Desde que comenzó a publicar sus artículos en Asia Times Online a la vuelta del milenio, el misterioso Spengler ha creado en torno suyo un verdadero culto que él alimenta con sus apariciones en los foros, su secretismo y las medidas -y acaso tramposas- dosis autobiográficas que deja caer en sus textos. Sabemos de él que escribe en inglés, aunque quizás no sea su lengua materna -así lo creo yo; y, como han señalado algunos, su estilo florido y jocoso, con un gusto desesperante por los juegos de palabras, recuerda al de un Nabokov atragantado con Clausewitz. Asimismo, que domina el alemán, aunque no se trate tampoco de su primer idioma; y que lee asimismo el español -en ocasiones ha citado artículos de ABC y El País. Spengler tiene conocimientos de música y de teología: la referencia más citada en sus artículos es el teólogo judío Franz Rosenzweig. También habla con soltura de mercados financieros, si bien no da la sensación de ser economista, y sí de tener abundantes contactos en el ambiente bursátil. La suficiencia con la que escribe sobre el fin de la Guerra Fría -y la edad que alguna vez se ha atribuido- parecen sugerir un contacto directo con la política americana durante el período de Reagan, de quien ha escrito en los términos más elogiosos. A la vez, se muestra displicente cuando se refiere a los “realistas” como Kissinger, Scowcroft y Baker (“durante años, la política americana respecto a la Unión Soviética se basó en la ‘contención’, o sea, en nada en particular”); y no menos al hablar de los neoconservadores, entre los que sólo concede algún crédito a Irving Kristol, a quien, según ha dejado caer, conoce personalmente.
De hecho, Spengler es particularmente duro con Leo Strauss y con el “innombrable” Heidegger. No es difícil intuir que en ellos aprecia dos modalidades de filosofar en un mundo sin Dios quizás tanto más odiosas, aunque lo niegue expresamente, cuanto más potentes aparecen -pues no suele gastar munición del mismo calibre contra los aguachirles parisinos y frankfurtianos. En el fondo está el desprecio por la cultura de la postmodernidad alumbrada al final del proceso de destrucción de Europa que, a juicio de Spengler, comienza cuando la idea de la nación se impone sobre la del imperio universal cristiano. Tomando ideas de Rosenzweig, Spengler atribuye la conversión de los pueblos bárbaros hacia el fin del Imperio Romano a un deseo de inmortalidad ante la inminente extinción de las culturas tribales. No obstante, el pacto no llega a subsumir completamente el corazón pagano de Europa, que aflora nuevamente con el auge del Estado-nación y encuentra finalmente su Götterdämmerung en las dos guerras mundiales. Es Thor aplastando con su martillo las catedrales góticas, en la famosa imagen de Heine que parece presagiar Coventry o Braunschweig. Después de este clímax, a los pueblos de Europa sólo les queda languidecer en el resentimiento hacia Israel, el verdadero pueblo eterno, y los Estados Unidos, el nuevo universalismo cristiano. ¿Es judío Spengler? Se diría que no, aunque mantiene la admirada familiaridad hacia el judaísmo común a muchos protestantes; como también ha expresado simpatía hacia Benedicto XVI.
¿Quién es, pues, Spengler? Un paseo por Google arroja un puñado de nombres, buena parte de ellos descartables de antemano, como los de Kissinger y Naipaul. ¿Mis candidatos? En algún momento pensé en David Pryce-Jones y Edward Luttwak. El primero lo deseché en seguida. A Luttwak, que tampoco acaba de convencerme, lo ha citado Spengler en más de una ocasión, lo que constituiría un juego de heterónimos o doppelgänger muy sugerente. Coinciden además en su “defensa del genocidio”. En todo caso, mi perfil sería el de un británico o europeo del Este -¿quizás, por qué no, un francés?- emigrado a Asia o Australia, en el umbral de la vejez o ya entrado en ella. Pero el experimento crece en interés cuando analizamos los nombres más verosímiles e interesantes, hasta el punto de que el viaje hacia Spengler se convierte, como el viaje hacia Kurtz, en una excusa para bucear en las profundidades de los nuevos medios y del análisis político contemporáneo. Véamoslos.
