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Dark Satanic Mills

Abril 5, 2008

Leyendo sobre molinos y capitalistas, no he podido evitar acordarme de otros molinos, los satánicos de que habla Jerusalem, el poema de Blake convertido en himno por Parry [1]:

And did those feet in ancient time
walk upon England’s mountains green?
And was the holy Lamb of God
on England’s pleasant pastures seen?
And did the countenance divine
shine forth upon our clouded hills?
And was Jerusalem builded here
among these dark Satanic Mills?

Bring me my bow of burning gold!
Bring me my arrows of desire!
Bring me my spear! O clouds, unfold!
Bring me my chariot of fire!
I will not cease from mental fight,
nor shall my sword sleep in my hand,
till we have built Jerusalem
In England’s green and pleasant Land.

Pese a que circulan otras interpretaciones, es habitual considerar que dichos “molinos satánicos” simbolizan la irrupción de la primerísima revolución industrial en la “idílica” Inglaterra del siglo XVIII -esa que probablemente no había salido aún de la trampa malthusiana. En Gran Bretaña, las inevitables tensiones entre lo pasado, lo presente y lo -imaginado o temido- futuro se resolvieron de manera menos cruenta que en otros países (Alemania, Rusia, Japón, España, hoy el mundo árabo-islámico), quizás por la rapidez, completitud y originalidad de la transición, por la existencia del vasto imperio colonial, por las peculiaridades ideológicas, demográficas y políticas de la isla, o por otros factores más difíciles de identificar. Pero existieron. Los británicos fueron tan susceptibles como cualquier otro pueblo a experimentar la melancolía y el misoneísmo, si bien no tanto a sucumbir a ellos.

Greg Clark ha propuesto que las virtudes culturales que hicieron posible el surgimiento de la revolución industrial, la transición original del mundo malthusiano al actual, colmataron en la sociedad británica como consecuencia de un proceso de movilidad hacia abajo en la escala social -por el diferencial reproductivo de las clases acomodadas- en un contexto de estabilidad política y cultural, datable al menos desde el siglo XII. Se trataría de un conjunto de memes, ideologías, talantes y temas éticos entre los que sobresale la baja preferencia temporal, pero también otros ya conocidos como el cumplimiento de los contratos y la fidelidad a la palabra dada, la laboriosidad, el respeto por la cultura escrita y los números, etc. Un panorama aparentemente similar al descrito por Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, sólo que la tesis de Clark es materialista: la ética protestante no sería el desencadenante del proceso sino, en todo caso, una de sus manifestaciones [2].

Es cierto que Jerusalem debe su relevancia al espíritu patriótico más que al religioso; y que, si el músico Parry fue un ejemplar acabado del establishment cultural victoriano, es difícil proponer el excéntrico misticismo de Blake -que recibía a las visitas desnudo junto con su esposa- como prototipo de la religiosidad y la ética reformadas. No obstante, sirve para ilustrar las complejidades de la trama de cultura y producción de las sociedades modernas; una complejidad que permite intuir por qué las soluciones políticas y económicas multiusos no suelen dar buenos resultados, por qué la clave última del desarrollo sigue siendo, según la expresión de William Easterly, tan frustrantemente “esquiva”. Resulta más que posible que el clima moral del victorianismo y del renacer evangélico representados ejemplarmente por un Livingstone, fuese alumbrado por el mismo proceso de selección, genético y memético, que hizo posible la revolución industrial. Con todo, si el ethos protestante contiene algunos de los sine quae non de la sociedad capitalista [3], también, aunque quizás no tan acusadamente como el catolicismo -no digamos la Teología de la Liberación y otros experimentos postconciliares-, abundantes recelos y condenas de la destrucción creativa que aquélla implica, de los dark satanic mills que estropean el paisaje y las certidumbres de antaño [4].

NOTAS

[1] – Jerusalem, un coral -más que propiamente un himno- extremadamente popular en el mundo anglosajón, ha sido versionado, entre muchos otros, por ELP y Vangelis -y da nombre a la película cuya banda sonora contiene esta última versión, Chariots of Fire.

