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Recojo una crítica de Manel a la exposición de Judas sobre Ibn Warraq para presentar un libro que ya se mencionó en este artículo: Culture and conflict in the Middle East, del antropólogo estadounidense Philip Carl Salzman.
La objeción de Manel me parece básicamente acertada, y ya Kantor y yo tuvimos una charla en este sentido en Aranjuez. Según el artículo enlazado arriba:
Desde esta perspectiva, la controversia sobre la culpabilidad del islam en el terrorismo global y el expansionismo islamista, el aburrido cruce de citas coránicas y agravios históricos, pierde relevancia en favor de un análisis más profundo que se pregunte, sí, por las root causes, pero no en el sentido apologético de los discursos anti-occidentales. Combatir el islam sería combatir una manifestación, o una parte de un complejo cultural más amplio [14], antes que atacar el problema en toda su dimensión. Pues el mismo islam no sería sino la cristalización del tribalismo, el impulso universalista de una sociedad pre-estatal; y Mahoma, un reformador avanzado que, sin embargo, no pudo -ni pudo concebir- ir más allá de los límites que la estructura social de su pueblo le imponía.
Es decir, no basta con decir que el islam es contrario per se a la democracia, como lo es hoy. Hace falta un análisis más profundo de por qué el islam no se ha reformado en un sentido parecido al cristianismo o el judaísmo de la diáspora. Y hace falta indagar sobre las causas de la inexistencia en dar-al-Islam de un proceso de constitución política parelelo al de Occidente. En este sentido, es ilustrativo el esquema de los tres islams que proponía Ibn Warraq: el islam del mensaje mahometano original; el islam de las tradiciones jurídicas; y el islam aplicado en la práctica por las sociedades islámicas. Si no me equivoco, este último sería análogo a lo que Daniel Pipes llama la síntesis medieval: la dosis máxima de rigorismo -por explicarlo de una manera llana- que las sociedades políticas musulmanas podían permitirse sin comprometer su funcionamiento en términos fiscales, militares, de capital humano, etc.
En suma, la civilización islámica es un conjunto complejo; y, centrándonos exclusivamente en la religión, discutiendo sobre tal o cual sura o hadiz, es difícil explicar satisfactoriamente tanto los omeyas cordobeses que instalaban fuentes de vino como los alfaquíes que pedían -y a veces conseguían- arrancar las vides de al-Ándalus.
En Culture and conflict in the Middle East, Philip Carl Salzman propone un modelo interpretativo para las sociedades entre el Magreb y Pakistán que trata de explicar su aproximación al conflicto, la copertenencia y los valores políticos. Basándose en investigaciones de Evans Pritchard -sobre los nuer y los sanusi- o J. Ginat, G. Kressel y E. Marx -beduinos israelíes-, pero también en el trabajo de campo del propio autor con los sarhadis de Baluchistán, Culture and conflict… gira en torno al concepto de balanced opposition. Las culturas tribales de la franja citada se organizan en clanes familiares patriliniales con un ancestro común, recogidos sucesivamente en estructuras superiores con parentesco más lejano, cuyo techo es -o era hasta la irrupción del islam- la tribu. Estás secciones son las que articulan la resolución de los conflictos: las solidaridades y la posición de cada miembro de la tribu están definidas por el parentesco y la localización geográfica, de manera que aquel siempre ha de tomar partido por los más cercanos familiar y espacialmente frente a los más alejados. Finalmente, todos los miembros de la tribu están unidos frente a los extraños a ésta. El esquema se resume gráficamente en un proverbio árabe: “Yo contra mi hermano; mi hermano y yo contra mi primo; mi hermano, mi primo y yo contra el mundo”.
La “oposición equilibrada” permite, en sus distintas escalas, enfrentar grupos más o menos equivalentes en términos demográficos y, por tanto, de poder. Se genera así un equilibrio de fuerzas que determina una resolución no cruenta de la mayoría de los conflictos, aunque los estallidos de violencia no sean del todo infrecuentes. Para mantener este equilibrio, los linajes se apoyan en diversos métodos: principalmente, un fuerte patriarcalismo con poliginia, que maximiza la reproducción y, por tanto, la fuerza de trabajo y militar del grupo, y mantiene a la mujer sometida al varón; pero también otros expedientes, como la adopción de clientes y extraños en los clanes, falseando la genealogía.
