
La refriega que de un tiempo a esta parte viene produciéndose en RL y alrededores entre anarquistas y liberales clásicos y conservadores ha tenido sus últimos episodios en los blogs de María Blanco, Iracundo y Eduardo Robredo Zugasti. Descontando lo que el debate tenga de discusión sobre nombres y categorías, o incluso de querella personal, creo que la divisoria entre unas y otras posturas lo es entre una visión esencialista y en buena medida metafísica del hombre y la socialidad, y otra materialista, histórica y evolucionista, que es la que me resulta más afín. Que el lector decida cuál de ellas casa mejor con la tradición clásica del liberalismo, la de Hume y Smith, la de Tocqueville y Revel, la de Mises y Aron. Lo cierto es que, desde la fundación del Instituto Juan de Mariana -una iniciativa que muchos saludamos en su momento como necesaria en el desolado panorama patrio-, el escoramiento de dicho think tank y de la propia RL hacia postulados anarco-capitalistas ha sido notable. Y esto, con ser legítimo, entraña el riesgo de que liberalismo y anarquismo acaben por ser sinónimos para muchos de dentro y de fuera, lo que supondría un falseamiento de la tradición antes citada. Pero, más allá de batallitas coyunturales, mi intención aquí era señalar los argumentos históricos en contra del anarquismo.
A mi juicio, es fundamental dejar sentado que, desde un punto de vista histórico, tanto el liberalismo, en cuanto tradición política, como el capitalismo en cuanto fenómeno económico, son parte del proceso del Estado moderno; y que si la hipertrofia y el intervencionismo de éste representan dos de las mayores amenazas para ambos, no es menos constatable la inexistencia de valores políticos liberales así como de economía que pueda llamarse capitalista allí donde está ausente alguna forma, ya sea nacional o imperial, de Estado. En el despliegue del Estado conviven factores, planificados o espontáneos, favorables al capitalismo con otros perniciosos para la economía de mercado. Siendo así, lo sensato -tal como sugería Hayek- parece tratar de seleccionar a partir de la evidencia histórica los factores positivos y desechar los negativos, antes que rechazar el Estado per se como si todo lo que cabe bajo dicha palabra -y a veces es mucho, demasiado- fuese un bloque monolítico de planificación ineficiente y liberticida. Y, de hecho, para darse cuenta de esto no hace falta recurrir a tradiciones historiográficas ajenas: basta, por ejemplo, con revisar el clásico de North y Thomas sobre el nacimiento de la economía europea moderna.
Más aún: los grandes avances históricos en la extensión de los mercados han estado condicionados a la hegemonía de algún poder político, ya fuera el romano, el mongol, el inglés o el estadounidense. Aun cuando, por ejemplo, tomemos por cierta la hipótesis de que la iniciativa privada, y clandestina, de los agentes de la Compañía de las Indias Orientales contribuyó a abrir mercados en mayor grado que la acción oficial de la compañía, seguiremos teniendo que reconocer que ésta, y el Estado del que dependía, fue el marco o el sustrato necesario de dicha iniciativa privada, que difícilmente hubiera tenido lugar de encontrarse los agentes particulares libres a su suerte en las Islas Británicas. Ídem y aumentado varias veces para el caso del Imperio español. Por paradójico que resulte, el crecimiento se producía en los resquicios de un Estado sin cuyos programas, la iniciativa privada, aun cuando los contraviniera, no habría podido darse. Cabría por tanto decir que no es tanto, o no siempre, el programa deliberado de un Estado o Imperio lo necesario para el desarrollo de la economía capitalista, cuanto su existencia y, por supuesto, la atribución de las funciones básicas de defensa exterior y orden interno: algo que casa mal tanto con la postura socialista o nacionalista como con la anarquista. Y que sugiere nuevamente la idea de un orden espontáneo, pero de uno extenso, real, insensible a las cesuras y categorías de la teoría política y que incluye el Estado y las instituciones; y suscita asimismo otra cuestión: el Estado o incluso el Imperio liberales pueden ser ineficientes comparados con la teorización anarquista, es decir, con lo ideal; pero, en contacto con las posibilidades reales, se revelan imprescindibles y por lo tanto, óptimos.
