El movimiento autonómico boliviano

Publicado en noviembre 10, 2008

3


Hace un par de semanas tuve la oportunidad de asistir a un seminario sobre el movimiento autonómico boliviano impartido por Iván Finot, de la Universidad Andina Simón Bolívar. El profesor Finot es un economista experto en procesos de descentralización, y ha participado activamente en la política de su país, como asesor de los gobiernos de Sánchez de Lozada y en el actual movimiento autonomista. Os dejo un resumen de las notas que tomé; apenas unas generalidades, pero que pueden ser de alguna ayuda para orientar a quienes, como yo, lo ignoramos casi todo del asunto.

En primer lugar, hay que hablar de la parcelación política en el momento de la independencia. En 1825, la Audiencia de Charcas constaba de cinco intendencias: Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Potosí y Santa Cruz, que ocupaba casi la mitad del territorio. Bajo esta división administrativa subyacía otra de carácter histórico, social, étnico incluso. En el Occidente, la conquista había consistido en la captura del estado prehispánico y el mantenimiento de los estamentos, en cuya cúspide se situaron los españoles. Por el contrario, el Oriente había sido territorio tribal, sojuzgado por pactos con jefes locales pero también por el desplazamiento y el exterminio de los indígenas, especialmente los varones. La situación, sin embargo, propició un temprano mestizaje entre los europeos y las indias, que se halla en el origen de la peculiar identidad camba.

El Alto Perú hacia 1783

El Alto Perú hacia 1783

El territorio de Santa Cruz, llano y con amplias zonas de bosque tropical, estaba bien dotado para enriquecerse con el auge decimonónico de las materias primas. La fiebre del caucho proporcionó una riqueza tan fabulosa como pasajera: apenas duró los veinte años que separan 1890 de 1910. (Los cinéfilos recordarán el Fitzcarraldo de Werner Herzog, que bajaba el río escuchando I Puritani, decidido a tener su teatro de la ópera en mitad de la selva). Después, la decadencia aconsejaba la busca de otros horizontes económicos y una mayor integración con el resto del estado. La construcción de un ferrocarril que permitiese llevar los productos agrícolas del Oriente (departamentos de Santa Cruz, Pando y Beni) a los mercados del Occidente fue la primera reivindicación del movimiento autonómico. Hasta 1953 no se construirá la carretera Cochabamba-Santa Cruz.

Un año antes había llegado al poder el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que emprendió un ambicioso programa de refundación del estado. Instauró el sufragio universal, nacionalizó las minas y llevó a cabo una reforma agraria para distribuir tierras entre los campesinos indígenas y acabar con los prestaciones de trabajo gratuito que databan de tiempos precolombinos. En estos años se cimenta la prosperidad del Oriente como “despensa” agrícola del Occidente. Se experimenta una fuerte emigración interna, hasta el punto de que hoy día el 87% de los habitantes de Santa Cruz son migrantes o hijos de al menos un migrante.

Entre 1971 y 1982 se suceden gobiernos militares bajo los que continúa el proceso autonómico. Nacen los comités cívicos y las corporaciones regionales. En 1982 vuelve la democracia y se celebran por primera vez elecciones municipales. En 1994 se profundiza en la descentralización municipal: se amplía la jurisdicción municipal al ámbito rural, se crean impuestos municipales, se transfiere el 20% de los ingresos fiscales nacionales y se abre la planificación y control del gasto a la participación de organizaciones territoriales. Son estas organizaciones las que, andando el tiempo, constituirán la base del MAS, el poderoso movimiento encabezado por Evo Morales.

Departamentos de Bolivia

Departamentos de Bolivia

En 2003, Santa Cruz propone “autonomías departamentales” basadas en el modelo español. En el período convulso entre el último gobierno de Sánchez de Lozada y la llegada al gobierno de Morales, el movimiento autonómico logra algunos avances, como la coparticipación de los departamentos en el impuesto directo sobre los hidrocarburos (IDH) y la elección de prefectos. El referéndum autonómico de 2006 arroja unos resultados previsibles: triunfo del autonomismo en Oriente (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija) y derrota en el Occidente (Chuquisaca, Cochabamba, La Paz, Oruro y Potosí).

La irrupción de Evo Morales supone un cambio de rumbo para el estado boliviano. La fuerza del MAS procede de su particular naturaleza; no se trata tanto de un partido al uso cuanto del instrumento político de un movimiento más amplio, constituido por los sindicatos cocaleros (de donde procede el propio Morales); los sindicatos de trabajadores campesinos del Occidente; la Federación de Colonizadores (Oriente); el Centro Índigena Boliviano (CIBOV), que representa a las tribus; y la ciudad de El Alto, que forma junto a La Paz la mayor conurbación de Bolivia y está poblada por más de 800.000 habitantes, la mayoría indígenas procedentes de las zonas rurales. Ésta última fue el centro principal de la Guerra del Gas de 2003, que llevó a la caída de Sánchez de Lozada.

