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Después del espejismo de los primeros años de la blogosfera, el debate político en la red se ha instalado en los vicios habituales de los viejos medios. No ha sido quizás ajena a ello la ocupación del espacio por falsos blogs alojados en medios tradicionales; columnas disfrazadas, sin enlaces ni comentarios, que de bitácora tienen poco más que el nombre. Eso y, claro, las banderías y la trinchera, que acaban siempre con los matices y con la necesidad de argumentar y justificar las propias posiciones.
El caso es que abundan las arengas y las declaraciones campanudas sin más apoyatura que la profunda e inexplicable convicción del que las escribe. Casi nadie parece sentirse obligado a rendir cuentas del proceso por el que las ideas que tan orgullosamente nos presenta han llegado a formarse, ni a sostenerlas con otra cosa que el verbo. Caso ejemplar es el del Instituto Juan de Mariana, cuya propaganda anarco-conservadora suele adquirir la forma de aburridos, confusos y doctrinarios sermones, sin la menor referencia bibliográfica y carentes de esa elemental cortesía blogosférica que es el enlace. Hoy, por ejemplo, tocaba hablar de cómo en el origen de la corrupción se halla… ¿lo adivinan? El Estado.
Bien, a poco que alguien esté mínimamente al tanto de historia y current affairs, la idea es bastante sospechosa. Tampoco es que el caso se presente, todo sea dicho, con una convicción arrolladora; ni, por supuesto, hay un sólo dato, cifra o nota bibliográfica que lo justifique. Pero es que, además, bastaba perder 20 segundos en entrar en la página de Transparency International y observar el mapa que incluyo arriba para comprobar que, si acaso, parece haber una fuerte correlación entre la debilidad del Estado y el grado de corrupción. Más aún: como la realidad es aficionada a estas pequeñas ironías, resulta que en 2008 los países menos corruptos fueron Dinamarca, Nueva Zelanda y Suecia, y el más corrupto… efectivamente, Somalia. Pero, claro, por qué permitir que lo factual nos arruine una buena homilía.


bordesinremedio
Noviembre 13, 2009
Por lo general estoy de acuerdo en tu defensa del Estado que has estado haciendo en varias entradas. Sin embargo, a la vez el Estado ha sido la maquinaria más sanguinaria. Es un beneficio que se puede tornar muy oscuro. La verdad es que siempre me quedo entre dos orillas cuando pienso sobre el Estado y su función.
J
Noviembre 13, 2009
Bueno, como digo siempre, el Estado ha sido la máquina más sanguinaria en términos absolutos; en términos relativos, una banda de cazadores-recolectores puede ser peor que la URSS.
De todas formas, el post no trataba tanto de hacer una defensa del Estado, ni siquiera de hablar de la corrupción, cuanto de ofrecer un ejemplo del tipo de artículos y el tipo de discursos a los que nos estamos acostumbrando, que son pura ideología, pura doctrina.
Manning
Noviembre 13, 2009
Es evidente. Un Estado débil es un campo abonado a todo tipo de mafias y corruptelas. Pero no hay que confundir un Estado fuerte con un Estado omnipresente. La teoría liberal es clara: un Estado fuerte en su capacidad y débil o, mejor dicho, corto, en sus atribuciones.
Recuerdo un post de Jorge Valín, que enlazaba un escrito de Van Notten escrito en el año 2000, alabando la experiencia somalí. Confieso que entonces sentía atracción -más bien curiosidad- por las ideas anarcocapitalistas. Me interesó el artículo, pero buscando más referencias sobre Somalia, lo narrado en él se compadecía más bien poco con la realidad (por decirlo de manera suave).
El problema es cuando se confunde liberalismo con ausencia de Estado, esto es, con anarquismo, por mucho que sea de mercado (en oposición a esa otra incongruencia conocida como anarcosindicalismo). Cuando se defiende esto -como el caso que citas de los chicos del Juan de Mariana- se tiene que prescindir de referencias, enlaces y directamente de hechos. Se tiene que aparcar la realidad.
J
Noviembre 13, 2009
Es lógico. Si te paras a pensarlo prescindiendo de las implicaciones morales que para nosotros tiene el asunto, la corrupción no es más que una forma de relación y organización. De hecho, históricamente, las sociedades han funcionado con métodos que hoy consideramos corruptos o, cuando menos, dudosos aplicados a la esfera pública: la clientela, el patronazgo, la subasta de cargos, etc. Por eso no es de extrañar que, en ausencia del Estado, o ante la debilidad de éste, se recurra a ellos.
