Fernando Zóbel, "Béjar II"
Comenta hoy Alejandro Gándara en su blog un libro reciente de Nicholas Fraser, Las nuevas voces del odio. Encuentros con la derecha en la Europa de hoy, y se pregunta, siguiendo al autor inglés “¿Podría ser que la libertad de expresión sólo empiece a tener sentido cuando también protege las ideas más detestables?”. El debate es antiguo. Tan antiguo al menos como la famosa fórmula de Saint-Just: “Ninguna libertad para los enemigos de la libertad”. De fondo, la vieja controversia sobre la naturaleza de la democracia y el Estado de Derecho: si se trata de un régimen, de una construcción, que requiere de un discurso legitimador positivo y de unos límites más o menos precisos; o más bien una suerte de conjunto vacío que se define sólo por su capacidad de asumir dialécticamente cualquier discurso. Weimar una vez más; hemos hablado de ello con frecuencia.
No obstante, hay otra dimensión del debate que Gándara, proveniente de la ficción y de un medio ambiente intelectual donde la verdad no deja de ser un concepto sospechoso, pasa por alto. Cuando, por ejemplo, Faurisson o Irving niegan la realidad del Holocausto, no sólo -o no tanto- expresan ideas repugnantes, sino que mienten sobre uno de los hechos mejor documentados de la historia. Es incierto si la libertad de expresión debe amparar opiniones criminales; pero es más dudoso aún que tenga que dar cobijo a la mentira. Al fin y al cabo, si perseguimos el fraude en (casi) cualquier ámbito práctico de la vida en sociedad, ¿por qué deberíamos protegerlo en el terreno de la ideas?


citoyen
noviembre 12, 2009
¿Quieres mi opinión de economista cínico sobre la libertad de expresión? [pregunta retórica, claro]
En todas las sociedades del mundo hay asimetrías de poder; y el poder es una forma de apropiarse de los recurso. Típicamente, una minoría bien organizada puede mantener explotada a una mayoría mal organizada. El problema es que lo regímenes que explotan a las mayorías suelen ser ineficientes, al menos desde hace un par de siglos- antes no me mojo- para proveer bienes y en general hacer el tipo de cosas que desde el punto de vista evolutivo hacen fuerte a una sociedad.
La libertad de expresión -y la democracia, y los derechos fundamentales, y el rule of law etc…- es la institución que la evolución cultural ha diseñado para permitir la disidencia organizada de la mayoría y la protección de los individuos. Las sociedades sin libertad de expresión suelen tender al autismo (digamos, gente construyendo pirámides).
Por supuesto, la libertad de expresión es la forma en que se regula la industria de la comunicación y esta industria, como casi cualquier industria, no es automáticamente eficiente por el hecho de estar respaldada por una idea bonita. De hecho, por razones socioevolutivas, tiende a concentrarse porque la gente tiende a preferir compartir creencias con un grupo, aunque sea un grupo minoritario.
La conclusión de todo esto, es que, si uno se toma en serio el sentido histórico/evolutivo de la institución, las discusiones sobre la libertad de expresión no deberían plantearse como problemas metafísicos o trascendentales sobre la búsqueda de la verdad o derechos innatos etc,…; sino como problemas de regulación de una industria que produce un bien igual que las patatas, los tomates o la información financiera. El problema es que en general los ingenieros sociales son muy torpes regulando esa industria y los intentos de regularla han solido terminar en ejercicios de sodomía política intensiva y en general- igual que los mercados de patatas- es mejor dejarla funcionar de forma descentralizada dentro de unos márgenes manteniendo la ilusión colectiva de que se trata de un derecho innato, bla bla etc,…
Pero tomarse en serio ese enfoque trascendental es lo que después de unas copas te lleva a citar a Rothbard.
