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With friends like these…

Febrero 8, 2008

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En el debate sobre la islamización de Europa y el uso del espacio público por las religiones, es frecuente que se plantee la presencia en éste del cristianismo como una suerte de contrapeso o antídoto de la del islam. Según estas versiones, un rearme, católico o protestante según los casos, sería la única manera de que el horror vacui por el vaciamiento postmoderno de las convicciones no le acabe de abrir las puertas a la expansión islámica -a la que en algún lugar he llamado el programa fuerte de la antiglobalización. La formulación más articulada quizás sea la de Spengler [1], pero de ahí para abajo abundan ejemplos menos eruditos y refinados. La idea tiene una cierta simetría, un aire de argumento pseudo-historicista, que ya debería ponernos sobre aviso. No obstante, son en general las mismas jerarquías eclesiásticas quienes más están haciendo por sacar del error a quienes los proponen como vanguardia de la resistencia anti-islámica. Ya se ha señalado para el caso de la EpC que el mensaje altermundista, de vago humanismo espiritualista y antiliberal -el programa blando- de la asignatura no difiere sustancialmente de lo que viene propagando la Iglesia católica desde hace, como poco, cuatro décadas; y que el enfrentamiento clerical a la nueva maría tiene más bien que ver con una cuestión de cuotas de influencia y ataques de celos. Cabe dudar también de la verdadera autonomía material e intelectual de iglesias como la católica o la anglicana para terciar en una guerra cultural, no digamos demográfica. La iglesia española, por ejemplo, en un Estado semi-corporativo, ocupa un lugar no muy distinto de los sindicatos mayoritarios: pareja de baile necesaria en las coreografías de la política de partidos y de la redistribución pública. Mimbres escasos para plantear un nuevo Lepanto por su cuenta.

Pero es que, insisto, incluso ante un conjetural empowerment a las iglesias cristianas en forma de influencia educativa, legitimación política y, en suma, ocupación del espacio público, con todos los riesgos e inciertos beneficios que acarrearía, son los propios clérigos quienes dimiten a marchas forzadas del papel de Matamoros en el Choque de Civilizaciones que algunos les enjaretan. El último ejemplo lo proporciona el arzobispo de Canterbury, primado de la Iglesia de Inglaterra -una confesión, bien es cierto, particularmente proclive a los tics postmodernos. La cosa adquiere tintes particularmente tragicómicos si se piensa que en Nigeria, la segunda congregación anglicana del mundo, quizás la primera en practicantes reales, los conflictos en torno a la aplicación de la sharia son frecuentes y sangrientos. Es cierto que el primado de Inglaterra no tiene autoridad sobre el resto de provincias anglicanas; pero el título no debe de ser enteramente indiferente para ellas y, en cualquier caso, tampoco autoriza para frivolizar. Y la semana pasada, David Pryce-Jones comentaba el caso de Oxford, donde representantes de la comunidad musulmana -entre 6000 y 7000 de 150.000 habitantes- pretenden que el almuédano llame a la oración desde unos altavoces audibles en toda la ciudad, tres o, más probablemente, cinco veces al día. El escritor recuerda el famoso pasaje de Edward Gibbon -que tanto despreció a la clerigalla de su siglo- en el que se afirma que, de no haber detenido Carlos Martel la marea islámica en Tours, “la interpretación del Corán se enseñaría ahora en las escuelas de Oxford, y sus púlpitos proclamarían a un pueblo circunciso la santidad y verdad de la revelación de Mahoma”.

Y, ¿la postura del obispo de Oxford? Lo dejo a la imaginación de los lectores.

[1] – Es de señalar, con todo, que Spengler propone, más que la recristianización de una Europa de la que espera ya poco, el surgimiento de un África e incluso una China cristianas que se opongan al expansionismo islámico, y no necesariamente -no sólo- por la palabra.

 ACTUALIZACIÓN: Stumbling and Mumbling y el propio Pryce-Jones echan su cuarto a espadas hoy en torno al arzobispo Williams.

4 comentarios

  1. En Italia tienen muy calado ese discurso del contrapeso. Sin embargo, no creo que sea por Spengler.


  2. Te he conocido por Usafari.Por cierto, enhorabuena por tu premio.
    Totalmente de acuerdo con lo que dices, y es una vieja historia.De todas formas, convendría recordarle a Gibbon que si de Francia hubiera dependido, y no de España como ocurrió, toda Europa serái Islámica.La política francesa frente al Islam de Francia siempre fue, en su juego europeo, la del Conde Don Julián.

    Lo que me parece que se está produciendo a gran velocidad es un debate sordo en el mismo concepto de Iglesia, como comunidad fundada en “La Verdad de la Autoridad”- por citar al papa y su discurso para la Sapienza,cuando habló de la regla suprema de la “autoridad de la verdad”, debate al cual no escapan los de la Sola Scriptura.
    El “cura” arquetipo prefiere al musulmán que al agnóstico, y al avizorar futuros tiempos de batalla ve, entre otras cosas, cómo eso resolvería su erosionada situación actual.


  3. Es el problema de la “cura homeopática” que planteaba Freman en otro sitio. La única salida es el laicismo, es decir, un rearme político general, pero no tanto a la francesa, con esa historia de alianzas y traiciones que recuerda Dhavar, sino a la yanqui.


  4. Bienvenido, Dhavar, y gracias.



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