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Con retraso, me entero por mujer-pez del desagradable trance por el que pasó Robert Redeker hace unos días en la sede de una editorial parisina. Robert Redeker es un hombre de cortesía y lucidez admirables; pero, por encima de todo, es un ciudadano dispuesto a no renunciar a tal condición. Cosa que no son capaces de entender los salvajes ni los nostálgicos del salvajismo. No es que en España no sepamos qué sucede cuando el Estado hace dejación de sus funciones en beneficio de las solidaridades sentimentales. Pero estos fogonazos de una Francia y una Europa exánimes son como vislumbres de un futuro posible y quizás no lejano.
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judas
octubre 4, 2008
Lo leí en el foto de TC y me quedé de piedra. No se me ocurre imaginar persona más pacífica (físicamente, intelectualmente es feroz y bien que hace) y más sencilla. Me dejó gratamente sorpendido ver a un ponente de su talla asistir a todas y cada una de las conferencias, participando en los turnos de preguntas…
¿Futuro? Miedo me da.