberían velar por la seguridad y la libertad de Hirsi Ali, Magdi Allam y, en definitiva, las de cualquier mujer en cualquier suburbio musulmán de Europa, se ponen una vez más del lado de los agresores.

Pues nada, señores, marchando dos tazas:

FITNA


ACTUALIZACIÓN: De momento, el vídeo se puede ver en You Tube (thanks, snipfer y Luis).

Y quien quiera se la puede bajar de la mula sin demasiados problemas, o eso parece.

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Fitna

Marzo 28, 2008

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La película de Geert Wilders