I’m Alan Partridge

Posted on abril 10, 2009

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“¿Siempre sólo un mundo para políticos, arribistas, camareros y vividores, y sin aire para las personas?”, se preguntaba Hermann Hesse en El lobo estepario por boca de su alter ego Harry Haller. A la nómina habría que sumar hoy, sin duda, a los presentadores de televisión. Unos personajes de enigmática trivialidad que se introducen en nuestra vida cotidiana con cercanía casi violenta, a quemarropa. Que parecen atrapados entre la banalidad y cursilería inherentes a su profesión y la brutalidad selvática del medio y, en ocasiones, los mismos espectadores.

Alan Partridge es minuciosamente insustancial, ignorante y pedantesco; algo así como el presentador de televisión platónico. Amante del MOR -”Wings, the band the Beatles could have been”-, su idea de un Día de San Valentín memorable es visitar una reserva para búhos o estrechar la mano de Jackie Stewart en el circuito de Silverstone. Un ser tan abrumadoramente vacío y, a la vez, persuadido de su importancia, que roza la psicopatía. Pero que nos hace reír -y nos asusta- porque no está demasiado lejos de los modelos reales.

Alan Partridge apareció por primera vez en el programa On the Hour, en 1991. Al año siguiente ya contaba con su propio magazine en BBC Radio, que pasó a la televisión en 1994. Dejando a un lado la genialidad de Steve Coogan, Knowing Me, Knowing You… with Alan Partridge no ha envejecido del todo bien, pero sirvió para empezar a explorar las posibilidades del personaje. Después de la primera serie, varios especiales televisivos presentaron al público las vicisitudes de la carrera de Alan, que, tras matar accidentalmente a un invitado en directo, arruina sus oportunidades de seguir en la BBC con el fracaso estrepitoso de su programa navideño Knowing Me Knowing Yule.

En este punto arranca I’m Alan Partridge, el behind-the-scenes de la carrera del presentador de Norwich. Se desarrolló en dos temporadas, en 1997 y 2002, y escapaba del formato magazine-parodia para convertirse en una comedia de situación con elementos innovadores. De hecho, y dado el estilo pseudo-documental con el que se retrataba en toda su mezquindad la vida cotidiana de Partridge, es imposible no ver en la serie una precursora directa de Curb your enthusiasm. Una deuda que quizás Larry David haya querido pagar ofreciéndole a Coogan un jugoso papel en la séptima temporada de la serie. Con todo, hay que reconocerle al humorista judío haber dado otra vuelta de tuerca a la idea de hacer una comedia sobre el comediante: en lugar de crear un personaje, David interpreta una versión exagerada -no sabemos en qué medida- de sí mismo, que además es un triunfador con una vida aparentemente envidiable en lugar de un desecho de tienta como Partridge. (Aprovecho para recomendar a los potenciales espectadores que eviten con todo escrúpulo ver la versión doblada de la serie de HBO que emite actualmente La Sexta. Teniendo en cuenta los horarios, no debe de ser difícil.)

Para terminar, un vídeo de Alan Partridge en todo su esplendor, entrevistando al portavoz del Sindicato de Granjeros de Norfolk:

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