Quita tus sucias manos de Hobbes

Publicado en julio 5, 2007

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Hace unos cuantos meses (Hobbes y la Alianza), escribía lo siguiente:

Thomas Hobbes es, probablemente, el filósofo más denostado de la historia en relación a sus méritos. Nació prematuramente porque, según se dice, las noticias de la llegada de la Armada Invencible le provocaron tal pánico a su madre que se puso de parto. También se cuenta que el Parlamento llegó a culparle del Great Fire londinense de 1666. ¿El motivo? Las hogueras en las que se quemaban ejemplares de su escandaloso Leviathan. (Qué significativo es que Hobbes provocase idéntico horror a los bien pensantes de su siglo y a toda la posterior estirpe rousseauniana).

Lo que no tuve en cuenta entonces es que en nuestro siglo todavía quedan muchos bien pensantes del suyo. Véase si no el artículo de Alfonso García Nuño en la revista Iglesia de LD , Ni ciudadanía ni educación. Por mucho que me escamen la Educación para la ciudadanía y el dizque filósofo que la promociona y programa, comparar a Zapatero con Hobbes es mucho comparar. “Torticero” sabe a poco para definir la presentación que García, que emplea “materialista” a modo de insulto, hace de la filosofía del inglés, uno de los padres de la ciencia política y del liberalismo por más que no esté de moda reconocerlo y su jeromo no quede bien para estamparlo en una camiseta. Y da la casualidad de que en Leviathan (Penguin Classics, p. 264), encuentro el siguiente pasaje, sobre las libertades de los súbditos que el soberano ha rechazado atribuirse:

…such as is the Liberty to buy, and sell, and otherwise contract with one another; to choose their own aboad, their own diet, their own trade of life, and institute their children as they themselves think fit; & the like.

Con ser breve, la enumeración de Hobbes parece un catálogo bastante completo de los terrenos en los que el Estado niñera pretende inmiscuirse, mientras su Leviatán dejaba al buen sentido de los súbditos. Pero es que no hay probablemente dos visiones del mundo más antitéticas que las representadas por Hobbes y Zapatero, un rousseauniano de manual, y el símil “insectil” de García es un poco menos que traído por los pelos.

Pero hay otra cuestión: hasta qué punto se puede llevar la alianza entre liberales y católicos en este y otros muchos asuntos. Escribe hoy mismo Santiago Navajas sobre ello en Generación Red. Como liberales, conservadores, fusionistas, etc, etc, es natural que consideremos preferible un -de todas formas vago, inconcreto, imposible de delimitar- poso moral de siglos de civilización al constructivismo de unos profesores rousseaunianos y a su papilla de blando humanismo metafísico y altermundista. Va de soi, como también que la libertad religiosa, incluyendo la de ser irreligioso, es uno de los pilares de la república, que los padres tienen el derecho a elegir la educación de sus hijos dentro de unos límites prudenciales, y que la escucha prolongada de canciones de Ismael Serrano a tan tiernas edades puede arruinar para siempre el sentido ético y estético de los chavales. (Aunque mi sensación particular es que este adoctrinamiento progre, de puro burdo y blank slater, fracasará como aquella educación de nuestros padres que fue una máquina de generar descreídos y pasotas del patrotismo).

Pero que no aprovechen los católicos para arrimar el ascua a su sardina y ajustar cuentas con sus viejos fantasmas erigiéndose ahora en campeones de la libertad: a la fuerza ahorcan, señores. Porque, a este paso, vamos al cura libertario, al monaguillo rothbardiano, al numerario ácrata, ejemplares más raros aún que el banquero anarquista de Pessoa; pero cosas veredes…

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