Lo que me lleva a la respuesta a tu pregunta: el problema al que te enfrentas a la hora de perseguir el fraude a la verdad es similar al que te enfrentas cuando das una subvención dónde produces intereses creados y gente dependiente; es complicado, tiene que estar muy justificado (ejemplo, apología del terrorismo), hay que hacerlo con cuidado y depende de tu confianza en los tipos del gobierno para implementarlo correctamente.
J
noviembre 12, 2009
Te compro la idea. De todas formas, incluso yo entiendo que la verdad no es siempre un objeto reluciente y distinto que uno tiene a mano: existen las zonas de sombra. Pero, siguiendo tu analogía, lo mismo que entendemos la regulación de un mercado financiero o que se persiga el fraude en la venta de mercancías falsificadas, la libertad de expresión es un juego con unas reglas, no una categoría metafísica ni un “derecho natural” regalo del cielo. Está claro que hay un nivel basal de fraude que no merece la pena ser perseguido en términos de coste/beneficio. Pero también hay falsificaciones tan groseras que no pueden colar, porque atentan contra la propia credibilidad del sistema.
En cuanto a las pirámides, no sé por qué asumes que era una sociedad disfuncional. El Reino Antiguo egipcio duró casi mil años; la democracia liberal lleva apenas un par de siglos
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SuperSantiEgo
noviembre 12, 2009
La idea está muy bien pero como siempre a ver quién le pone puertas al campo. De hecho si por los grupos escépticos fuera, se perseguiría a los homeópatas (demostrado científicamente que es un fraude), o incluso a las religiones institucionalizadas, que también cuentan cuentos sin base histórica.
Que no digo yo que no molaría poner en un banquillo a Pío Moa y a César Vidal y que no se levantasen hasta que explicasen bien clarito las burradas que dicen, pero es que si por ellos fuera se ilegalizaría al PSOE. Sencillamente es el precio que pagamos por llevarnos más o menos bien y no matarnos demasiado: aguantar de vez en cuando muchas chorradas.
Sobre la dominación de las élites, un amigo mío lo resumió muy bien en una frase: “Son siglos de práctica. Les sale ya como algo natural”.
SuperSantiEgo
noviembre 12, 2009
Aún os digo más: el soportar a grupos marginales de tíos a cada cuál más estrafalaria se desmonta uno de los recursos más atrayentes para ese tipo de ideas, que es el victimismo, el malditismo y el famoso “si nos meten caña es porque nos tienen miedo y saben que decimos la verdad”. En realidad así sólo les dejas la postura conspiranoica, que tiene mucha menos credibilidad. Yo los prefiero a la luz del día y saber quiénes son y dónde están y no que no que empiecen a hacerse pasar por gente normal y que monten cosas raras por ahí a escondidas y que un día te den un disgusto.
Otra cosa es obviamente ser intransigente con lo que es directamente un delito. Los raelitas pueden ser todo lo capullos que quieran, pero como se les ocurra montar suicidios masivos, al trullo. Si quieres montar comunas de amor libre entre audultos como Osho, pues vale, pero a la mínima sospecha de pederastia al caldero. ¿Que predicas el odio racial? Pues bueno, que sepas que te tenemos vigilado y a la mínima que quieras llevar a cabo algo ilegal, sabes dónde vas a acabar.
J
noviembre 12, 2009
No digo que se pueda perseguir así como así, ni siquiera que se deba, pero la verdad o falsedad de lo que se dice no puede ser un elemento ajeno al debate. Lo que tampoco es de recibo es que sean precisamente los cuentistas -como los homeópatas en Reino Unido, si no recuerdo mal, o JJ Benítez en España- los que anden poniendo pleitos a quienes denuncian sus embustes. Y ganándolos.
Tiene que diferenciarse claramente el debate sobre creencias y sobre hechos. Si yo digo que me he acostado con la mujer de David Irving, no es una opinión más o menos discutible, es una afirmación sobre un hecho que será verdadero o falso, y que tiene consecuencias.
Por cierto que la conveniencia estratégica de que los chalados estén a la vista es uno de los argumentos del libro de Fraser. O eso dice Gándara.
