Franco! Franco! Franco!
Un espectáculo extravagante, que a ratos insuflaba vitalidad en el viejo repertorio y a ratos evocaba al anciano y flácido Tiberio rodeado de spintriae contoneantes. Ironía de quien ya adivina el final del camino. Pero, por un día, se puede gritar.


septiembre 30, 2007
7