Ética para mónadas

Posted on Septiembre 23, 2007 porJ


A partir de unos comentarios en Reflexiones Iracundas y de la última entrega de la Elena Francis del anarquismo de mercado, se arma el enésimo debate en torno al maximalismo pseudo-liberal de la no-coacción. Esta vez, a cuenta de la conveniencia o no -o de la justicia o no- de reprimir un hipotético canibalismo consentido.

La postura an-cap y alrededores es previsible y fácil de resumir: ni el Estado ni nadie tiene derecho a impedir ni castigar un intercambio voluntario entre particulares, aunque ese intercambio consista en una libra de carne, o una canal, de bípedo implume. El problema, por supuesto, es que la complejidad de lo real no admite este tipo de situaciones más que bajo la forma de experimento mental. No existe una sociedad que merezca tal nombre donde unos practiquen el canibalismo entre free consenting adults y otros no, a voluntad; ni puede existir. La diferencia de potencial, por usar una metáfora eléctrica, entre el polo que admite alimentarse de carne humana y el polo al que horroriza el mero pensamiento es demasiado grande para que sobreviva siquiera un rastro de copertenencia entre ambos. Y esto lo puede comprender cualquiera que salga del aula o del salón de congresos y respire un poco de aire fresco. Una sociedad, pese a las teorizaciones an-cap, no es un mero agregado de mónadas o voluntades individuales. Las interacciones que se dan en su seno no pueden reducirse a este juego de voluntades irreductibles por mucho que se estire y se falsee el concepto de orden espontáneo. No existen aquí los compartimentos estancos tan del gusto del anarquismo y el libertarianism más extremado. Toda elección ética tiene, consciente o inconscientemente, una vocación de universalidad, de ejemplo. Dejo a la imaginación de los lectores cuál es la posibilidad real de existencia de una “sociedad” que permitiera que el ejemplo del canibalismo -o de la venta de niños- conviviese con una moral de inspiración cristiana, con los principios de la Ilustración o con el marxismo-leninismo.

Hace tiempo nos preguntábamos, siguiendo a Gregorio Luri, hasta qué punto puede ser abierta una sociedad sin dispersarse como una sustancia gaseosa. No está claro que ese punto pueda delimitarse usando una calculadora, ni con una axiomática -de la libertad o de lo que sea- a la manera an-cap, ni con las Tablas de la Ley; pero un pensamiento que permanezca atento a la naturaleza humana y la estructura de la realidad, y no sólo a la simetría de sus propios experimentos mentales, no puede dejar de comprender la necesidad de su existencia.

Saturno

¿El futuro del “liberalismo” patrio?


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