Povera patria

Publicado en agosto 18, 2007

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Ica

Como muchos sabrán ya, un juez que responde al racial nombre de Jairo Álvarez-Uría Franco condenó el pasado mes de julio a Luis Alfonso Gámez a indemnizar con 6000 euros a J.J. Benítez por haber vulnerado su derecho al honor. La sentencia ha provocado las esperables congratulaciones entre el gremio de los charlatanes, como la del innoble Cardeñosa, pero también una ola de solidaridad con Gámez -a la que me uno tardíamente- por lo que la condena tiene de estrafalario. Recuérdese que hablamos del hombre (Benítez) que dio fama a las piedras de Ica, esas en que unos dinosaurios igualicos a los de los libros infantiles de los años sesenta aparecen junto a indios emplumados. El mismo que sentó a Jesucristo en el Anfiteatro Flavio cincuenta años antes de que se construyese. El mismo que encargó a un estudio vasco una “filmación inédita” de construcciones ciclópeas en la Luna. Etc. Como a muchos se nos escapa qué honor le puede caber a un sujeto que vive, y no mal, de estas cosas -y téngase presente que las dos última hazañas referidas, y otras muchas, se cargaron al erario público a través de RTVE-, el fárrago del juez Jairo sólo puede interpretarse como lo que es: una broma de mal gusto.

Pues bien, esta misma semana, el autor del blog Ciclismo 2005 ha decidido llevar a cabo un cierre preventivo y tomarse unas vacaciones quién sabe si definitivas. Además del ambiente de (amargo) fin de fiesta que se percibe en el ciclismo, un deporte que baja embalado cual Gianni Bugno hacia la boxización y que pronto va a compartir público con la lucha extrema y las peleas de gallos, parece que Sergio -personaje no menos incógnito que Spengler- ha estado recibiendo amenazas en los comentarios y visitas de IP de la policía. El blog, que empezó como una revista de actualidad ciclista, se ha acabado convirtiendo, por la misma presión de los acontecimientos, en un cuasi-monográfico sobre dopaje, y su autor no ha querido morderse la lengua. Particular escozor ha provocado su escrutinio de los documentos de la Operación Puerto, en los que ha señalado entre otros a la eterna esperanza blanca del ciclismo nacional, Alejandro Valverde, y al último ganador rebotado del Tour de Francia, Alberto Contador. Y como en este país las bromas de los jueces salen por un ojo de la cara, Sergio ha preferido clausurar el chiringuito antes de que a uno se le ocurra salir a defender el honor lesionado de algún mentiroso .

El asunto aquí, por supuesto, no es tanto que los ciclistas se dopen -mi impresión es que esta guerra contra la droga está tan perdida de antemano como la otra-, cuanto un clima político y periodístico en que la verdad es indiferente cuando no odiosa y en el que la única ley es la omertà. La posibilidad de que el deporte patrio, esa gloria nacional que es la única fuerza capaz de hacer comprar periódicos a los españoles, despierte del sueño que dura desde 1992 y las 22 medallas del plan ADO es demasiado para cualquier plumífero, no digamos gestor político. Por eso unos y otros prefieren mirar a otro lado, denunciar las intoxicaciones extranjeras y envolverse en retóricas dignas de los mejores tiempos del franquismo o de la RDA.

Así que Ciclismo 2005, un oasis en el periodismo deportivo español -ese que se burla de los rivales de la selección española y achaca la enemistad greco-turca a las Guerras Médicas- cierra por no tragar con la mentira; y Luis Alfonso Gámez habrá de apoquinarle 6000 euros del ala a un mentiroso por denunciar sus embustes. Este es el país en que vivimos: jueces para defender el honor de quienes carecen de él y la verdad como puta por rastrojo.