“lo narrado en él se compadecía más bien poco con la realidad (por decirlo de manera suave).”
Pues cuando ponen ejemplos históricos, no te cuento. Cualquier parecido con la realidad no es ya coincidencia, sino milagro.
Mario
Noviembre 14, 2009
Yo siempre he tenido la impresión de que el origen de la corrupción, en general, está en la cultura política del país. No me refiero tanto a la corrupción de alto nivel, donde los incentivos institucionales tienen gran importancia (un político tenderá menos a robar cuando tiene menor capacidad de decisión autónoma en un procedimiento o cuando es muy probable que le pillen si lo hace), sino a los chanchullos a pie de calle: administrativos que cuelan a familiares por la cara; jueces que quitan multas a colegas; funcionarios de la sanidad que cuelan al hijo de la vecina…
No puedo evitar la sensación de que esa picaresca a pie de calle es la que, en general, empuja al ciudadano medio a justificar las corruptelas de altos vuelos. Total, si “todo el mundo lo hace”, ¿por qué voy a dejar de votar a mi partido? ¡Si hacer algún chanchullo es lo más normal!
Creo que esta mayor tolerancia con la corrupción en países como España, Italia o, incluso, Francia nos diferencia de otros países como Finlancia o Suiza.
Como último matiz, indicar que ese mapa es un índice de percepción de la corrupción, por lo que sus datos suelen varían con la opinión pública. Después de que se descubre un caso de corrupción, la percepción ciudadana de corrupción suele aumentar.
J
Noviembre 14, 2009
Efectivamente, los datos del CPI son de percepción, y esto debe de ser la causa de algunas cosas un poco raras que se aprecian en él. Por ejemplo, me da la sensación de que la posición de Argentina es demasiado baja incluso para lo que sabemos que es el país. Pero, que yo conozca, es el indicador más fiable y útil con el que contamos. Y en cualquier caso, al menos son datos, no doctrina.
Nairu
Noviembre 14, 2009
http://www.heritage.org/index/Ranking.aspx
Hay una fuerte correlación entre los países menos corruptos y los que tienen más libertad económica, como Dinamarca, Suecia, Nueva Zelanda y Singapur.
Los más corrruptos son también los más regulados, cosa completamente lógica, porque donde hay una aduana existe la posibilidad de corromper al aduanero, y en general si para hacer negocios se necesitan permisos administrativos existe la posibilidad de que el concede esos permisos quiera sacar tajada para él.
O sea, que no se trata de eliminar el Estado, pero sí de eliminar drásticamente las trabas burocráticas que regulan la actividad económica.
J
Noviembre 14, 2009
No dudo de que esa correlación se de en alguna medida entre Estados que merezcan tal nombre, porque es cierto que un exceso de trabas burocráticas favorece la corrupción y las “mordidas”. Dinamarca y Suecia son países con una notable libertad económica, a pesar del peso del Estado y de sus regímenes fiscales y asistenciales. Ahora bien, los países más corruptos son directamente Estados fallidos, o poco menos, así que no cabe hablar de regulación, porque no es que la actividad económica esté regulada por el Estado, es que no hay Estado que regule nada.
Nairu
Noviembre 14, 2009
Dinamarca, Suecia y Singapur tienen unos mercados muy flexibles. En Dinamarca por ejemplo el despido es prácticamente gratis para la empresa. Los socialistas daneses son mucho más liberales que el PP español. Singapur está entre los más libres económicamente desde hace años. Luego el Estado será muy tocacojones para otras cosas: consumir chicles, irse de putas, la libertad de expresión etc. pero en lo económico son muy liberales.
Ayer mismo una amiga moldava me comentaba que en su pueblo uno que trabajaba de aduanero se hizo superrico, y que todo el mundo quería ser aduanero; y que sólo dejan a la gente ejercer el cargo unos pocos años, para que el abuso no sea muy grande.
J
Noviembre 14, 2009
Pues eso. Hablo de memoria, pero creo que en Singapur hay unas regulaciones sociales bastante locas y, en cualquier caso, el Estado ha tenido mucho que ver en el desarrollo económico. Y de la fiscalidad sueca, para qué vamos a hablar.
