Réquiem por el liberal-conservadurismo español

Publicado en marzo 29, 2009

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Ensor. "La entrada de Cristo en Bruselas"

Ensor. "La entrada de Cristo en Bruselas"

No es que no se viniera anunciando hace años, pero la fecha de hoy bien podría tomarse, a título simbólico, como la de la defunción del liberal-conservadurismo español y de esa entelequia que dio en llamarse la “eclosión liberal”. Hasta el acuñador de la expresión ha acabado catando los irrespirables vapores que emanan de la “alianza” entre rebotados de la izquierda, teócratas, arribistas y desorientados en que ha parado el asunto.

Hoy, como han señalado otros, la reacción ha salido a la calle, bajo la mirada aprobadora de quienes, por huir del extremismo opuesto, por medro personal o por un irresponsable esteticismo, se han convertido ya en sus cómplices habituales.

Primero fue la excusa de un “rearme“, de una vuelta a las esencias europeas para evitar el vaciamiento y la ocupación por credos menos tolerantes. Ya sabemos que era un camelo. Ahora queda la nebulosa valoración de los beneficios sociales y personales de la creencia, de una Noble Mentira vagamente straussiana que a veces adquiere más bien la forma de una manía persecutoria y otras, simplemente, la del torpor tras un larga siesta.

No, no es que no se viniera anunciando. Una derecha paranoica y maoísta, partidaria siempre del “cuanto peor, mejor” y de la tierra quemada. Una ideología doctrinaria, alicorta e incivil, patrocinada como saber último y panacea universal por quienes, al parecer, no saben vivir sin el techado de un sistema de certidumbres. Un odio de clase perfectamente especular con el que, pretendidamente, se denunciaba. La lucha por el poder y las prebendas, disfrazada de eterna contienda entre el bien y el mal. Y un espacio público inundado de retóricas gramscianas, donde no importan nunca los argumentos sino la apropiación de las metáforas y la violación de las palabras (¿se referiría a eso el Rector Magnífico?).

Poco importará entonces que se trate de situar el debate y de aclarar los conceptos, de señalar que no es lo mismo potencia que acto; vida humana, como son al fin los espermatozoides o las células epiteliales, que persona. Que el último intento de identificar la persona con el genotipo es un burdo ersatz de la doctrina del alma inmortal, que ya ni a sus propios convencidos pueden vender. Que la pretensión de los partidarios de la neotenia de refugiarse bajo no sé qué paraguas científico sólo provoca carcajadas. Que comparar el cumplimiento de una ley de plazos clara con el genocidio es pura y desvergonzada pornografía política. Lo importante es la bandería: salir a la calle y exhibir la sangre. Sangre especular.

Mientras, hay otros debates y otras batallas que los liberales deberían estar librando; pero en ésas no veremos a los anarquistas de sacristía -o de plantación-, ni a los que creen que lo que determina el carácter liberal de un estado es sólo la cantidad de impuestos que se paga, ni a todos esos que, de la noche a la mañana, han descubierto que en el camino de Damasco no se vive tan mal. Hace frío ahí fuera.

Nunca más que ahora hemos necesitado un conservadurismo secular y un liberalismo que lo sea en algo más que en el nombre o una url.