Cuando el cine alimenta el odio se titula la última entrada de Mónica G. Prieto en el blog de El Mundo dedicado a Oriente Medio. La bitácora -en realidad, uno de esos falsos blogs sin hipervínculos ni comentarios que proliferan ahora en los viejos medios- carece por lo corriente de otro interés que no sea el documentarse sobre los vicios de pensamiento y la mauvais foi del periodismo occidental. Por lo general, no se aparta un milímetro de las versiones estándar sobre los varios conflictos de la zona, esas que tan bien sintetiza la obra pseudo-historiográfica de Robert Fisk. Un inconcreto anarquismo altermundista en el que -es mi opinión- no se criminaliza tanto a Israel por judío y a EEUU por capitalista cuanto a ambos por ser Estados modernos frente a, en la visión ideal, un magma de pueblos intrahistóricos, de salvajes nobles y leales aun si un poco brutos.
La corresponsal Prieto se ha destacado por ser la más beligerante de la terna bloguera, internándose a veces decididamente en terrenos a los que nos han acostumbrado Maruja Torres y otros insignes propagandistas. Hoy lo borda. Transcribo el final de su artículo, negritas mías.
Desde que comprobó el tono calumnioso con el que el cine trata a la comunidad árabe, Shahin se dedica a dar conferencias en todo el mundo para poner de relieve el daño que hacen los estereotipos en el subconsciente colectivo [sic]. También actúa como consultor de algunos directores que no desean caer en el tópico –asesoró a la caracterización de personajes de ‘Tres Reyes’ y ‘Syriana’- y prosigue con sus libros, el quinto y último titulado ‘Culpable: El Veredicto de Hollywood sobre los Árabes tras el 11-S’, en que analiza las películas realizadas tras los atentados contra las Torres Gemelas.
Quizás sería interesante hacer un estudio sobre cómo ocurre exactamente lo contrario con la cultura judía, asimilada como parte indisoluble de la cultura occidental gracias a Hollywood. Muchas de las cintas norteamericanas que pueden verse en cine y televisión muestran ceremonias tradicionales judías (presentadas como si todos los espectadores tuvieran que estar familiarizados con ellas), aluden a las fiestas del calendario judío como si fueran universales e incluyen la kippa (el tradicional tocado judío) con una frecuencia pasmosa, mientras resulta inimaginable que ninguno de los protagonistas emplee –no ya con la misma asiduidad, sino en una sola ocasión durante toda la cinta- el típico pañuelo árabe. Así resulta difícil que la sociedad estadounidense cuestione la política israelí en Oriente Próximo.
El último párrafo en particular es magnífico: introduce a Israel y al judaísmo donde aparentemente no tenía nada que ver -¡pero cómo no van a tener que ver!-, y lo hace para apuntalar una explicación deliciosamente blank slater, esto es, periodística, de la hipotética arabofobia: los americanos odian -primera suposición- a los árabes porque en las películas salen árabes malos; y no, pongamos por caso, y demos por buena la primera suposición, porque unos árabes que no estaban actuando destruyeron el centro de Manhattan. Y el judaísmo es parte de Occidente porque así lo dicta Hollywood que, como todo el mundo sabe, está dominado por los judíos.
Uno, si acaso, piensa que los discursos occidentales sobre el islam y el mundo árabe pecan más bien de hipercorrección, pero admitamos que el profiling ha sido y será práctica poco menos que inevitable; más aún cuando la vida pueda ir en ello. Sin embargo, en cuanto a instrumentalización de los medios para el odio de raza y religión, EEUU tiene poco que enseñar a dar-al-Islam. Unos pocos ejemplos:
Al Rafidein TV (Iraq). Los Presidentes de EEUU, carniceros de la historia -incluyendo a Lincoln y Wilson.
Hamas TV. El ministro de cultura (?) de Hamas lee los Protocolos de los Ancianos de Sión.
Hamas TV. Un vídeo musical: “Una bomba cada minuto… trozos de carne de judíos en bolsas negras”.
Un tráiler: El Valle de los Lobos -Iraq. El blockbuster de acción turco se desarrolla en un Iraq más parecido al Grossraum nazi, donde los americanos matan civiles a diestro y siniestro y un médico judío roba órganos para venderlos en el mercado negro -a otros judíos, claro.
Y un clásico: Farfur, el gemelo supremacista de Mickey…
… asesinado por los sionistas.
¿Una muestra representativa? Supongo que, por lo menos, tanto como la seleccionada por Shahin. Mucho más en MEMRI. Con todo, ya saben ustedes que el género en que los cineastas árabes están innovando verdaderamente es el documental de ficción.


genetix
Mayo 6, 2008
En cuanto al trailer de l valle de los lobos, si bien no consensúo ese tipo de propaganda no es ni más ni menos que lo que Hollywood nos ha tirado encima por décadas y décadas. Como dice el slogan de Boomerang, todo vuelve (yo agrego, lo bueno y lo malo)
Deivid
Mayo 8, 2008
La manipulación sionista de Holywood clama al cielo, solo hace falta ver todas esas películas del Holocausto que presentan a los judíos como víctimas.
Dwight
Mayo 10, 2008
J, eres un facineroso…
Qué pena. Prácticamente toda la prensa escrita española es antijudía, incluso la de derechas. Viva el periodismo objetivo. País.
soil
Mayo 10, 2008
Con todo, para mí lo más apasionante es lo de: “la cultura judía, asimilada como parte indisoluble de la cultura occidental gracias a Hollywood.”
Será que la chica esa se cultiva a través de Hollywood, y nada más. Porque si no, no lo entiendo.
santiagonavajas
Mayo 19, 2008
Gran post