El proyecto del MAS, con su líder Morales y su ideólogo García Linera, va mucho más allá de la alternancia política, y supone una impugnación del estado boliviano como democracia liberal. En su lugar, se propone una democracia socialista e indigenista, con órganos de participación basados en las comunidades y tradiciones indígenas en lugar de en las formas políticas occidentales. El gobierno de Morales es personalista y destartalado a ojos europeos; cada mañana, el presidente parte en helicóptero a visitar distintas comunidades, a las que solicita que le presenten proyectos, que serán pagados en buena medida con dinero venezolano. La popularidad de Morales es considerable, pero depende de que el grifo de los hidrocarburos nacionales y venezolanos no se corte, o las mismas comunidades que le prestan apoyo podrían retirárselo. De hecho, aun siendo presidente de la República, Evo Morales debe rendir cuentas ante los suyos como un cargo sindical más; lo que indica el carácter de “estado dentro del estado” del MAS.

Evidentemente, las reivindicaciones de un autonomismo constitucional por parte de los departamentos orientales chocan con el “programa fuerte” del MAS, que se apresta desde 2005 a revertir el proceso autonómico. Para ello, reduce la participación de los departamentos en el IDH, con el pretexto de financiar una pensión de vejez, la Renta Dignidad. El uso político del lenguaje es claro. Además, el MAS intenta situar entre departamentos y municipios otro nivel de su control: las regiones, constituídas por provincias y autonomías indígenas. La nueva Constitución propuesta por Morales pretende formalizar el cambio de régimen y dar el golpe de gracia a la oposición autonomista.

En este contexto se producen los referendos autonómicos y los graves enfrentamientos de este año en Pando y Santa Cruz, en los que tanto los autonomistas como los partidarios de Morales recurrieron a las armas políticas favoritas en los últimos años: el corte de comunicaciones y la marcha hacia las ciudades. Durante unos días el riesgo de guerra civil es real, hasta que la mediación internacional consigue sentar a gobierno y oposición a la mesa.

Las negociaciones, tras unos comienzos frustrantes, han permitido tranquilizar los ánimos y alcanzar algunos acuerdos sobre la nueva Constitución. Bolivia quedará definida como un estado multinacional, pero se mantendrá la nación boliviana, más las “originarias”. Municipios, departamentos y autonomías indígenas gozarán de igual rango autonómico, y habrán de coordinarse. Los electores podrán votar por “usos y costumbres” -es decir, acogerse a sistemas de representación consuetudinarios- o a la manera usual, pero no de ambas formas simultáneamente. Las organizaciones sociales tendrán un papel consultivo y de control. Se respetará la actual dimensión de las propiedades agrarias. Existirá libertad de elección de centros educativos. Y, finalmente, Evo Morales no podrá optar a una segunda reelección.

Además de este cuadro, el profesor Finot ofreció algunas predicciones: un triunfo arrollador de la nueva Constitución, con las citadas enmiendas; la conformación de autonomías departamentales en todo el país; y la lenta constitución de algunas autonomías indígenas. Para un futuro algo más lejano: la reelección de Evo, que, sin embargo, quedaría debilitado con precios del petróleo bajos, por las razones expuestas más arriba; y el surgimiento de un nuevo partido de oposición capaz de canalizar políticamente la respuesta al MAS.

Álvaro Garcia Linera

Álvaro García Linera

En el turno de preguntas, Iván Finot aclaró que el movimiento autonómico cuenta también hasta cierto punto con un discurso identitario, basado en una identidad camba brevemente mencionada arriba. Dicho discurso estaría construído a partir de las citadas peculiaridades de la conquista y colonización, del temprano mestizaje, del Oriente como tierra de inmigración y de un hipotético carácter abierto y emprendedor de los orientales. Esta nota identitaria es susceptible de exacerbarse y mezclarse con el puro y simple racismo contra los collas de origen colonial, como se pudo ver entre grupos de extrema derecha en los enfrentamientos de septiembre. Como nota personal, añado que Finot, sin ocultar en ningún momento su filiación y simpatías, ofreció una charla académica y escasamente militante, en la que reconoció la desatención secular del estado boliviano hacia los indígenas y los campesinos sin tierra, así como la enorme habilidad política de Morales y la valía de García Linera, la verdadera éminence grise del MAS, cuyo libro Los movimientos sociales recomendó vivamente.

About these ads