Nick Land es un profesor de filosofía “exilado” en China del ambiente cultural occidental. Junto con un amigo, el intelectual iraní Reza Negarestani, edita el blog Hyperstition, en el que se abordan algunos de los temas frecuentes de Spengler. Por lo tanto, se ha especulado con que el misterioso columnista de ATO pudiera ser Land, Negarestani, o un nom de plume de ambos. Después de echar un vistazo a Hyperstition, la hipótesis Land-Negarestami se me antoja sumamente improbable, aunque enlazo esta rareza en Bloglines. Tampoco parecen llegar muy lejos las propuestas de Dmitry Shlapentokh, Benjamin C. Sax y Peter Berger.
Un candidato que, sin embargo, suena insistentemente es David P. Goldman, profesor de música e inversor que escribe una columna sobre finanzas en Forbes. Goldman comparte el interés de Spengler por Rosenzweig, y opiniones muy similares en torno a varios asuntos. Tirando además de este hilo, encuentro una posible relación entre ambos más que interesante: hace tres décadas, Goldman se movía en el círculo de Lyndon LaRouche; y, no mucho después, algunos asociados a LaRouche trataron de atraerse a Allan Bloom, el conocido discípulo de Strauss, amigo de Saul Bellow y autor de The closing of the American mind. ¿Una pista sobre las tortuosas relaciones de Spengler con el neoconservadurismo? Además, LaRouche, que tiene abundantes contactos en los servicios de inteligencia mundiales, no sólo apoyó la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) reaganiana, sino que se atribuye el haberla ideado. No sería extraño que algún colaborador cercano estuviera al tanto de los entresijos militares y políticos del gobierno de Reagan, y que recordase la época con la nostalgia y el orgullo de un verdadero cold warrior. (Otra posibilidad inédita sería, por supuesto, que Spengler fuese… Lyndon LaRouche.)
Dejemos aquí las especulaciones, con un último apunte. Googleando, llego a un artículo sumamente crítico con Spengler: The thinking man’s Mark Steyn. Su autor resulta ser Lawrence Auster, un blogger conservador y primo del novelista Paul. Según la Wikipedia, Auster ha criticado la política neoconservadora hacia el Islam en términos parecidos a los de Spengler. ¿Podría tratarse de otro doppelgänger más enrevesado aún? Releo el post. Hace apenas quince años, este texto hubiera sido una ficción borgesiana, un game with shifting mirrors. Hoy es la realidad cotidiana de la red.
ATÓNITA ACTUALIZACIÓN: De todas las cosas raras…


Gregorio Luri
abril 11, 2007
¡Qué complicad está el mundo! Me acaban de confirmar que Leo Strauss hace furor entre los ayatolás iraníes.
Uno nunca sabe quién va a ser su compañero de cama en el próximo despertar.
Seleucus
abril 11, 2007
Una entrada magistral.
eduardo
abril 11, 2007
¿Quién te ha confirmado eso, Gregorio? La verdad, suena a bulo.
***
No conocía a Rosenzweig, y me gustaría comparar su tesis sobre el crecimiento del cristianismo con la idea que ha hecho circular Kauffman.
Ambos insisten en el factor demográfico. El cristianismo, para Kauffman, habría permitido asegurar una moral familiar más fuerte así como la confianza en el más allá, que proporcionarían un marco más favorable a la demografía que el paganismo. Ahora bien, sin conocer en profundidad esta tesis, se me ocurre que sería necesario introducir varias hipótesis auxiliares. Por de pronto, habría que explicar qué clase de “cristianismo” se abrió paso en las naciones paganas; el cristianismo “evangélico”, primitivo, no parecía muy proclive precisamente a la expansión demográfica, dado que su interés estaba puesto en la llegada del Reino de Dios y la segunda venida de Cristo. De hecho, estas tendencias anti-demográficas se reproducirán muchas veces después dentro del cristianismo, que tuvo que sofocar la herejía cátara y otras que discutían la preservación de la vida en la tierra. Es decir, que no habría sido el “cristianismo” original, sino un cristianismo cultural y políticamente muy transformado, el que terminó por implantarse entre los “paganos”; paganizándose él mismo, como es fácilmente comprobable echando un vistazo a las celebraciones de esta última semana.