J
noviembre 12, 2009
En realidad, esto tiene que ver con algo de lo que he hablado en los últimos posts. ¿Hay que meter a alguien en la cárcel por negar el Holocausto? Pues no lo sé. Lo que debería estar fuera de dudas es que un medio de comunicación pretendidamente serio que difunde ese tipo de mierda no está favoreciendo la libertad de expresión ni el debate público; se está poniendo al nivel de un programa de telebasura donde una pelandusca dice que se ha tirado a tal o cual. Lo que no puede ser es que se invoque la libertad de expresión para difundir falsedades.
Demócrito
noviembre 12, 2009
No sé, J, analicémoslo desde una perspectiva meramente lógica, sin tener en cuenta la sucia realidad. ¿Prohibirías a alguien publicar un libro donde se negaran las leyes newtonianas? ¿No estás dando pábulo a que sea el estado el que determine lo que es verdad y lo que no? Partiendo de la base de que no hay verdades absolutas y perfectamente objetivas, no sería aceptable en una democracia liberal la limitación de la libertad de expresión.
Ahora bien, la existencia de otros bienes a proteger, como el orden social o la propiedad, puede invocarse para limitar la libertad de expresión (aquí nos enfangamos con la sucia realidad)
En este sentido, la perspectiva de Citoyen me parece la más operativa: considerar la libertad de expresión como una institución que regula un sistema, el de la comunicación, esencial para nuestra sociedad. Podríamos considerar entonces los elementos que dificultan su funcionalidad y tratar de eliminarlos, en vez de introducir reglamentaciones que distorsionen el sistema y vulneren bienes de los actores. Un ejemplo que tú has traído a colación puede ser útil: los curanderos. En mi opinión, no debería perseguirse legalmente a curanderos, homeópatas y demás magufos cuando fracasan en el cumpliemientod e sus promesas. Lo que sí debería hacerse es regular su actividad de forma que, por ejemplo, no haya asimetrías de información que dejen en una posición vulnerable al cliente de tales actividades. ¿Cómo? Exigiendo que todo practicante de tales “terapias” anuncie en el lugar donde lleva a cabo su actividad, y exprese claramente en un contrato, que realiza terapias no reconocidas oficialmente cuya naturaleza no ofrece garantía alguna de éxito y no admiten contrastación.
Lamentablemente, otras cuestiones son más complejas. La negación del holocausto hay que tragarla, como hay que tragar tantas insensateces dichas por tanto supuesto historiador. Otra cosa muy distinta sería la apología de la violencia o el racismo expreso, en tanto en cuanto son factores demostrados de inestabilidad social y conflicto que el ordenamiento no debiera permitir en ningún caso.
J
noviembre 13, 2009
A ver, leedme. No he dicho que haya que penar ni siquiera a los mentirosos; he dicho que hay que delimitar el territorio de la libertad de expresión, lo que corresponde a la opinión/creencia y lo que es territorio factual, y que cuando se trata de hechos objetivos, no cabe escudarse en libertades. Libertades que, además, nacieron históricamente para proteger la diversidad de creencias sobre lo sobrenatural, no la inventiva o la frivolidad sobre lo real.
Demócrito
noviembre 13, 2009
Claro, pero “delimitar el territorio de la libertad de expresión” tendrá una traducción normativa ¿no? Si no es así supondrá tan sólo una declaración de principios. Por eso me posiciono afirmando que en un estado de derecho los límites a la libertad de expresión han de ser determinados en función de la vulneración de otros bienes jurídicos, y siempre de forma proporcionada. Que sea verdad o mentira lo que se afirme es algo en lo que la normativa no debe entrar si no se produce tal vulneración. Que un tipo publique mentiras (o lo que nosotros consideremos mentiras) si no daña la imagen o la dignidad de un ciudadano o conjunto de ellos, no acusa falsamente de delito o no impulsa a cometerlo ha de ser aceptado sin más. El ámbito de la lucha contra estas mentiras es el de las ideas, no el de las leyes.
