Paleolibertarians

Posted on diciembre 11, 2008

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Hablábamos en la anterior entrada de compañeros de viaje, encuentros en la trinchera y unholy alliances, pero España no es el único lugar donde intelectuales y académicos más o menos oscuros se arriman al árbol del populismo y la demagogia, o halagan alguna nostalgia particular, en busca de públicos más amplios.

Los lectores recordarán el escándalo de los newsletters de Ron Paul durante la pasada campaña electoral en EEUU. Julian Sanchez y David Weigel revelaron en Reason que varios libertarians veteranos y una fuente próxima a la campaña de Ron Paul señalaban inequívocamente a Lew Rockwell como el autor de la mayor parte de los newsletters. Pero su artículo sitúa también el escándalo en un contexto más amplio. En 1988, Rockwell y Murray Rothbard abandonaron el Partido Libertario después del fracaso de la candidatura de Ron Paul, descontentos ante lo que percibían como una deriva progresista y libertina, y fundaron la corriente paleolibertarian: radicalismo libertarian en lo político, conservadurismo extremo en lo social. La propuesta no era inocente: Rockwell y Rothbard trataban de apelar a un populismo de derechas que incluía notas de racismo, antisemitismo, nostalgia del Viejo Sur y diversas formas de bigotry combinadas con no poco conspiracionismo. No hay que perder de vista que el anti-estatismo radical y el rechazo al gobierno federal atraen en EEUU a muchos ultraderechistas, supremacistas blancos y otros elementos estrafalarios. El mismo Rothbard señalaba expresamente el camino en un artículo de 1992, A Strategy for the Right:

And so the proper strategy for the right wing must be what we can call “right-wing populism”: exciting, dynamic, tough, and confrontational, rousing, and inspiring not only the exploited masses, but the often shell-shocked right-wing intellectual cadre as well. And in this era where the intellectual and media elites are all establishment liberal-conservatives, all in a deep sense one variety or another of social democrat, all bitterly hostile to a genuine right, we need a dynamic, charismatic leader who has the ability to short-circuit the media elites, and to reach and rouse the masses directly. We need a leadership that can reach the masses and cut through the crippling and distorting hermeneutical fog spread by the media elites.

El líder que reclamaba Rothbard no era otro que Pat Buchanan; pero el polémico político y comentarista perdió el favor de Rothbard y Rockwell por su deriva hacia lo que éstos entendían como socialismo económico -y no, por supuesto, por sus equívocas posturas sobre religión, cuestiones raciales, Hitler y la Segunda Guerra Mundial, etc. Buchanan, por cierto, es un devoto católico preconciliar, que escucha misa en latín los domingos y fiestas de guardar.

Este es el contexto en el que se escriben y publican los newsletters de Ron Paul. Y, dado que la doctrina paleolibertarian tenía que conciliar la escolástica austríaca del Ludwig von Mises Institute -fundado por Rockwell en 1981- con la sensibilidad hillbilly sobre la que pretendía auparse, era natural que Abraham Lincoln se convirtiera en el gran satán del movimiento. Por un lado, la figura de Lincoln sigue siendo enormemente controvertida en el Sur -y no olvidemos que el Mises Institute tiene su sede en Alabama. Por otra, los libertarians radicales le hacen responsable del crecimiento del gobierno federal y de la sustitución de unos hipotéticos Estados Unidos prístinos, los de los Founding Fathers, por un estado centralizado. En este último caso, podrían haberse fijado también en Andrew Jackson; pero, al fin y al cabo, éste era un demócrata sureño con escaso potencial para azuzar el odio de los nostálgicos de la Confederación. A Lincoln también se le achacan comportamientos antidemocráticos y dictatoriales durante la Guerra de Secesión; lo que no deja de ser curioso viniendo de unos académicos que, en general, muestran escasa simpatía por la democracia.

Así, la propaganda anti-Lincoln se ha convertido en uno de los programas más característicos del Mises Intitute. Y, a pesar de tener unos orígenes claros y concretos en la estrategia paleolibertarian de Rockwell y Rothbard, ha salido del estrecho horizonte de Alabama y ha llegado hasta España. Ayer, sin ir más lejos, Fernando Díaz Villanueva reseñaba en la página del Instituto Juan de Mariana el libro The Real Lincoln, de Thomas Di Lorenzo, limitándose a copiar los argumentos habituales del autor y del think tank de Alabama. Dado el historial del personaje, es poco probable que Villanueva sepa a qué se está prestando, o que le importe. Y nada de esto es extraño; al fin y al cabo, el presidente del IJM, Gabriel Calzada, es miembro del Mises Institute, como también lo es su mentor y gurú de la “eclosión liberal”, Jesús Huerta de Soto. De hecho, las diatribas contra Lincoln han proliferado últimamente entre los seguidores de Huerta, esos mismos que emprendieron una artificial y ridícula campaña de apoyo incondicional a Ron Paul durante la última carrera de éste hacia la candidatura presidencial.

Además, en la web del IJM y en medios afines hemos podido leer en fechas recientes recensiones elogiosas de Thomas Woods Jr., un historiador del LvMI, converso al catolicismo tridentino, cuyas estrafalarias teorías han sido criticadas aquí; que no tiene empacho en elogiar las libertades medievales frente al mundo moderno; y que, por cierto, está o ha estado vinculado a la League of the South, una organización política neo-confederada. Otros blogueros de la órbita del IJM acostumbran a hacerse eco de los argumentos aislacionistas tan caros al paleolibertarianism, aunque haya que torcer la historia y hacer equiparaciones aberrantes. Compárense las opiniones de Pat Buchanan sobre Hitler y la Guerra del Pacífico con las de este artículo enlazado por Albert Esplugas. El autor del mismo, Robert Higgs, es economista austríaco y miembro de… ¿lo adivinan? El Ludwig von Mises Institute. No, como me decía un amigo hace unos días, nada en política es espontáneo.

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