Lo menos que se puede decir de la película de Anton Corbijn es que cumple escrupulosamente el precepto de Chéjov: al principio de la película se ve un tendedero, y al final el protagonista se cuelga de él.
Lo menos que se puede decir de la película de Anton Corbijn es que cumple escrupulosamente el precepto de Chéjov: al principio de la película se ve un tendedero, y al final el protagonista se cuelga de él.
Posted on Abril 19, 2009 porJ