Daniel Rodríguez Herrera intenta mediar hoy en la controversia entre an-caps y liberales -llamemos a las cosas por su nombre, como hace Huerta de Soto- con un artículo en el Instituto Juan de Mariana. Daniel nos trae el ejemplo de los armatores greco-otomanos para ilustrar las ambiguas relaciones entre el Estado y el crimen organizado. En realidad, las muestras abundan: me vienen a la cabeza, por ejemplo, Henry Morgan y Woodes Rogers. Bien, precisamente porque las relaciones son ambiguas, el maximalismo an-cap de la no coacción está desenfocado, o así lo veo yo, siendo preferible la visión pragmática y prudencial que ha estado siempre en el corazón de la tradición liberal. Pero es que, para cerrar el artículo, Daniel vuelve a repetir -y van…- que este debate lo es sobre cuestiones “etéreas” o sobre futuribles lejanos y que, por ello mismo, estamos muy lejos aún de tener que plantearnos un “cisma” entre anarquistas y liberales.
Entonces, si ningún objetivo es viable, ¿por qué esforzarse? Simplemente porque ningún sistema político es estable, y el que nuestros sistemas ideales tampoco lo sean no debería llevarnos a abandonar, porque son más deseables que la situación actual. Y el camino que lleva hacia ellas es compartido, y resulta improbable que en nuestras vidas lleguemos al punto en que las diferencias entre liberales clásicos y anarcocapitalistas tengan importancia más allá de la académica. Claro que quizá sea precisamente eso lo que hace tan enconados estos debates para algunos, que les importa más el mundo de las ideas puras que el mundo real y las libertades que nos faltan. Discúlpenme si a mí no.
Bien. Sólo quisiera anotar algunos asuntos que se me ocurren a bote pronto, que sí veremos en vida o estamos viendo ya, y en los que la postura an-cap, en las raras ocasiones en que se define, parece, ella sí, más bien etérea:
-Islam militante, terrorismo, islamización de Europa, flujos migratorios, crisis demográfica en Europa.
-Crisis geopolíticas, en particular en torno a las fuentes energéticas. Estados fallidos.
–Situación política en España. ¿Es de verdad absolutamente indistinguible un gobierno social-conservador (PP) de uno formado por socialistas y nacionalistas?
Si todo esto no tiene que ver con “el mundo real y las libertades que nos faltan” o que nos pueden empezar a faltar de aquí a no mucho, que baje Rothbard y lo vea.



Iracundo
Julio 9, 2007
Ahora echan balones fuera…
El artículo de Daniel Rodriguez demuestra hasta qué punto mis acusaciones contra el IJDM son ciertas. Primero el cierre de filas fanático y ahora el falso arbitraje de criticar a todos pero dar la razón a… adivinen: los que no quieren debatir. ¿Cuál será la próxima jugada?
Salud y libre comercio
Eaco
Julio 9, 2007
Las cuestiones están desenfocadas:
-Islam militante, terrorismo, islamización de Europa, flujos migratorios, crisis demográfica en Europa.
Ron Paul no es ancap y no tiene una postura muy neocón que digamos. Del mismo modo, no veo ninguna incompatibilidad con que un ancap defienda ahora el Estado como medio defensivo ante una agresión. Otra cosa es querer recolonizar África y crear gobiernos para desarrollar el mundo.
En cuanto a la inmigración, Hoppe y Kinsella defienden fronteras totalmente cerradas y Block y Huerta de Soto totalmente abiertas. Una postura intermedia también sería compatible.
-Crisis geopolíticas, en particular en torno a las fuentes energéticas. Estados fallidos.
Idem.
–Situación política en España. ¿Es de verdad absolutamente indistinguible un gobierno social-conservador (PP) de uno formado por socialistas y nacionalistas?
Tampoco creo que un ancap necesariamente crea eso. Yo de hecho creo que no tienen por qué ser semejantes y que puede haber un partido más liberal que los actuales.
J
Julio 16, 2007
Eaco, con retraso por las vacaciones, contesto:
“…no veo ninguna incompatibilidad con que un ancap defienda ahora el Estado como medio defensivo ante una agresión.” Entonces, ¿a qué fase del plan histórico hay que esperar para la desaparición del Estado? Bien, has escrito en otro lugar que esperas que el Estado caiga por su propio peso. Entonces será en un momento de ausencia de conflictos o “paz perpetua”. Creo que podemos esperar sentados. En cualquier caso, si de lo que se trata es del aquí y ahora, debilitar o deslegitimar el estado en determinadas funciones es hacerle un flaco favor a su capacidad como “medio defensivo”.
“Otra cosa es querer recolonizar África y crear gobiernos para desarrollar el mundo.” No creo que nadie haya planteado eso tal cual. Otra cosa es que el desarrollo requiera, lo acepten los an-caps o no, instituciones y el imperio de la ley. O que las haya requerido en los casos que conocemos -propias o ajenas, esto es, imperio- y que son, evidentemente, los únicos por los que podemos juzgar. A partir de aquí, la extensión y el grado de la intervenciones es una cuestión de prudencia, cálculo y circunstancias y no, salvo que nos quedemos en el absolutismo de la no coacción, cosa que yo no hago, de principios.
“En cuanto a la inmigración, Hoppe y Kinsella defienden fronteras totalmente cerradas y Block y Huerta de Soto totalmente abiertas. Una postura intermedia también sería compatible.” Aquí parece que la defensa es decir que el anarco-capitalismo puede ser ecléctico. Muy bien, eso ya lo venía a decir Daniel en el artículo. Pero, como escribía Eduardo Robredo, llegado el punto, eso puede predicarse igual de los marxistas o de los adventistas del séptimo día. Lo que quiero saber es en qué beneficia a las sociedades que afrontan estos problemas un programa tendente, por activa o por pasiva, a la desaparición del Estado.
“Yo de hecho creo que no tienen por qué ser semejantes y que puede haber un partido más liberal que los actuales.” Sin duda, aunque habría qué preguntarse hasta qué punto en la actual partitocracia. Pero ése no es el debate que veo plantear a los an-caps patrios, sino más bien que Richard Posner es un totalitario y que los cafres que arrasaron Malasaña eran unas víctimas de la coacción del Estado y poco menos que unos héroes de la libertad, y cosas así.