Juan Ramón Rallo entregaba ayer la ración semanal de controversia an-cap, celebrando la feliz ocurrencia de un ciudadano sueco de merendarse unas lonchas de su propio culo. Su post, el de Rallo, viene sazonado -si se me permite el double entendre- con las habituales admoniciones sobre el carácter irremediablemente totalitario de todo lo que no sea puro y cristalino anarquismo de mercado. ¿Y qué hacemos con esto?, se pregunta. ¿Prohibirlo?
Pues no, no se trata de eso. Einmal ist keinmal. Lo que sólo sucede una vez es como si no sucediera nunca. La broma de Fredrik Wilkingsson es una acción aislada, una performance en busca de notoriedad que está evidentemente más emparentada con Jackass que con la prostitución infantil y la implantación de la sharia o códigos tribales en sociedades occidentales. El canibalismo, ocioso es decirlo, no representa hoy por hoy un problema, y traer el poco pertinente ejemplo del cómico sueco sólo sirve para ridiculizar el debate. El problema de verdad surge cuando aplicamos la fórmula mágica an-cap a las cuestiones citadas, o pensamos en el mucho más macabro ejemplo de Armin Meiwes, donde ya se sienta el precedente de la muerte de un hombre y cuya carrera como antropófago no se hubiera detenido previsiblemente de no mediar la coacción judicial. El acuerdo entre particulares, con ser uno de los pilares de la sociedad abierta, no puede ser siempre el horizonte último; no si se pretende conservar algo remotamente parecido a una sociedad. O, por repetirlo una vez más, ninguna sociedad puede ser infinitamente abierta, y lo prudente no es tanto establecer axiomáticas que permitan separar tajantemente a “liberales” y “socialistas”, “estatistas”, o “totalitarios”, cuanto distinguir grados y recuperar el carácter empírico y prudencial de la política. Claro que, para esto último, sería preciso renunciar a la utopía, contraria a la naturaleza humana y a la historia, de que es posible abolir la política con una u otra fórmula magistral.
Cuando tercié en el anterior debate sobre el canibalismo voluntario, lo hice para señalar la absoluta inconsistencia de la visión anarquista de la sociedad, que nunca puede ser un mero agregado de voluntades independientes; no, evidentemente, para pedir la detención inmediata ni el fusilamiento al amanecer de cualquiera que ingiera strange flesh -por decirlo con el Marco Antonio de Shakespeare. No hace falta bromear sobre la naturaleza infinitamente represora de todo el que no se abandona a fantasías anarquistas. Cuando ya es lo bastante complicado hacer sentirse copartícipes de la misma sociedad política a defensores y detractores del matrimonio homosexual, a laicistas y proponentes de la enseñanza religiosa o a lectores de Público y de Libertad Digital, el mero contacto con la realidad se encarga de derretir las teorizaciones de máximos anarquistas sin que los malvados estatistas tengan que llamar a la puerta a medianoche.

La larga marcha del anarquismo: de Lysander Spooner a Jackass.


Freman
octubre 9, 2007
Su post, el de Rallo, viene sazonado
Al menos, el sueco se comió su propio culo. Algún ancap, por el contrario, ha enseñado a escribir al suyo.
Eduardo
octubre 9, 2007
No sé, para mí que lo de la nalga es un fake. No me lo “trago”, por decirlo así.
J
octubre 9, 2007
Fake o no fake, es irrelevante para el debate, pero claro, lo que se pretende es precisamente ocultar el verdadero debate, cuando no tirar la piedra y esconder la mano como hace Lady Godiva. Y es una muestra perfecta de cuál es el terreno propio del anarquismo: los experimentos mentales, las extravagancias, los maximalismos, las protestas de rebeldía y las machadas para èpater le bourgeois, la física recreativa aplicada a las ciencias sociales. De algo que tenga que ver con el aquí y ahora, cero.
