Cultura y conflicto en Oriente Medio

Posted on Julio 28, 2008 porJ


Recojo una crítica de Manel a la exposición de Judas sobre Ibn Warraq para presentar un libro que ya se mencionó en este artículo: Culture and conflict in the Middle East, del antropólogo estadounidense Philip Carl Salzman.

La objeción de Manel me parece básicamente acertada, y ya Kantor y yo tuvimos una charla en este sentido en Aranjuez. Según el artículo enlazado arriba:

Desde esta perspectiva, la controversia sobre la culpabilidad del islam en el terrorismo global y el expansionismo islamista, el aburrido cruce de citas coránicas y agravios históricos, pierde relevancia en favor de un análisis más profundo que se pregunte, sí, por las root causes, pero no en el sentido apologético de los discursos anti-occidentales. Combatir el islam sería combatir una manifestación, o una parte de un complejo cultural más amplio [14], antes que atacar el problema en toda su dimensión. Pues el mismo islam no sería sino la cristalización del tribalismo, el impulso universalista de una sociedad pre-estatal; y Mahoma, un reformador avanzado que, sin embargo, no pudo -ni pudo concebir- ir más allá de los límites que la estructura social de su pueblo le imponía.

Es decir, no basta con decir que el islam es contrario per se a la democracia, como lo es hoy. Hace falta un análisis más profundo de por qué el islam no se ha reformado en un sentido parecido al cristianismo o el judaísmo de la diáspora. Y hace falta indagar sobre las causas de la inexistencia en dar-al-Islam de un proceso de constitución política parelelo al de Occidente. En este sentido, es ilustrativo el esquema de los tres islams que proponía Ibn Warraq: el islam del mensaje mahometano original; el islam de las tradiciones jurídicas; y el islam aplicado en la práctica por las sociedades islámicas. Si no me equivoco, este último sería análogo a lo que Daniel Pipes llama la síntesis medieval: la dosis máxima de rigorismo -por explicarlo de una manera llana- que las sociedades políticas musulmanas podían permitirse sin comprometer su funcionamiento en términos fiscales, militares, de capital humano, etc.

En suma, la civilización islámica es un conjunto complejo; y, centrándonos exclusivamente en la religión, discutiendo sobre tal o cual sura o hadiz, es difícil explicar satisfactoriamente tanto los omeyas cordobeses que instalaban fuentes de vino como los alfaquíes que pedían -y a veces conseguían- arrancar las vides de al-Ándalus.

En Culture and conflict in the Middle East, Philip Carl Salzman propone un modelo interpretativo para las sociedades entre el Magreb y Pakistán que trata de explicar su aproximación al conflicto, la copertenencia y los valores políticos. Basándose en investigaciones de Evans Pritchard -sobre los nuer y los sanusi- o J. Ginat, G. Kressel y E. Marx -beduinos israelíes-, pero también en el trabajo de campo del propio autor con los sarhadis de Baluchistán, Culture and conflict… gira en torno al concepto de balanced opposition. Las culturas tribales de la franja citada se organizan en clanes familiares patriliniales con un ancestro común, recogidos sucesivamente en estructuras superiores con parentesco más lejano, cuyo techo es -o era hasta la irrupción del islam- la tribu. Estás secciones son las que articulan la resolución de los conflictos: las solidaridades y la posición de cada miembro de la tribu están definidas por el parentesco y la localización geográfica, de manera que aquel siempre ha de tomar partido por los más cercanos familiar y espacialmente frente a los más alejados. Finalmente, todos los miembros de la tribu están unidos frente a los extraños a ésta. El esquema se resume gráficamente en un proverbio árabe: “Yo contra mi hermano; mi hermano y yo contra mi primo; mi hermano, mi primo y yo contra el mundo”.

La “oposición equilibrada” permite, en sus distintas escalas, enfrentar grupos más o menos equivalentes en términos demográficos y, por tanto, de poder. Se genera así un equilibrio de fuerzas que determina una resolución no cruenta de la mayoría de los conflictos, aunque los estallidos de violencia no sean del todo infrecuentes. Para mantener este equilibrio, los linajes se apoyan en diversos métodos: principalmente, un fuerte patriarcalismo con poliginia, que maximiza la reproducción y, por tanto, la fuerza de trabajo y militar del grupo, y mantiene a la mujer sometida al varón; pero también otros expedientes, como la adopción de clientes y extraños en los clanes, falseando la genealogía.

Los estudios con beduinos sedentarizados en Israel sugieren que la organización tribal subsiste varias generaciones tras la marcha a la ciudad. Estas pervivencias tribales pueden constituir una clave importante del fracaso de la política -entendida al menos al modo occidental- en Oriente: la imposibilidad de las sociedades políticas medio-orientales de adoptar el constitucionalismo y la democracia, de dotarse de instrumentos jurídicos y políticos solventes para administrar y transmitir el poder, la ausencia de lealtades abstractas y de virtudes republicanas. Al observador de la actualidad quizá le sugieran algo los ejemplos del Líbano, Gaza e Iraq. Al faccionalismo de la balanced opposition habría que sumar el complejo “honor/vergüenza” como determinante del estatus del hombre. El libro de Salzman contiene algunos ejemplos escalofriantes de crímenes de honor, cuyo origen se halla en la valoración social del padre, marido o hermano antes que en la piedad o el puritanismo. Cada familia, clan, facción o tribu también tiene un honor colectivo, que ha de ser defendido igual de implacablemente. La Nakba de 1948, por ejemplo, es una herida abierta en el honor de los palestinos, de los árabes y de los musulmanes en general, agravada por las sucesivas derrotas militares. La reparación del honor lesionado impide el compromiso. Una nota para los incondicionales de los incentivos y la “resolución de conflictos”: en la “oposición equilibrada”, como la descrita por Gideon Kressel entre los beduinos sedentarizados de Ramla, la parte que sufre mayores daños físicos se considera perdedora, aunque reciba una compensación económica tras la mediación. Por ello, en las presentaciones ritualizadas de agravios ante el mediador, cada parte empieza minimizando los daños sufridos; sólo hará un recuento fiel, o exagerado incluso, cuando ya haya sido declarada perdedora, para maximizar la compensación que debe pagarle la otra, y el agravio persistirá.

¿Cómo encajar el islam en este cuadro? La llegada del mensaje coránico, siguiendo a Salzman, permitió romper el techo tribal: la solidaridad podía extenderse a toda la umma frente -porque, como diría Gustavo Bueno, y nunca más pertinentemente que aquí, la solidaridad siempre es frente- a los infieles; que a su vez estaban considerados jerárquicamente según su proximidad al islam -de los cristianos y judíos, Ahl-al-Kitab, a los paganos. La expansión original del islam quizás sea el hecho peor estudiado y comprendido de la historia en relación con su importancia. La tesis de Salzman permite ajustar con alguna precisión las habituales vaguedades sobre la unificación de Arabia por Mahoma con que se suele despachar la cuestión.

Lecturas: Philip Carl Salzman, The Tribal Foundation of Middle Eastern Islamic Culture; The Middle East’s Tribal DNA; Culture and Conflict in the Middle East. Daniel Pipes, The Middle East’s Tribal Affliction; Applying Philip Salzman’s Theory to Gaza. Stephen Kurtz, I and my brother against my cousin. Robert Kaplan, It’s the Tribes, Stupid!