Al anarquista, que como el izquierdista cree poder escoger a su gusto entre los futuros posibles, a despecho de la naturaleza humana y de los mecanismos de la realidad, le puede parecer esto mera casualidad. Acaso también lo sea que las épocas de crepúsculo del Estado y de competición entre agentes privados rivales, como la Alta Edad Media europea, no hayan constituido exactamente períodos de esplendor económico y de respeto a la libertad. Quizás quienes provienen por su formación del terreno económico sean menos sensibles a la evidencia histórica; o quizás es que, sencillamente, el ramalazo metafísico del anarquismo es demasiado fuerte. En cualquier caso, quienes optan, optamos, por una visión evolutiva del hombre y la sociedad no pueden dejar de atender a ese ejemplo.
Otro mixtificación anarquista, como veíamos antes de pasada, consiste en meter en el mismo saco (“el Estado”) a formas de organización social muy diversas, desde el estado de bienestar socialdemócrata hasta el despotismo oriental antiguo o, para mayor embrollo, jefaturas y cacicazgos preestatales. Evidentemente, el absolutismo de la “no coacción” impide distinguir unos fenómenos de otros y, dentro de éstos, grados menores y mayores. Al anarquismo le da igual ocho que ochenta, el código de Hammurabi que la common law, la constitución de Esparta que la de la RFA, Stalin que Richard Posner. Pero, como es evidente, ninguna teoría política que pretenda enfrentarse con éxito a lo real puede prescindir de estos matices, y un análisis de la socialidad basado en el esquematismo “coacción/no coacción” acaba por ser tan útil como los basados en la “lucha de clases” o la “explotación”.
Finalmente, el pacifismo maximalista que considera la guerra un programa estatal o “gubernamental” y que entiende que la desaparición del Estado y la privatización de la defensa conducirían, si no a la “paz perpetua”, sí a una situación notablemente mejor que la actual, también se ve severamente refutado por la historia. Podemos recurrir nuevamente al ejemplo de la Alta Edad Media, donde el colapso del Estado romano -debido en parte, bien es cierto, a su ineficiencia y a las cargas impuestas a la población- da paso a una situación caótica con privatización de la defensa -con las consecuentes feudalización y servidumbre-, hordas de invasores y bandas de salteadores y “revolucionarios”, que provoca la interrupción de las rutas comerciales, la fragmentación del mercado y estados de guerra endémicos. (La quiebra del mito de la Antigüedad Tardía ha sido excelentemente expuesta por Bryan Ward-Perkins; y qué significativo es comprobar una y otra vez que el anarquismo y el relativismo postmoderno abrevan en las mismas fuentes.) O a las sociedades preestatales de América y Nueva Guinea, donde el porcentaje de muertes violentas supera con creces el registrado en Europa durante las guerras mundiales, y donde la violencia no se limita a los enfrentamientos intergrupales, sino que preside también las relaciones entre los sexos. Por cierto que los ejércitos mercenarios no han mostrado históricamente un comportamiento significativamente más humano sobre el terreno, sino más bien al contrario; ya se tratase de mercenarios griegos en la Antigüedad, bucellarii -cuyas levas forzosas, que, como bien saben en África y otros lugares, no son monopolio de los Estados, llevaban a los siervos a mutilarse para tratar de evitar la conscripción-, compañías europeas bajomedievales o ejércitos modernos como los que saquearon Roma en 1527 y asolaron Centroeuropa durante la Guerra de los Treinta Años. Y todo ello sin perjuicio de que, en determinados casos, el outsourcing pueda ser una estrategia viable u óptima para ejércitos y servicios de inteligencia, y de que los conflictos postmodernos exijan superar el paradigma estratégico de Clausewitz.