Pero, la cuestión es que el sujeto religioso para Kauffman serían más bien los individuos y las familias. Por contra, Rosenzweig introduce la cuestión mucho más discutible de los miedos colectivos. Las “naciones” habrían abrazado el cristianismo para evitar su extinción colectiva. Creo, por cierto, que el comentario de Lawrence Auster reprocha a Spengler por ofrecer una explicación demasiado “secularista” a un fenómeno en sí mismo “espiritual”. Para mí la dificultad no estaría aquí, pues los fenómenos “espirituales” sólo pueden tener explicaciones “materiales”, sino en el concepto de conciencia colectiva que de algún modo da por bueno el misterioso Spengler, dando por hecho que existían en la antiguedad pagana naciones culturales autoconscientes. Desde el punto de vista biológico, la tesis es problemática (¿acaso existe “selección de grupo”); pero quizás la historia produzca un tipo de “selección histórica” o “selección nacional” en otro nivel. La cuestión aquí, creo yo, sería asegurarse de que existía semejante conciencia nacional, de que las “naciones étnicas” paganas tenían la suficiente entidad política como para desear preservarse a sí mismas a través del cristianismo.
Un lector
abril 11, 2007
Lawrence Auster es bueno, pero permanentemente empeñado en demostrar que [firma de culto] no representa los intereses del lector.
Como para fiarse de él, con o sin pseudónimo. Un saludo.
Anonymous
abril 11, 2007
“El cristianismo, para Kauffman, habría permitido asegurar una moral familiar más fuerte así como la confianza en el más allá, que proporcionarían un marco más favorable a la demografía que el paganismo.”
Si eso es lo que dice, es razonable.
Chema
abril 11, 2007
Gregorio: Buah, eso no es nada; yo, después de toparme últimamente con evangélicos que defienden el “velayyat-e-faqi” iraní, me creo cualquier cosa. Por cierto, si los ayatolás admiran a Strauss, y estos evangélicos chiflados admiran a los ayatolás, ¿admirarán los evangélicos chiflados a Strauss? Chi lo sà.
Eduardo: supongo que la tesis encaja si entendemos el cristianismo abrazado por las nationes bárbaras como un complejo cultural-moral, no como una creencia personal o un desarrollo teológico elaborado. Lo que no sé es cómo encaja que esto lo diga precisamente un teólogo, y quizás de ahí viene la crítica de Auster.
En cuanto a las nationes como sujeto, es un tema peliagudo. Quizás podamos salvar los muebles si entendemos que en una sociedad tribal tradicional hay bastantes escalas intermedias entre el indivudo y el pueblo en conjunto: la familia, la familia extensa, la clientela, la devotio hacia el caudillo guerrero, la tribu, etc. A través de los hombres que encabezan estas divisiones, que se representan a sí mismos como individuos pero también a un colectivo dependiente de ellos, dichas formas sociales pueden mediar entre la elección individual y la “elección” nacional.
Digo yo, vamos.
Lector: lo de identificar a Auster con Spengler no me lo creo ni yo. Era por rizar un poco el rizo y rematar un post ya de por sí algo novelesco. De todas formas, estaré pendiente de él, parece interesante.
Chema
abril 11, 2007
Ah, el libro clave de Rosenzweig es The star of redemption. Spengler dice que está mal traducido al inglés, pero eso es lo que hay, a menos que lea uno el alemán.
eduardo
abril 11, 2007
Por cierto, lo del Strauss querido por los ayatolás no sé si Gregorio lo ha dicho con animus iocandi, pero el caso se que muchos sí se lo toman en serio. Por eso preguntaba…
El caso es que, creo yo, Strauss debe provocar en los imanes el mismo desconcierto que de hecho provoca en los conspiranoicos y periodistas de pacotilla que dan pábulo a estas cosas, o se escandalizan de que se plantee el tema de la “noble mentire” o se cuestione críticamente la idea de democracia. Temas comunes en la tradición filosófica, pero que no cabe esperar que comprendan los periodistas que monopolizan la comunicación, ni los políticos que monopolizan la administración. Solo por esto es dudosos que la “secta straussiana” tenga la influencia que algunos le atribuyen.
