Viva el Mal, viva el Capital

Posted on Julio 6, 2007 porJ


Por si algún lector del post anterior se pensaba que servidor traga con la EpC. Desde Doce Doce nos avisan de quién está detrás de algún texto de la asignatura: Carlos Fernández Liria. Para el que no conozca el historial del sujeto, me permito recuperar un artículo suyo publicado hará un año en el “quincenal de actualidad crítica” Diagonal: Sartre, Camus y nosotros (negritas mías).

Camus, así pues, se negó a dar a la historia más razón que la que podían tener los hombres que la habitaban y la sufrían. Se negó a que el fin justificara los medios, a que el Partido dictase la verdad y la justicia, prefirió, en suma, “equivocarse sin matar a nadie y dejando hablar a los demás, que tener razón en medio del silencio y los cadáveres”. Por lo visto, ésta habría de ser una buena definición de la consistencia moral de nuestra intelectualidad contemporánea, comenzando por Robert Kagan y el think tank del Pentágono, hasta -pasando por Arcadi Espada y Rosa Montero- desembocar en Oriana Fallaci y Pedro Jota Ramírez. En un mundo estructuralmente malo, ellos han decidido ser buenos y equivocarse sin matar a nadie (como si los comunistas nos dedicáramos a ir ametrallando gente a nuestro paso).

En un mundo que consiste en cambiar sangre por petróleo y cadáveres por coltán, uno puede repetirse en vano que no ha matado a nadie. Sobre todo si no se le hace ascos a congeniar con los millones de votantes que aplaudieron la invasión de Iraq porque tenía armas de destrucción masiva y que no han variado su intención de voto al descubrir que no sólo no las tenía sino que siempre se supo que no las tenía. Hace tres años había que defenderse de la acusación de pretender cambiar sangre por petróleo, ahora ya no. Ahora nadamos en sangre y petróleo como quien respira aire y viento. Así son las cosas, lo importante es no matar a nadie y no tener miedo de equivocarse.

Pero el héroe de nuestros intelectuales anticomunistas no es, en realidad, Albert Camus. Aunque les cueste reconocerlo, se parece mucho más a Eichman (sic). Este genocida nazi gestionó la muerte de medio millón de judíos. Enviaba informes felicitándose por haber acelerado el ritmo de la cadena de exterminio, apuntando las cifras con minuciosidad de burócrata, como si se estuviese tratando de embalar tomates. Cuando fue juzgado en Jerusalén, y tras describir en qué consistía su macabro trabajo, un testigo le acusó de haber estrangulado a un adolescente judío con sus propias manos y entonces Eichman (sic) reaccionó histéricamente gritando desesperado que era inocente y que él “nunca había matado a nadie”. Él tan sólo se había “equivocado un poco”. Sus dirigentes le habían engañado. (…)

El mundo ha empeorado bastante, pero no ha cambiado en lo sustancial desde los tiempos de Sartre y Camus. Lo que Sartre defendía no era el totalitarismo de la historia frente a los principios morales. Muy al contrario: lo que Sartre hizo fue denunciar en todo momento que lo que pretendía ser la voz de la moral no era más que la coartada para aceptar sin rechistar la autoridad de la historia. Es muy fácil ser moral en un mundo que no llega más allá de tus narices. (…)

Denunció la pretensión de ser moral a fuerza de serlo en la parcela que te ha tocado en suerte en la Historia. De ahí que denunciara la pretensión de ser moral más allá del compromiso político. La tranquilidad de las conciencias es, hoy día, la coartada del terrorismo estructural. (…)

Sartre no defendió la Historia contra la Moralidad. Defendió que la elección moral tenía que consistir en elegir un mundo, un mundo bueno, y no en elegirse bueno a uno mismo.

Como se ve, los ¿argumentos? de Liria son impropios, no ya de un profesor de filosofía, sino de un adulto o de cualquiera que resida fuera de un frenopático; y encima le ha plagiado al no menos demente Ward Churchill, sin citarle en momento alguno, la comparación con Eichmann. (Por lo visto, esa forma de moralidad individual también se le escapa a Liria). Pero quizás la mayor de las desfachateces del texto, y son legión, es que quien habla desde la ideología que pactó con el nazismo cuando le convino, sacrificando a compatriotas, judíos, polacos, bálticos, a otros izquierdistas, etc, etc, etc , se permita levantar acusaciones de nazismo contra el resto del mundo por votar a determinado partido político, defender determinadas ideas o, sencillamente, levantarse por la mañana e ir a trabajar. Eso es lo que da realmente la medida de su bajeza. Que nadie se engañe, pues; este es, retratado de cuerpo entero, el indeseable al que alguna editorial ha encargado adoctrinar a los escolares: un imbécil moral y un degenerado. Y a mí, estos desechos de tienta de los experimentos totalitarios del pasado siglo cada vez me recuerdan más al chiste del conductor suicida que conecta la radio:

-”…se ha detectado un kamikaze a la altura del kilómetro tres…”

-¡Pero qué coño uno, si son todos!