…el futuro ya está aquí…
Y un último apunte. Paralelamente al debate, se viene repitiendo la opinión de que el campo liberal -sea lo que fuere- debe estar unido frente al “enemigo común” del socialismo, que anarquistas y liberales clásicos o conservadores deben aparcar unas diferencias que lo son sólo de matiz, etc. Sin embargo, no se trata aquí de una discusión bizantina, de una mera querella escolástica por un quítame allá esos nombres o esas categorías. Lo que se ventila aquí es una concepción de la naturaleza humana, de la socialidad y de la misma estructura de la realidad. Quien quiera encastillarse en teorizaciones cada vez más despegadas de lo real, que lo haga, pero que no pretenda envolverse en la bandera de un liberalismo auténtico e insobornable. Si nos marcamos el horizonte de hacer del liberalismo español una tendencia influyente, un verdadero movimiento civil que, si no por su número, sí por su calidad y su apertura funcione como un verdadero motor del pensamiento político y económico, no podrá ser encomendándose a posturas maximalistas que incurren no pocas veces en simplismos de verdadero alipori. Posturas que no sólo son marginales en la academia -lo que, coincido en parte, no es prueba inequívoca de su invalidez-, sino que tienen muy escaso valor en el mercado de las ideas, fallan estrepitosamente en el test de la historia y se evaporan al contacto con la realidad. Más que nada porque su muy previsible descrédito lo sería también del liberalismo, y no están las cosas como para ir tirando respeto e influencia por la borda.


Nairu
julio 4, 2007
Muy bien explicado.
Eduardo
julio 4, 2007
Yo me quedo en especial con la última parte. Está muy extendida esa noción de la “unidad” del liberalismo, como si se pudiera ocultar la profunda incompatibilidad del idealismo con el realismo político, del liberalismo “metafísico” con el clásico, o del pragmatismo con el maximalismo.
Desde luego, miniarquistas, utilitaristas, ancapistas y hasta socialistas podrán cohabitar pacíficamente a nivel personal o incluso político (estableciendo alianzas frente a terceros), pero dialécticamente es imposible disimular que sus respectivos sistemas de ideas se niegan entre sí.
El “fusionismo”, tal y como esta planteado aquí, habría que valorarlo entonces en su virtualidad politica. Y, a mi parecer, también en este caso su posición es endeble.
J
julio 5, 2007
Es que me quema ya un poco ese “Haya paz” como si estuviéramos discutiendo por gilipolleces, como si todo fuese un puntillo tonto de orgullo. En determinados asuntos, y algunos de ellos cruciales, me voy a entender mucho antes con un socialdemócrata à la Blair que con un libertarian à la Ron Paul, o con un trotskista como Hitchens que con liberales “pata negra” como Mary White o Valín. A pesar del discurso de los valores; pero es que -o precisamente porque- ni en el discurso de los valores me encuentro con la mayoría de los an-caps, qué le vamos a hacer.
O, parafraseando a Norberg, “those people are wrong, and they’re dangerous”.
Iracundo
julio 5, 2007
Obviamente estoy de acuerdo por completo con lo que dices. El desapego de la realidad no sale gratis, ni siquiera a ideologías denostadas. Tal vez en dicho rechazo, que no es crecientemente menor debido precisamente a los acontecimientos de la realidad, creen hallar algunos fundamento suficiente para cruzar la línea que separa la ideología de la secta: ya se sabe, cuanto más débil es una idea… más apelaciones a una “dictadura dentro de la idea” se hacen. Por supuesto están equivocados y son peligrosos. Están equivocados porque la conversión al liberalismo o el progreso de sus postulados no es un proceso de iluminación/bautismo a través del cual la gente comulgue al 100% con el “manual del liberalismo” que a alguno se le ocurra esgrimir o crear. El proceso será en base a determinadas condiciones políticas, reales, en las cuales las ideas liberales sean vistas como necesarias o sencillamente inevitables. Sólo a partir de ese proceso puede darse una “popularización” del liberalismo: en lugar de esperar que alguna dictadura más o menos local lo imponga (véase la crítica ancap a la democracia como “de-civilización) o a que unas increíbles clases medias oprimidas se despierten un día con el puño en alto contra los opresores que les obligan a entregar dinero para los inexistentes bienes comunes; todo ello en virtud de la lectura de un opúsculo de Rallo la noche anterior… Alguien que es capaz de teorizar sobre bases como estas sólo puede reputarse equivocado y en la medida en que se aleja voluntariamente de la realidad es peligroso.