El tema de la selección histórica o la “selección nacional” es típica del idealismo germánico y quizás deberíamos regresar sonre “La decadencia de occidente”, del auténtico Spengler, para ver como se filtraron estas ideas primero en la filosofía y más tarde en la doctrina del partido nazi. La “cultura” es para Spengler es el verdadero sujeto histórico. En este sentido, es interesante entender que las naciones culturales habrían utilizado el cristianismo (según Spengler, o el mismo Rosenzweig) utilizaría) para preservarse a sí mismas; habrían “parasitado” la religión. Lógicamente esta explicación “culturalista” no parece muy compatible con la teología. Aunque, por otra parte, este esquema idealista solía tener como culmen, al menos en Hegel, la idea de un Espíritu Objetivo que sustituía a la providencia y quería ser el verdadero “fin de la historia”, no sólo como punto de destino, sino como “sentido” total de la misma (historia).
Este “spenglerismo” de Spengler apoya la idea de que podría tratarse realmente de un europeo emigrado, probablemente de habla alemana.
Chema
abril 11, 2007
Sí; aunque él mismo haya aclarado que la elección de su seudónimo es irónica, y haya calificado al verdadero O. Spengler de racista y de cosas peores, la sensación de pertenencia a la tradición intelectual centroeuropea es muy fuerte.
Y, a la vez, y en cierta contradicción, de los nombres que se han manejado, la hipótesis Goldman me parece con mucho la más probable. En este sentido, hay otra pista que quiero seguir: parece que Lyndon LaRouche apoyó la Iniciativa de Defensa Estratégica, la famosa Guerra de las Galaxias de Reagan. Y, como hemos visto, Spengler es un reaganófilo convencido y con conocimiento. Si el río lleva agua, trataré de incorporarla al post a lo largo de la tarde o la noche.
Sobre lo otro, habría que ver cómo conciliar la memética con el spenglerismo, para entender las culturas y las religiones no como absolutos irreductibles, sino como sistemas dinámicos de información que se realimentan y absorben. Hacer filosofía materialista de la historia intelectual, fenomenología del espíritu sin espíritu.
Sobre el desconcierto que el straussianismo, o su caricatura, provoca en la sociedad y la política del espectáculo, de acuerdo. Trata de imaginar un gobernante platónico o straussiano en “Tengo una pregunta para usted”. Y como si estas cuestiones fueran nuevas…
eduardo
abril 11, 2007
Como materia puramente intuitiva y especulativa, me pareció siempre que Spengler escondía a un hombre relativamente joven (40 años, o tal vez menos). Seguramente estaré equivocado, pero su modo dialéctico y detallista de escribir no me encaja con el estilo displicente y los razonamientos a brochazos que suelen exhibir los sabios retirados.
Otra posibilidad, puestos a imaginar, es que el nick cubra a un grupo sin determinar de autores, y no sólo a un individuo.
***
Sí, “tengo una pregunta straussiana” para usted sería algo muy extravagante de ver. Lo que ocurre es que los políticos y los periodistas están acostumbrados a vivir rodeados de ideólogos, y cualquier comentario de curso corriente en la tradición filosósifa les parece emanado de una logia misteriosa.
Peggy
abril 11, 2007
Es usted todo un detective psicologico , Totalmente de acuerdo en lo argumentado sobre las relaciones de la religion y la cultura , en la “civilizacion ” no hay compartiemtos estancos
Gregorio Luri
abril 12, 2007
Parece que un tal Mohsen Rezvani está escribiendo maravillas sobre Strauss y su “insistence that there are a single truth in a classic text and that the intention of the author (God, in the case of Koran) are best interpreted by a jneo-Platonic intellectual vanmguard (for the Koran, the Islamic jurists whose ranks Rezvani aspires to join”. En Timothy Garton Ash, “Soldiers of the Hidden Imam”, New York Review of Books, 3 de nov de 2005, p.5.
Mi fuente, obviamente, no ha sido don Timothy, sino un profesor especialista de Strauss, en los USA.
Me imagino que don Leo se estará divirtiendo tanto con los ayatolás como se divertía con los curas católicos que asistían, arrobados, a sus clases.
Anonymous
abril 21, 2007
Hay otra posibilidad che no han considerado: che Spengler es Thomas Pynchon, famoso por novelas llenas de conspiraciones mundiales, disparates, versos paródicos así como discusiones scientíficas y metafísicas. Talvez su propósito es atraer a todos los paranoícos del mundo mientas compongo su próxima novela.