J
noviembre 13, 2009
Pero es que yo no he hablado de leyes; es más, he expresado de manera explícita mis reservas sobre esa “traducción normativa”. El objeto del post era situar un debate que, si se mantiene meramente en los términos de la libertad de expresión, es completamente etéreo. También está la verdad.
Y cuando digo “delimitar el territorio de la libertad de expresión” no me refiero a delimitarlo con leyes ni a fusilar a nadie. Me refiero a delimitarlo en el propio debate público y reservar el concepto para las opiniones o creencias personales. No invocarlo donde no pinta nada, que es cosa distinta a prohibir. Si yo digo que Dios creó el mundo hace 4000 años, me ampara la libertad de expresión en el sentido puramente legal, pero eso no quiere decir que la opinión sea respetable o esté en pie de igualdad con otras; no, es una gilipollez y es mentira.
Si lo prefieres, se trata, sí, de una declaración de principios. Pero tampoco me parece irrelevante.
Demócrito
noviembre 13, 2009
Pero es que la libertad de expresión, como institución, no tiene sentido alguno sin referencia normativa. Que un actor invoque la libertad de expresión al defender que Dios creó el universo hace 4000 años me parece perfecto, siempre que se refiera a que los poderes públicos deben:
a) no vulnerar su libertad de emitir, publicar o difundir tal idea, sea mentira o no (eso no significa que tenga que ayudarle a hacerlo, como pretende la iglesia católica)
b) no permitir que otros actores vulneren la libertad de emitir, publicar o difundir tal idea mediante la violencia, la coacción u otro tipo de medidas ilegales (esto no significa que no pueda uno criticar, rechazar o ridiculizar tal idea, como pretenden muchos creyentes)
Esto sigifica que la libertad de expresión no tiene nada que ver con la “veracidad”, la “objetividad” o la “validez” de las ideas o proposiciones expresadas. No tiene sentido invocarla ni a favor ni en contra en tal caso, ya que es meramente una institución reguladora. Es decir, que el alcance de lo que es opinión/creencia/hechos se delimita en otro ámbito, ajeno al de la libertad de expresión.
J
noviembre 13, 2009
“No tiene sentido invocarla ni a favor ni en contra en tal caso, ya que es meramente una institución reguladora.”
Pues eso es lo que digo. Pero de hecho se invoca. Por ejemplo, cuando se reclama un espacio para el DI en la universidad porque “hay que escuchar todas las voces”. Pues mire, no.
Javert
noviembre 19, 2009
Me temo que en este momento hay que repètir la pregunta de Pilatos:
“La verdad… ¿Y qué es la verdad? ”
Prohibir la duda, de lo que sea, es monopolizar el pensamiento.
Nunca me pareció repugnante dudar de nada. En cambio, me parece sospechosa cualquier verdad que haya que aceptar de modo pbligatorio y que sea imposible cuestionar.
¿Encarcelarías a alguien por vulnerar la tabla de multiplicar? Yo no. Y menos aún por dudar del Holocausto. Los dos pueden estar igual de equivocados, pero el precendete que sienta reprimirlos es un mal mayor que el que su duda causa.
samuel
noviembre 24, 2009
Es que tampoco se trata de dudar o pensar, sino de elaborar falsificaciones y manipulaciones sobre un crimen masivo y documentado que concierne a seis millones de asesinados, difamando a los supervivientes aun vivos, familiares y testigos, acusandoles de falso testimonio y acusando a todo un pueblo de conspiracion y fraude. Sin otra justificacion que ganar dinero, juguetear con la demonizacion de los judios y reactivar el neonazismo como opcion politica creible, invocando libertad y bellos valores como vehiculo para degenerarlos. Cuanto mayor es la libertad mayor debe ser la responsabilidad sobre esa libertad y eso es algo que una sociedad no puede eludir.
samuel
noviembre 24, 2009
*Sin otro objetivo, queria decir.