Y respecto al argumento del “fusionismo” de liberales y ancaps (curiosidad extrema dado que ellos mismos hacen artículos llamando genocidas a los neocon y cosas parecidas, en clara crítica del fusionismo liberal y conservador: en su línea “fusionista” con el “rojerío geopolítico”) sólo puede decirse que es una increíble estafa para idiotas o ingenuos. Se trataría aquél de un pacto entre enemigos ideológicos radicales, lo saben, y en todo caso (y se han pronunciado en este sentido) con vistas a utilizar al liberalismo como “tonto útil”. El argumento del “haya paz” ha sido utilizado por toda una tropa de individuos que afirman ser liberales pero cuyos fundamentos, me temo, largo ha que olvidaron o extraviaron por cohabitar con anarquistas amiguetes suyos. Y aún suponiendo que el máximo enemigo de los ancaps y liberales fuese el mismo (socialismo), cosa que no es del todo cierta en caso ancap, no veo porqué debiera concluírse la existencia de una afinidad ideológica tal que justificase la “caridad” con las abominaciones o ideas torcidas, según el punto de vista, de unos y otros. ¡Y máxime cuando ellos se declaran fundamentalistas de mercado! ¿A qué juegan? Será que sin tontos útiles se verían muy solitos…
Sólo espero que alguien decida poner fin a tanto dislate y comenzar Redliberal de 0; no admitiéndose allí ni a nazis, ni a comunistas ni a ancaps. Ésos, que monten sus diferentes clubs y sean, en la medida en que no violente nuestra seguridad, felices. Hace falta “otro” Daniel Rodriguez Herrera que ponga en marcha una red alternativa puesto que hoy por hoy la inexistencia de alternativa es lo único que detiene las críticas a los ancaps en Redliberal. Si los ancaps siguen invitando a amiguitos tipo María Blanco a exparcir sus diatribas en Redliberal… mucho me temo que muchos bloggers tomen el mismo camino que Víctor Gago (de “bonobús”: leed su despedida, no tiene desperdicio). Va a ser verdad eso de que la informática es una herramienta esencial, porque de buena gana inciaría una nueva Red de blogs, en la que estuviéseis incluídos vosotros, liberales. Haría falta puesto que, como dijo Eduardo, a los liberales, frente a los ancaps, nos falta una “alternativa institucional”. ¿Por qué? Puesto que a cada crítica que hacemos del anarquismo, por devastadora e incontrovertible que sea, los ancaps y sus servidores nos oponen un “nosotros hacemos más por la libertad” (por haber montado el IJDM) o “unámonos todos por el bien de Redliberal” (resultan penosos los chavalines, militantes del PP algunos de ellos ojo, que les hacen el juego acusándonos de promover escisiones en el liberalismo: ¡como si no existiesen ya!). En fin… muy detestable.
Respecto al plano personal he de admitir que determinados personajes (como Rallo o Valín) me producen un enorme desprecio en lo humano que tal vez me conduzca a ser especialmente duro con ellos. Pero mi ataque a sus ideas es el mismo sean esos individuos o Berti (con la que no tengo problema), así como María Blanco (que se empeña en descalificarme mientras yo sólo describo lo que hace…). Creo que la animadversión que han tomado los ancaps en general contra mí ha sido lucrativa en el sentido en que han perdido mucho los papeles y dejado su estrategia de fagotización de Redliberal y su desprecio por el liberalismo clásico demasiado al descubierto: tildándome de socialista o autoritario por defender coma por coma ideas de Mises sin ir más lejos.
Salud y libre comercio
Iracundo
julio 5, 2007
Por “que no es crecientemente menor debido precisamente a los acontecimientos de la realidad” quería decir “que es crecientemente menor debido precisamente a los acontecimientos de la realidad”.