[2] – La formulación es mía; Clark no se detiene en el tema religioso.

[3] – Escribe Leo Strauss en la nota 22 del segundo capítulo de Natural Right and History:

Tawney rightly pointed out that the capitalist Puritanism studied by Weber was late Puritanism or that it was the Puritanism that had already made its peace with “the world”. This means that the Puritanism in question had made its peace with the capitalist world already in existence: the Puritanism in question was then not the cause of the capitalist world or of the capitalist spirit.

[4] – A la vez, los evangélicos ingleses se hallaron enfrentados a los nostálgicos del viejo orden como Carlyle, Ruskin y Dickens, y aliados a economistas ricardianos como Stuart Mill y reformistas radicales como Bright y Cobden, en asuntos como la abolición de la esclavitud.

7 comentarios

  1. Ese elemento esquivo…gran entrada.Me viene a la memoria la más que peculiar coincidencia de Marx-aclaro, Marx en El Capital, cuando describe la acumulación primitiva de riqueza en Inglaterra- y Chesterton.Ambos tenían claro que la clave del proceso fue la revuelta oligárquica, que inicia la nobleza, contra las leyes y más allá de ellas, no con un espíritu puritano ni protestante ni mediopensionista, sino con el espíritu de amoralidad paganizante de la nobleza consolidado en el período isabelino.


  2. Para dar cuenta de la revolución industrial habría que explicar no sólo la parte de la producción, sino la de la demanda, y aquí, en esta “revolución del consumo” que venía gestándose, como dices, de un par de siglos atrás, puede tener un papel la tesis marxiana que citas. Escribí algo aquí.

    Pero, vaya, ten cuidado con juntar a Marx y Chesterton, que le puedes provocar un infarto a todos los Pradas y demás miembros de la cofradía chestertoniana que han brotado en España cual setas de cuatro años para acá.


  3. Es curioso que un pasaje tan sumamente importante radique en una nota. También resulta algo enigmático que Strauss no saque más consecuencias (materialistas, las únicas que cabe) de él.


  4. La nota es muy extensa, y apunta también que el verdadero cambio hay que buscarlo más bien -¿causa o efecto?- en una revolución de las mentalidades seculares operado, o iniciado, alrededor del siglo XVII (Galileo-Kepler-Newton). Se puede argüir que no es el tema central del libro, y que Strauss lo trae a colación para hablar de la filosofía de la historia de Weber, etc, etc, pero sí, es bastante extraño que aparezca marginalmente, y me ha llamado la atención desde la primera vez que lo leí y subrayé.

    O, poniéndonos straussianos chungos, igual aparece en una nota precisamente por su suma importancia. A ver si Gregorio tiene algo que decir.


  5. J:

    Sí, ya me he fijado en el fenómeno.Es curioso,Cuando empecé a leer a Chesterton, a los 16 o así-allá por el jurásico-, en los mismos entornos era medio sospechoso.De todas formas, es precisamente la visión económica de Chesterton la parte menos encajable de él para los nuevos apologetas.


  6. A quienes nos gustaba Yes, nos sorprendía, en su momento, el “threads that link diamonds of lights to the satanic mills” de “Machine Messiah” (Drama). La imagen no era excesivamente profunda (era de los mismos que cantaban aquello de que el “video killed the radio star”), pero era su obviedad la que la convertía en sarcasmo.


  7. Este es un poco el debate del huevo y la gallina. Pero cuando leemos de la disciplina del trabajo impuesta por Calvino en Ginebra, el cambio social que supuso el nuevo individualismo protestante en múltiples lugares, vemos un poco que la idea es anterior a la praxis y que es la idea la que luego produce la praxis, es la disciplina del trabajo la que construye los instrumentos de producción. Es el elemento de agrupación humano, galvanizado por el nuevo pensamiento religioso, el cual a la postre produce las condiciones materiales del capitalismo serializado.



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