Los estudios con beduinos sedentarizados en Israel sugieren que la organización tribal subsiste varias generaciones tras la marcha a la ciudad. Estas pervivencias tribales pueden constituir una clave importante del fracaso de la política -entendida al menos al modo occidental- en Oriente: la imposibilidad de las sociedades políticas medio-orientales de adoptar el constitucionalismo y la democracia, de dotarse de instrumentos jurídicos y políticos solventes para administrar y transmitir el poder, la ausencia de lealtades abstractas y de virtudes republicanas. Al observador de la actualidad quizá le sugieran algo los ejemplos del Líbano, Gaza e Iraq. Al faccionalismo de la balanced opposition habría que sumar el complejo “honor/vergüenza” como determinante del estatus del hombre. El libro de Salzman contiene algunos ejemplos escalofriantes de crímenes de honor, cuyo origen se halla en la valoración social del padre, marido o hermano antes que en la piedad o el puritanismo. Cada familia, clan, facción o tribu también tiene un honor colectivo, que ha de ser defendido igual de implacablemente. La Nakba de 1948, por ejemplo, es una herida abierta en el honor de los palestinos, de los árabes y de los musulmanes en general, agravada por las sucesivas derrotas militares. La reparación del honor lesionado impide el compromiso. Una nota para los incondicionales de los incentivos y la “resolución de conflictos”: en la “oposición equilibrada”, como la descrita por Gideon Kressel entre los beduinos sedentarizados de Ramla, la parte que sufre mayores daños físicos se considera perdedora, aunque reciba una compensación económica tras la mediación. Por ello, en las presentaciones ritualizadas de agravios ante el mediador, cada parte empieza minimizando los daños sufridos; sólo hará un recuento fiel, o exagerado incluso, cuando ya haya sido declarada perdedora, para maximizar la compensación que debe pagarle la otra, y el agravio persistirá.
¿Cómo encajar el islam en este cuadro? La llegada del mensaje coránico, siguiendo a Salzman, permitió romper el techo tribal: la solidaridad podía extenderse a toda la umma frente -porque, como diría Gustavo Bueno, y nunca más pertinentemente que aquí, la solidaridad siempre es frente- a los infieles; que a su vez estaban considerados jerárquicamente según su proximidad al islam -de los cristianos y judíos, Ahl-al-Kitab, a los paganos. La expansión original del islam quizás sea el hecho peor estudiado y comprendido de la historia en relación con su importancia. La tesis de Salzman permite ajustar con alguna precisión las habituales vaguedades sobre la unificación de Arabia por Mahoma con que se suele despachar la cuestión.
Lecturas: Philip Carl Salzman, The Tribal Foundation of Middle Eastern Islamic Culture; The Middle East’s Tribal DNA; Culture and Conflict in the Middle East. Daniel Pipes, The Middle East’s Tribal Affliction; Applying Philip Salzman’s Theory to Gaza. Stephen Kurtz, I and my brother against my cousin. Robert Kaplan, It’s the Tribes, Stupid!


Manel
Julio 29, 2008
Vaya, para una vez que tengo razón no discute nadie…
J
Julio 29, 2008
Pues sí; si lo llego a saber, no le dedico ni la mitad de tiempo al post
judas
Julio 30, 2008
Ups, no tenía intención de «presentar debate» porque la objeción tribalista de Manel la comparte hasta a quien se la hizo.
Muy interesante el enlace, J. Me lo guardo.
Kantor
Julio 31, 2008
Y yo tambien. El tema es importante: entender la lógica hobbesiana de una sociedad tribal, y mucho más, predecir si este tipo de sociedades están en proceso de descomposicion, o si el triabismo islamico puede ser sostenible en un entorno urbano e industrial
Manel
Julio 31, 2008
Dado que os interesa el asunto, uno de estos días facilitaré herramientas (qué fino soy) para mejorar la perspectiva. Esperemos que J vea compensado el tiempo dedicado a este post
hector1564
Julio 31, 2008
Ya que se quiere marcha, yo me propongo para sparring. Advirtiendo que mis conocimientos de política exterior son bastante lamentables. (Siento si queriáis enemigos de mayor enjundia intelectual). Digo:
La afirmación de que el islam es una emanación del tribalismo me parece un poco trivial porque precisamente el surgimiento evolutivo de cualquier religiosidad institucionalizada ha sido motivado por el objetivo de ahondar y fortalecer el instinto tribal. No se dice nada nuevo. Decir, sin embargo, que hay que preocuparse del tribalismo es como decirle a un paciente con un tumor en el cerebro que su auténtico problema no es el tumor sino el cáncer. Otra cosa es que el estudio genérico del cáncer (del tribalismo) sirva para entender el tumor cerebral(el islam).