Eduardo
julio 5, 2007
En España la oposición al progresismo y el “Pensamiento Alicia” parece que se articula en dos frentes; por un lado, los liberales de fuerte tendencia anarquista, y por otro el “antizetapismo” instintivo de la masa conservadora.
El ancapismo no carece de base teórica, pero esta base se precipita hacia el dogmatismo y tiene un defecto adicional: no arraiga en la tradición europea y española (a pesar de reivindicar la “escuela de Salamanca”). Se diría que padece un exceso de teoría y escolasticismo, algo que ya hemos denunciado mil veces. El “antizetapismo”, por el contrario, no posee un “credo”, tiene más bien un conjunto vago formado por sentido común y anti-izquierdismo natural e improvisado. Pero como pensamiento político o filosófico, nada. Y esta “nada” se aprecia muy bien cada vez que Rajoy intenta enfrentarse al gobierno precisamente siguiendo la táctica “Anti-ZP”, atacando los flancos personales y cuestionando la “honestidad personal”, como si el conjunto de condiciones ideológicas e institucionales (sistema monárquico de partidos incluído) apenas contara. Y luego tenemos la influencia de la Iglesia, por supuesto, alargada, y que ni siquiera los ancap discuten.
En fín, todo es algo complicado. Pero la clave radicaría en encontrar esas “alternativas institucionales” para un liberalismo, si se puede hablar así, de “tercera vía” más comprometido con la civilización que con una ideología. Y aquí podrían entrar algunas tendencias socialdemócratas, ¿por qué no? Pero en tanto se forma esta alternativa, y es muy cierto eso de que se necesitan empresarios informáticos…cuestionar el mito de la unidad del liberalismo a mí me parece esencial.
Nairu
julio 5, 2007
RL, ciertamente se ha escorado mucho hacia el anarquismo, tanto por la incorporación de blogs anarquistas, como por la aproximación al anarquismo de blogs que inicialmente parecían otra cosa. Simultáneamente van desertando blogueros muy valiosos y sensatos ( Milton, Gago etc. )
Creo que lo mejor, como decís, es fundar una alternativa, clásicamente liberal. Aunque no se tengan los conocimientos informáticos para crear un agregador de blogs, habiendo buenas bitácoras y ganas, sólo hace falta un poco de dinero para que una empresa diseñe la página.
Curiosamente, Multivac cerró los foros de liberalismo.org para unir a todos los liberales en torno a RL, y la operación fue un fracaso rotundo: casi todos los foreros habituales de liberalismo.org se incorporaron a liberal.cl, creada por ellos mismos como alternativa a la única opción que se les ofrecía.
Iracundo
julio 5, 2007
A mi me gustaría saber en qué piensa Daniel Rodriguez Herrera permitiendo ese escoramiento. Sinceramente, parece que no sigue muy bien esa prescripción de Hayek que tanto parece gustarle: “Si pretendemos el triunfo en la gran contienda ideológica de esta época, es preciso, sobre todo, que nos percatemos exactamente de cual es nuestro credo”. Concuerdo en que es posible una colaboración liberal-conservadora (hay muchos socialdemócratas precisamente entre éstos últimos) para la conformación de un movimiento cívico liberal (el punto de enganche, como yo he mismo he comprobado es la reforma de las instituciones democráticas: inexistentes en buena medida en España) pero la colaboración con los ancaps no rinde beneficio alguno al liberalismo en dicho papel sino todo lo contrario: es una pesada carga que amenaza con hundirlo en el descrédito. Los “curas” de Salamanca estuvieron siglos escribiendo sus opiniones sobre el desgobierno reinante en Castilla, pero fueron los comuneros como Juan Bravo, Maldonado y Padilla los que realmente hicieron algo por darle fin. “Multivac”, o “Dani”, está claro por quiénes se decanta: los curas, ¡y menudos curas! Creo que lo acabará por lamentar, aunque supongo que con las reuniones y ágapes con los ancaps le llega. El misterio es de dónde sale el dinero para financiar a gente tan pintoresca y los contactos que tienen con Libertaddigital: ¿cosa sólo de Multivac? No creo. En fin, posicionados parecen estar: lo que les va a faltar es gente para el circo como sigan así.
