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Publica Pedro González-Trevijano, rector de la Universidad Rey Juan Carlos, un artículo en ABC en el que contrapone la figura de Iñaki De Juana con la de Robert Stroud, el famoso “Birdman” de Alcatraz. Gracias al libro de Thomas Gaddis y a la película interpretada por Burt Lancaster, Stroud se covirtió en paradigma de la redención del criminal y símbolo de la crueldad y el absurdo del sistema penal estadounidense -y, por ende, de cualquiera. Un hombre que, después de un primer crimen en defensa de la “mujer que amaba”, apunta Trevijano, no había vuelto a “cometer ningún acto de violencia, retractándose de cualquier comportamiento vengativo”. Como los relatos ejemplares no suelen ser tan edificantes cuando se los observa de cerca, me he tomado la molestia de navegar unos minutos por internet, y el caso presenta matices bien distintos.
Robert Stroud nació en 1890 en Seattle. A los trece años se fugó de casa, y a los dieciocho inició una relación con una cabaretera y prostituta, Kitty O’Brien, en el entonces territorio de Alaska. Una noche, al volver del trabajo, peleó con un conocido que había maltratado a Kitty y lo mató de un disparo. Quizás sólo fuese a reclamar el pago por los servicios de O’Brien, ejerciendo de chulo: lo encontraron con la cartera del muerto encima. Fue condenado a doce años por homicidio, aunque la policía sostuvo que había disparado cuando la víctima ya estaba inconsciente.
En el penal de McNeill Island, Stroud atacó a un ordenanza que lo había denunciado por amenazarle para conseguir morfina, y supuestamente apuñaló también a otro recluso. Condenado a otros seis meses por el incidente y trasladado a Leavenworth, Kansas, en 1916 hirió fatalmente a un guardia en la cantina, por lo que, después de dos juicios invalidados, recibió sentencia de muerte. Solo le salvó de la horca la petición de clemencia interpuesta por su madre ante el presidente Wilson y su esposa.
Con una cadena perpetua -en régimen de aislamiento, dada su peligrosidad- por delante, Stroud decidió dedicarse a la ornitología. Crió primero golondrinas y más tarde canarios, que vendía a los visitantes. Contaba con la complacencia del nuevo alcaide, que esperaba presentarlo como un caso modélico de rehabilitación y le proporcionó todo lo que necesitaba: jaulas, comida, medicinas, libros… Stroud llegó a publicar dos libros de patología aviar y se hizo con un cierto nombre en círculos ornitológicos. Sin embargo, su afición no resultaba del todo indiferente para el funcionamiento de la cárcel: los pájaros revoloteaban por su celda y empeoraban la ya descuidada higiene del reo. Además, recibía tanta correspondencia que necesitaba una secretaria en exclusiva para él. Cuando se intentó poner coto al disparate, Stroud y la novia que había conocido por correo, la ornitóloga Della Mae Jones, iniciaron una recogida de firmas. La petición llegó al presidente y Stroud no sólo se quedó con los pájaros, sino que dispuso de otra celda para acomodarlos. En 1933 se casó con Jones para evitar que lo trasladaran de Leavenworth.
Hacia 1942 se descubrió que parte del “material ornitológico” le había servido a Stroud para fabricar un alambique y destilar alcohol, y fue trasladado a Alcatraz, sin pájaros. En los años siguientes, se dedicó a escribir una autobiografía, Bobbie, y una historia del sistema penitenciario americano. También estudió Derecho e intentó obtener la libertad alegando lo “cruel e inusual” de su condena. En 1955, Thomas Gaddis publicó Birdman of Alcatraz, convertido en película en 1962 por John Frankenheimer. En 1963, el abogado Richard M. English inició una campaña para liberar a Stroud, pero no obtuvo resultados, y el reo murió el 21 de noviembre del mismo año, un día antes que el presidente Kennedy.
Arcadi Espada advierte constantemente contra ese fofo y manido discurso según el cual la ficción es la única manera de reconstruir la realidad porque ambas cosas son la misma. Como bien escribe Trevijano, Iñaki De Juana no es “El hombre de Alcatraz”. Al parecer, tampoco lo fue Robert Stroud.
Lecturas: Wikipedia, Robert Franklin Stroud; Wikipedia, Birdman of Alcatraz (film); AlcatrazHistory.com, Birdman of Alcatraz


hector1564
agosto 28, 2008
Sobre lo violento que fuera o dejara de ser Stroud en la cárcel considero que habría que aplicar otra vara de medida que la que se utiliza en la calle porque son dos entornos diferentes, con sus distintas presiones sicológicas.
Pero, en fin, acepto que no era el personaje que sus hagiógrafos pretendían.
Sin embargo, me ha sorprendido la referencia a Arcadi porque esa idea o bien la he malentendido o bien, lejos de ser originalmente suya, constituyó todo un leit motiv en el Barroco literario.
Por otro lado, veo que has pasado tangencialmente (¿aparentemente?) por el punto que quería tratar Trevijano, a saber, la inmoralidad de la cadena perpetua. Igual te interesa esta perspectiva de Savater:
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20080823/opinion/contra-cadena-perpetua-20080823.html
También crítica con ella.
Saludos
SuperSantiEgo
agosto 28, 2008
Recuerdo haber leído más o menos lo mismo sobre Stroud y lo que me sorprendió, porque recordaba la película de Burt Lancaster y allí el reo aparece no sólo como un pobre hombre aplastado por la insjuticia, sino que a través del estudio y la contemplación de la naturaleza casi se convierte en una especie de Gandhi.
Sobre “la ficción es la única manera de reconstruir la realidad porque ambas cosas son la misma”, eso ya está muy superado. Vale que quizá en los libros de Historia deberían advertirnos que lo que se nos cuenta está basado en hechos reales alterados con propósitos dramáticos, pero tampoco hay que tomárselo por la tremenda.
J
agosto 28, 2008
En este caso, más que el debate sobre la cadena perpetua, me interesaba el uso de la literatura cuando los hechos están hoy tan a la mano. Y me sorprende también, para ser sinceros, que la gente no documente un poco más las cosas que escribe -una “Tercera” de ABC- cuando basta entrar en google y teclear un nombre.
El mito de Stroud pertenece a la categoría de los “nazis que escuchan a Bach”, que también denuncia Espada frecuentemente. Juicios morales aparte, está claro que Stroud era un hombre de impulsos violentos, peligroso, y si estuvo cincuenta años en la cárcel fue por motivos concretos.
Freman of Alcatraz
septiembre 1, 2008
Hay también un “Birdman of Alcatraz” en el álbum “Criminal Records”, de Rick Wakeman.