No obstante, lo distintivo del islam (y de cualquier religión institucionalizada) respecto a cualquier forma de tribalismo es que por su dinámica de fe y autoridad anula cualquier tipo de racionalización o cientificación de la política y la cultura ahondando así en una miseria social que no está al alcance de ningún otro tipo de tribalismo.
Estudiando, pues, el conflicto de Oriente medio sólo desde la perspectiva tribal no se dará para alcanzar la solución a los problemas que genuinamente aporta el islam (guerra santa, sharia, etc…) frente a otros modos de tribalismo y que son precisamente los más acuciantes para Occidente.
Saludos
J
Julio 31, 2008
“La afirmación de que el islam es una emanación del tribalismo me parece un poco trivial porque precisamente el surgimiento evolutivo de cualquier religiosidad institucionalizada ha sido motivado por el objetivo de ahondar y fortalecer el instinto tribal.”
Bueno, esto no es exacto. La Iglesia Católica, por ejemplo, no reproduce una tribu sino un Estado, el tardorromano. De hecho, no lo reproduce: lo es.
En cuanto a la sharia y la yihad (siempre siguiendo el análisis en las coordenadas de Salzman). Como queda claro mediante el análisis de los “tres islams”, de las tradiciones legales y del desarrollo histórico de las sociedades islámicas, no hay una medida única de rigorismo o de literalidad. La interpretación de la ley depende enormemente de la tradición y de la escuela jurídica. Y, por ejemplo, como muestra Salzman, los crímenes de honor contra adúlteras, jóvenes que pierden la virginidad, etc, no se producen porque el agresor esté horrorizado o escandalizado por la infracción, sino debido a que ésta, cuando es conocida, reduce su consideración o estatus frente a la comunidad, es decir, la tribu. La yihad, por otro lado, sería el correlato religioso del mandato tribal de expandirse a costa de los territorios, los rebaños y las vidas de grupos no emparentados.
(Todo esto de una manera muy resumida y pedestre.)
hector1564
Julio 31, 2008
Hola J,
Yo sí creo que el catolicismo, a la postre, reproduciría una tribu, o mejor dicho, necesitaría para su supervivencia de un instinto tribal. Pienso en las cruzadas.
Ahora mismo no recuerdo si ha existido un imperio o hegemonía sin una religión que mantenga cohesionada a la sociedad.
Dices:
los crímenes de honor contra adúlteras, jóvenes que pierden la virginidad, etc, no se producen porque el agresor esté horrorizado o escandalizado por la infracción, sino debido a que ésta, cuando es conocida, reduce su consideración o estatus frente a la comunidad, es decir, la tribu
Bien. Pero la cuestión es ¿por qué esos crímenes y no otros reducen el estatus frente la comunidad? Porque el islam hace que el tribalismo, el instinto tribal, se mueva bajo sus coordenadas de forma que si el islam censura el adulterio este quedará proscrito. Así su violación quedará mal vista por aquellos que sean islamistas y tengan miedo a quedar excluidos.
La yihad, por otro lado, sería el correlato religioso del mandato tribal de expandirse a costa de los territorios, los rebaños y las vidas de grupos no emparentados
Correcto. Pero precisamente lo que consigue el islam (y por extensión muchas religiones) es que esos sentimientos tribales, lejos de mostrarse contraproducentes a largo plazo para la sociedad como se ha conseguido comprender en Occidente, se hayan convertido en mandatos incuestionables por ser revelados mediante la religion. El islam prohibe, por su propio mecanismo anti-racionalista, el cuestionamiento de la adaptatividad, de la conveniencia de los instintos tribales. Eso es lo que lo hace tan peligroso porque no deja, a diferencia de otros tribalismos, margen de mejora.
hector1564
Agosto 6, 2008
Hola J,
Como veo en tu blog que sabes de historia me gustaría hacerte una pregunta off-topic:
¿Qué te parece la figura de Octavio Augusto?
¿Lo ves como la demostración de que una civilización no puede sobrevivir sin un estado de derecho (y en este caso habría que decir que Octavio al fundar el estado moderno resultó beneficioso para Roma) o más bien lo ves como un dictador que a la maner de Franco se aprovechó del caos que había para erigirse como supremo monarca (y en este caso habría que decir que Octavio resultó un cáncer para Roma)?
J
Agosto 6, 2008
Te contesto 2 en 1.