Pecando de altermundista diré: otra Redliberal es posible.
Salud y libre comercio
Hemicéfalo
julio 20, 2007
“[...] se ve refutado por la historia.” Varias veces empleas la “refutación histórica”. Esta suerte de determinismo histórico es, a nivel argumental, un (no encuentro otra palabra) disparate. La historia podría servir para mostrar patrones obvios, por ejemplo, en el campo económico y, aún así, argumentar que tal o cual experiencia histórica demostró que esto o lo otro no funcionaba peca de determinismo histórico y de reduccionismo. Las situaciones pueden ser parecidas, nunca iguales, y las causas de siempre se mantienen, por más que pese a los hitoriadores, relativamente ocultas. El positivismo cientificista no ha funcionado en las ciencias humanas porque es incapaz de manejar tal cantidad de variables, variables que muchas veces tienden al infinito.
En definitiva, me he liado, el argumento de la “refutación histórica” no me parece una herramienta interesante, realmente es falaz en toda su extensión y es un mal recurso filosófico según mi criterio aunque en el campo de la política sea tan jugoso.
Hemicéfalo
julio 20, 2007
Por cierto, en una relectura (llevo un rato de casualidad por blogs liberales, aunque la política tiende a importarme bien poco) me hace gracia que empleen a Hayek como, en su día, se empleó a Marx. Incluso ya es perceptible un tufillo a ortodoxia y heterodoxia, digamos que el Engels del asunto bien podría ser Mises. En fin, todo esto huele un poco a la chamusquina de siempre, vamos, una moda intelectual como lo fue, y lo es, el marxismo, como lo fue el dadaísmo, como todos los “ismos” cada cual con su momento. Pero resulta curioso que a nivel teórico vuestros debates, no en el contenido pero sí en los recursos, se parezca tanto al del mundillo marxista. Creo que merece una reflexión sobre el “Eterno retorno” esta vez con el permiso de Nietzsche para interpretarle mal.
Hemicéfalo
julio 20, 2007
Bueno, espera, voy a sumar otra tontería mia.
Uno que vive en esto del mundillo de la filosofía, aunque la filosofía política me la trae “floja”, y tiene ya un par de lecturas ( no muchas) creo que se puede arriesgar a sumar un despropósito más. No una cuestión contra el liberalismo del que, francamente, me da igual que venza como que no lo haga (francamente, ya se que entre liberales prima el optimismo, no creo que esta civilización escape otros 100 años sin destruirse casi en su integridad) pero sí acerca de sus teóricos: en su día leí a Hayek, no con mucho interés, pero sí un par de obras; como filósofo es mediocre (casi todos en filosofía política lo son, quizá entre los dialécticos escapa alguno como Adorno o Horkheimer. y no lo digo a nivel ideológico sino filosófico omitiendo sus ideas), más que mediocre es falaz, realmente me pareció una basura, como me lo parece Friedman. Usa argumentos absolutamente baratos, sin subirse a ningún carro ( dialéctica, fenomenología (?¿?¿?¿), yo que se, algún fondo al que agarrarse), dice disparates sobre la libertad en un uso plenamente prosaico del término ( ¿qué es la libertad? ¿existe la libertad? ¿cabe la libertad en seres humanos estrictamente materiales? ¿es compatible materialismo y libertad?), en fin. Además sus textos están cargados de la comidilla de la calle, quiero decir, discusiones chuscas. Ya algunos de sus títulos pintan mal, hablar de la servidumbre, así de sopetón, sin tener un fondo teórico que la tenga pensada mediamente, me asusta. En cierta manera se parece a Mill y su “Sobre la libertad”, una reflexión tan política que no deja de omitir lo filosófico. De Mises no puedo decir lo mismo pk no lo he leido pero Hayek, esta bien para apoyarse, pero filosóficamente me parece basura de la buena y me sorprende que tenga tanta repercusión. Francamente, un Habermas, aún diciendo más disparates tiene más abolengo filosófico.