Gregorio Luri
octubre 9, 2007
Quizás haya aquí algo más que un experimento mental, quizás haya que ver todo esto como una rendición de cierto liberalismo a la sociedad del espectáculo (y no pretendo hacer juegos de palabras). Aquí no se trata sólo de lo que uno hace o no hace con su culo, sino de la publicidad que quiere darle a su conducta. Frente a la jeremiada habitual de la invasión de la intimidad, el fenómeno de nuestro tiempo es el contrario: la impúdica sobreexposición de la intimidad. Estoy convencido de que si se va con una cámara de tv a la Ramblas de Barcelona pidiendo voluntarios para enseñar su culo, habría una fila enorme. Y -si esto es así- el debate tiene que ver con el uso del espacio público y no con el uso de lo privado.
arguelles
octubre 9, 2007
Lo relevante es el debate, pero en lo que no estoy tan seguro es en que los ancap lo rehúyan. Más bien, ellos mismos lo han precipitado, pero al hacerlo han llevado al límite dialéctico sus propias tesis, aunque posteriormente las acompañen con risitas y golpecitos cómplices con el codo. Al final el anarcocapitalismo muere dialécticamente por “reducción al canibalismo”, una reducción humorística si se quiere, pero que cae a plomo sobre cualquier aspiración de normalidad y publicidad que pudieran conservar.
Eduardo
octubre 9, 2007
(Arguelles era yo) En cuanto a la sociedad del espectáculo, algo tiene que ver. Al fín y al cabo la muchachada que antes era situacionista, ahora puede hacerse rebelde capitalista.
Sergio
octubre 11, 2007
¿Y no vendrá todo del simpsoniano “Eat my shorts”?
irichc
octubre 12, 2007
Ha habido sociedades caníbales. Me asusta que todo lo resumáis en una cuestión de consenso o de mínima compatibilidad ideológica.
J
octubre 12, 2007
Pues precisamente por eso: por mucho que nos repugne, ha habido sociedades de caníbales. Lo que no ha habido nunca es una sociedad de caníbales y misioneros. Y, encima, capitalista.
irichc
octubre 13, 2007
De acuerdo. Eso se debe probablemente a la misma naturaleza humana, quintaesenciada en el trabajo desde la maldición bíblica, que narra su caída. Así, la dignidad del hombre es una abstracción de su productividad. Si una especie muy superior a la nuestra nos impidiera, por su propia condición, entrar a formar parte de su sociedad de iguales, seríamos para ella más útiles muertos que vivos (consumiríamos más de lo que seríamos capaces de producir). Perdido nuestro derecho secundario o social, iba permanecer sólo el primario o derivado de la fuerza bruta. Esto es, los individuos de dicha especie podrían exterminarnos con el mismo derecho que nosotros nos arrogamos sobre el ganado. Y no sería injusto.
El canibalismo va contra la lógica económica y contra la lógica moral, que son dos formas de expresar la misma cosa: el hombre es lo más útil al hombre.
Ioputa
julio 3, 2008
Excelente post. Ilustra muy bien la paradoja de que la libertad, aún siendo un valor cardinal que debe defenderse, mantenerse y respetarse a toda costa, deja de serlo por completo cuando se contradice a sí misma, es decir, cuando en su nombre se vulnera la libertad, la dignidad, la vida y otros derechos fundamentales de los demás.
Eso desde el punto de vista social y jurídico, claro está. Desde un punto de vista ético y filosófico aún cabría hilar más fino: ¿es realmente libertad aquella que el individuo practica con el fin de autodestruírse a sí mismo? Desde un punto de vista limitado al “vive y deja vivir”, lo es, por supuesto. En ese sentido siempre se es libre (y hay que respetarlo, mientras no perjudique a terceras personas). Pero, adoptando un punto de vista más profundo, ¿no podría decirse también que esa persona no es libre porque, irónicamente, con el uso autodestructivo que hace de su libertad está atándose (aunque sea voluntariamente) a un comportamiento que le impide gozar de la plenitud asociada a la verdadera libertad? ¿Se puede decir que es realmente más libre el que sufre porque ha escogido él su sufrimiento que aquél que sufre por una imposición externa?
Son cuestiones peliagudas, desde luego.