Yo me debo de estar volviendo un marxistazo, porque no me da la impresión de que el islam haga moverse al tribalismo en sus coordenadas, sino de que el islam es como es porque se mueve en las coordenadas del tribalismo. En general, los peores crímenes parecen tener que ver con la transmisión del acervo genético y con la asabiya, la unión del grupo; lo que tiene sentido si hablamos de grupos divididos en fracciones sucesivas unidas por parentesco. Por ejemplo, un hombre puede ser adúltero, pero no con una mujer cuya custodia se le ha encomendado públicamente; puede robar, pero no bienes que se le haya encargado guardar, etc. Creo que, por regla general, conviene buscar la explicación de lo teológico en lo material y no al revés. Por supuesto, las ideas pueden después adquirir una entidad propia y condicionar lo material, creo que en esa dialéctica andamos.
Sobre Octavio, las dos versiones que mencionas no me parecen excluyentes. Era, evidentemente un oportunista,que jugó la baza del “rearme moral” romano contra Antonio, al que la propaganda octaviana presentaba como un orientalizante hechizado por la ramera egipcia. Con todo, es cierto que Antonio, como antes el propio Julio César, representaban realmente una cierta orientalización en sentido helenístico. César preparaba una expedición contra los partos cuando fue asesinado. Así que algo de razón llevaba, y su obra fue esencialmente conservadora y restauradora. De todas formas, independientemente de lo que él pensase que estaba haciendo, o de sus logros momentáneos, debidos en no pequeña medida al agotamiento de romanos e italianos, el Imperio es ya la incorporación definitiva de Roma a la dinámica histórica del helenismo, que era poderosísima cultural y socialmente. Por así decirlo, como si el helenismo -el magma de cultura griega, judía y oriental- dominado por Roma empezase a salirse por las costuras reventadas del estado romano. Pensemos que un siglo de guerras civiles había diezmado a las familias romanas más antiguas (algo así como esa versión según la cual el comunismo cayó pacíficamente en el 89 porque 80 años de purgas habían acabado con todos los comunistas verdaderos). Los senadores del imperio eran su mayoría homines novii; y desde el siglo III ya predominaban los provinciales. Calígula y Nerón, por poner dos ejemplos conocidos, y al margen de sus crímenes reales o inventados, representan tentativas de formas monárquicas helenísticas al margen de la bicefalia senado-príncipe. Y el giro hacia Oriente es ya total desde la crisis del siglo III. De hecho, podría decirse que a partir del edicto de ciudadanía de Caracalla y de los emperadores ilirios, ya no queda rastro de una entidad política romana, sino un estado mediterráneo grecoparlante en buena medida y con una forma monárquica helenística orientalizante.
Así que, por resumir este tocho que me parece que no aclara gran cosa, Octavio pudo pensar que su obra restauraba la república, pero inauguró su disolución; y por entonces ya no se podría hacer otra cosa, seguramente, incluso en términos puramente demográficos. Vuelvo a lo de arriba; no creo que se pueda hacer responsable a Octavio de mucho de positivo ni negativo en el largo plazo.
hector1564
Agosto 7, 2008
Hola J,
Respecto al islam:
Estamos en el controvertido binomio religión-cultura cuya dialéctica nos es esquiva. No podemos decir quien es el influyente y quien es el influido. Tal vez podramos saber cuando las generaciones de islamistas nacidos en Occidente y que al encontrarse en la aldea global escapan de la influencia tribal pero siguan siendo islamistas, podramos saber, repito, si siguen siendo fanaticamente antioccidentales o no.
Respecto a Octavio:
Gracias por la respuesta.
Déjame que siga el off-topic y dé mi opinión con más dudas que certidumbres.
Augusto seguramente quería, como César, ser un monarca absoluto pero para mantenerse en el poder tuvo que crear una nueva Roma. Como él dijo llegó a una Roma de barro y legó una Roma de mármol. La cuestión es ¿la Roma marmólea hubiera existido sin él o sin alguién que hubiera hecho algo como él? Me interesa mucho esa época porque la Roma pre-Cesariana se parece mucho, salvando las distancias, a ciertos elementos vindicados por el anarcocapitalismo como beneficiosos para la sociedad. Hay que tener en cuenta que no existía ejércitos sino legiones pagadas por manos privadas (Octavio si no hubiera sido por el dinero legado por César en su testamento no hubiera tenido legiones para defender sus intereses), carecían de fuerza policial, magistratura profesional, no existían los impuestos desde hace un siglo, etcétera… y sin embargo, la República no se sostenía ¿Por qué? ¿Se necesitaba un estado como hizo Augusto que impuso una policía, un cuerpo de bomberos, un ejército (guardia pretoriana), control de las fronteras del imperio, etcétera?