Omitamos la filosofía, Hayek esta bien para las discusiones políticas, siempre montadas sobre presupuestos metafísicos muy discutibles (sí, he dicho metafísicos, siempre metafísicos, en toda discusión, de lo que sea, imperan presupuestos metafísicos…).
*si tengo faltas lo siento, es hora de acostarme. Saludos y espero que no vean acritud en mis comentarios, más aún, cuando me desvinculo de lo estrictamente ideológico.
J
julio 20, 2007
Hola, Hemicéfalo, bienvenido.
Sobre la “refutación histórica”: “refutar”, así, en crudo, puede sonar algo fuerte, pero mi argumento es que en política hay que juzgar por la experiencia histórica porque, si no, ¿por qué se juzga? Una cosa es que la verdad absoluta y cristalina, la objetividad pura, sea inaccesible a los historiadores -o a uno mismo en su experiencia cotidiana-, y otra muy distinta que la historia no ofrezca pistas en absoluto y que no se pueda llegar a tener una idea bastante aproximada de las cosas. Evidentemente, depende del enfoque. He puesto el ejemplo de Ward-Perkins: cuando uno revolotea por la historia de las mentalidades, del arte, de la religión, la Antigüedad Tardía es un período tan interesante o más que la Roma clásica o la plena Edad Media; cuando uno va a la cultura material, a la demografía, a la historia económica, resulta que es un desastre.
Como tengo una visión evolucionista del hombre y de la sociedad, interpreto que los desarrollos históricos dan claves para entender la naturaleza y la socialidad humanas. Pero bueno, tú mismo dices que la política no te interesa mucho, así que no sé qué método alternativo de falsación propones.
Sobre la naturaleza pseudo-marxiana de muchos debates escolásticos y del uso y abuso de los austríacos, estoy de acuerdo y creo que lo he expresado en este mismo blog y, desde luego, en muchos comentarios en otros. De todas formas, que estos debates se parezcan a los marxistas como aquellos se parecían a los escolásticos etc, etc, tampoco tiene ningún misterio porque la naturaleza humana y la lógica interna de los grupos o escuelas son las que son aquí, en Salamanca y en China.
Creo que te entiendo cuando dices que los filósofos políticos suelen ser mediocres. Hay una cierta tradición de que descender a estos asuntos es una forma menor de filosofar -como lea esto Gregorio Luri nos corre a boinazos-. Yo no lo veo así, y me parece además que es un terreno donde se da una mayor falsabilidad que en otros de la filosofía (volvemos al primer comentario); pero acepto tus críticas a Hayek: no soy ningún austromaníaco de esos que corren por ahí. De todas formas -te digo esto sin ninguna acritud, por situarnos con claridad-, y aunque tampoco he tenido tiempo para detenerme mucho en tu página, me da la sensación de que la filosofía que te interesa a ti y la que me interesa a mi no son exactamente coincidentes. Sin ir más lejos, citas a Adorno, Horkheimer y Habermas que me parecen bastante detestables, y además en ese orden. De hecho, creo que el problema de fondo es que lo tú llamas “abolengo filosófico” es una suerte de código autorreferente que en filosofía política representa más bien un problema o un vicio que una virtud.
Hemicéfalo
julio 24, 2007
No estás en un error cuando dices que lo del “abolengo filosófico” bien puede ser una estupidez un tanto superficial. Francamente no tengo nada que rebatir a lo que dices, en efecto, la filosofía política no tiene motivos para sentirse inferior, en todo caso, quería apuntar a que no se logran grandes obras en este campo, aunque no soy quién para juzgar dado que las desconozco en su mayoría, es casi una intuición. Por lo demás, no puedo rebatir nada de lo que dices, me parece correcto y sería una tontería por mi parte alargar la discusión infructíferamente. Saludos y ánimo con el blog del que ya tienes un nuevo lector.
Hemicéfalo
julio 24, 2007
Quizá el siglo XX en filosofía política no ha sido muy prolífico, no parecen aparecer muchas ideas nuevas ¿qué crees tu ?
J
julio 24, 2007
“Quizá el siglo XX en filosofía política no ha sido muy prolífico, no parecen aparecer muchas ideas nuevas ¿qué crees tu ?”
Yo creo que los tiros, aquí como en el resto de las ciencias sociales, irán -o deberían ir- por un encuentro, o reencuentro, con las ciencias naturales. Por supuesto, no se trata de recaer en un positivismo ingenuo, porque, como apuntabas, en la historia, la economía, la sociología, se trata de procesos probabilísticos, estocásticos, no de carambolas de billar a lo Laplace -que, por lo demás, tampoco se dan en las ciencias “duras”-. Pero el horizonte debe ser ese.
En realidad, el origen de la ciencia política moderna está ahí. Quiero decir que Hobbes, Hume, Smith, parten de una teoría sobre la naturaleza humana. Se empieza a perder el norte cuando se pasa a establecer teorías utópicas basadas en la inexistencia de dicha naturaleza, en la absoluta indeterminación y perfectibilidad del hombre. Antes de dictar lo que debe ser la sociedad política, hay que saber qué es lo que puede -y lo que no puede- ser. En este sentido, te doy la razón: el siglo XX no ha sido muy propicio para la teoría política en la medida en que las que se han intentado llevar a la práctica, que venían del siglo anterior, han resultado catastróficas. Pero en los últimos 25 años ha regresado con fuerza el paradigma liberal que, si conseguimos evitar los excesos idealistas de los que hablo en el post, creo que es un punto de partida mucho más sólido.
Estás en tu casa.
Eduardo
julio 24, 2007
Unas anotaciones.
A Hemicéfalo, creo que está en un error cuando se desentiende de la filosofía política, o la trata como una disciplina menor. El problema es que la filosofía es política por naturaleza, está implantada en la polis. Curiosamente, el mundo anarcocapitalista (el del “Liberalismo metafísico”) nos proyectaría a un escenario también posfilosófico. Ya no sería preciso que los filósofos “regresen a la caverna” porque todo se habría convertido en caverna y mercadería, la política como tal habría desaparecido, y también la dialéctica -que Platón prohibía enseñar a los menores de treinta. No sé si es una desbarrada, pero es lo que se me ocurre a estas horas.
Es verdad que Hayek, y los llamados “liberales” en general, suelen exhibir una ignorancia o una ingenuidad “metafísica” casi sin límites. Sin embargo, y a pesar de que no estoy de acuerdo con The fatal conceit, reconozco que Hayek hizo un esfuerzo por ponerse al corriente de la literatura científica sobre evolución. Por otra parte, el desprecio de los economistas por los filósofos habría que compensarlo por el desprecio injustificado de los filósofos por la economía. En este sentido particular, el reproche de Mises o Hayek contra el sublime aislamiento de la tradición filosófica, del que se hace eco Popper, me parece muy adecuado. Nota final: A los frankfurtianos no los aguanto.
Sobre la escolástica. El problema no es ya que se trate de escolástica, sino que además es muy mala. Y quizás de ahí también su éxito relativo. No sé si viene del todo a cuento, pero traigo un comentario de Gámez en su blog: “Los malos investigadores son los que triunfan porque son incapaces de explicar nada y tienen, así, muchas historias sorprendentes con las que llenar páginas y páginas”. Él se refiere a los ufólogos, pero, la verdad, últimamente es difífil distinguir algunos comentarios “liberales” (con los socialistas ni me meto, por ahora, hace tiempo que les dí por perdidos) del maguferío más rampante.
Eduardo
julio 24, 2007
Yo creo que los tiros, aquí como en el resto de las ciencias sociales, irán -o deberían ir- por un encuentro, o reencuentro, con las ciencias naturales.
Por ahí deberían ir. El peligro del aislamiento de las humanidades o la filosofía (por ejemplo, como una disciplina centrada en “el ser”) es muy superior al fantasma del positivismo y del cientificismo. Ya casi no hay positivistas puros, pero quedan algunos “humanistas” a la vieja usanza.