Creo que se pueden sacar muchas lecciones de esa época, al fin y al cabo, allí nació el estado moderno. Adivinar sus motivos daría una mayor comprensión de lo que una sociedad necesita. Por ejemplo, el tema de las proscripciones llevadas a cabo por el segundo triunvirato nos demuestra que no hace falta un Estado fuerte para eliminar físicamente a los disidentes políticos, etcétera.
¿Que te parece la analogía? ¿Rebuscada?
Bueno acabo aquí mi pensamiento divagador y nadería que hecho con esta música de fondo:
http://uk.youtube.com/watch?v=NNkn-Zi_SSc
Saludos
J
Agosto 8, 2008
“¿Que te parece la analogía? ¿Rebuscada?”
No, no me parece excesivamente rebuscada. Yo creo que hay que tener cuidado con estas cosas pero, si no se buscan las analogías en la historia, ¿dónde? Y, por decirlo claramente, me parece que el problema principal de la mayoría de anarquistas es que tienen una ignorancia verdaderamente enciclopédica de la historia. Por ejemplo, cuando hablan del Estado, ocultan o ignoran que el control de los Estados sobre el personal ha sido bastante laxo durante la mayor parte de la historia, que el Estado más o menos centralizado, con una fiscalidad racionalizada, burocratizado, etc, es de aparición muy reciente. Y esa aparición ha coincidido, curiosamente, con un aumento exponencial de la prosperidad y la libertad individual.
Las milicias privadas son una constante en la historia, cosa que tampoco dicen. Pero, claro, esta gente es capaz de defender que los ejércitos de, pongamos, la Guerra de los Treinta Años, eran más disciplinados y humanos que los actuales -no me lo estoy inventando, eso lo he leído.
Entiendo por dónde vas con lo de Augusto y el Estado moderno, pero hay que matizar. El Estado romano, por lo menos en el Alto Imperio, era todavía una “red” -todas las comillas del mundo- de ciudades bastante autónomas y con distintos estatus, dentro de las cuales había a su vez población de distintos orígenes y estatus legales. Si entendemos que hay un proceso hacia un Estado centralizado, a partir del siglo III se trata en todo caso de uno de tipo oriental, que se expande por necesidades puramente fiscales sin ofrecer apenas contrapartidas -y claro, la gente deserta y huye al campo. No corresponde a un proceso digamos de constitución civil como pueda ser el de EEUU. Por ejemplo, la Constitutio Antoniniana, es decir, la extensión de la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio, de la que hablaba arriba, se puede interpretar en estos términos (cito de memoria, pero creo que se trataba de extender un impuesto patrimonial o de sucesiones aplicado sólo a los ciudadanos).
También habría que decir que la distinción entre lo privado y lo público exactamente tal como la concebimos hoy no existía, por los motivos citados en el primer párrafo. Por ejemplo, los ciudadanos más insignes de cada ciudad financiaban obras públicas y se responsabilizaban con su patrimonio de la recaudación de impuestos -cosa que provocó la ruina de esta clase social hacia el Bajo Imperio. Los libertos imperiales fueron los funcionarios encargados de la administración pública, por ejemplo, bajo Claudio -cosa lógica, porque eran más o menos de su confianza; pensemos que en España, el asunto del funcionariado no estaba resuelto en pleno siglo XIX-, etc.
A mí me gusta expresarlo de esta manera, que no sé si es muy ortodoxa: antes de la aparición de las lealtades abstractas en sentido moderno, la política se basaba en buena medida en relaciones personales. Esto se ve de manera clarísima en el feudalismo, pero está presente en Roma -las relaciones clientelares, el culto al emperador, las milicias privadas… al fin y al cabo, en los comitia tributa se votaba por tribus, cuyo origen es claro aunque en la República no tuvieran ya un contenido étnico o genético. Y con esto volvemos al tema del post
.
Sobre lo de las milicias y los bomberos, etc, conocerás la historia de Craso, el hombre más rico de su tiempo, que tenía un inmenso patrimonio en insulae de ínfima calidad, bastante proclives a arder, y era a la vez el patrón de las cuadrillas de bomberos…
Por resumir, conviene tener presente que la ordenación de lo público y lo privado, y su propia concepción, han variado enormemente en la historia, y que ninguna ordenación ha traído el paraíso en la tierra; no, desde luego, las ordenaciones que se orientaban hacia lo privado. Pero, casualidad o no, la Gran Divergencia coincide con la implantación del Estado moderno.