Nairu
Noviembre 14, 2009
Este artículo sobre Singapur es muy ilustrativo:
http://www.elnuevoherald.com/opinion/columnistas/andres-oppenheimer/story/524463.html
Castigador
Noviembre 14, 2009
Hablar de Estados malvados como se refieren en el Juan de Mariana es un argumento bastante pobre, que de forma simplificada es: existen estados, en los estados hay corrupción, por tanto hay que destruir el Estado.
Evidentemente este argumento en ningún caso analiza las razones de tal corrupción y si son inherentes al Estado mismo, ya que, por principio, ya ha optado la opción de que el Estado en si mismo es malo, obviando cosas tan evidentes como que los países más prosperos del mundo no ha existido ninguno sin un Estado y que los problemas de la corrupción tienen más relación en el caso de España por ejemplo, por la nula cultura empresarial y las reminiscencias del caciquismo y de las grandes familias financieras.
¿Que un Estado puede servir para la represión?, pues sólo en un Estado totalitario, no en un Estado de Derecho, en el cual existen mecanismos para impedir estos abusos. Aparte afirmar que el Estado es “corrupto” en si mismo es afirmar que es un ente con vida propia, no muy diferente a lo que ya decían Hegel o Marx.
Y por supuesto, un estado más efectivo debería ser aquel que puede dar más libertades da sus ciudadanos sin que estos se lien a jostias.
Demócrito
Noviembre 14, 2009
Voy a llevar la contraria a Nairu y a Mario a la vez. Quizá sea la corrupción un fenómeno que responde razonablemente bien a modelos de incentivos y no sufre tanto el peso de instituciones culturales como otros, siempre y cuando éstas instituciones no signifiquen en realidad premios alternativos. El sistema de incentivos afecta incluso más profunda y duraderamente al ciudadano medio incluso que al perteneciente a la élite. Los motivos pueden rastrearse en la existencia de instituciones de control y contrapoderes, en cierta autonomía personal (de renta y poder) y en ciertos roles, todo ello asignado a las élites. El hombre medio, en cambio, ni tiene autonomía, ni está tan celosamente vigilado por sus iguales, ni a menudo encuentra alternativas si no es llevando a cabo prácticas corruptas. Otra cosa es que tales prácticas se asuman como “normales” o culturalmente aceptables, y esto suele suceder cuando (J ya lo apunta) la distancia entre lo determinado como comportamiento legal y los mecanismos de asignación (de bienes, roles, etc…) es muy amplia. Es decir, cuando frente a una descripción legal que presupone un mercado, una burocracia, un sistema jurídico, etc. eficientes, nos encontramos con una realidad en la que los sistemas clientelares, los códigos de honor y otras instituciones premodernas siguen cumpliendo su función. En esta situación, el individuo verá premiado su comportamiento si atiende las normas sociales determinadas por tales instituciones y no las de la normativa explícita.
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Respecto a lo de la mayor o menor libertad de mercado que aduce Nairu, no me parece una variable tan determinante como la funcionalidad* de tal mercado, más allá de si está poco o muy intervenido. Esto exigiría mayor contrastación, pero algunos hechos resultan descriptivos. Por ejemplo, la práctica destrucción de la mafia por un régimen tan intervencionista como el de Mussolini (y no sólo, ni siquiera principalmente, mediante la represión, sino destruyendo las redes económicas clientelares de las que la organización dependía). Otro posible ejemplo es el de los países latinoamericanos en la década de los 90. Las políticas liberalizadoras llevadas a cabo a rebufo del consenso de Washington no supondrían un descenso significativo de la corrupción en los países que las implementaron, siendo el caso de Argentina paradigmático al respecto.
* Si bien es cierto que un mercado eficiente suele necesitar menor intervención correctora del estado.
lmargol
Noviembre 14, 2009
Ya sabes que el único estado que valía la pena era el de los Estados Pontificios, donde como todo el mundo sabe había un gran desarrollo económico, el comercio era libérrrimo, el espíritu empresarial reinaba por doquier y las libertades de prensa y expresión estaban más que garantizadas. Lástima que se lo cargaron una panda ateos y masones amariconados, y además italianos, que son bastante más guapos y que los austriacos.
J
Noviembre 14, 2009
Bueno, ya sabemos que, en su realidad alternativa, el Bizarro World de las ciencias sociales, el Papado inventó el capitalismo y la democracia liberal, aunque la Iglesia fuese un Estado y la democracia sea peor que el absolutismo, todo ello antes de que el estado de bienestar destruyera la familia tradicional española, cuyo núcleo biológico es indestructible. ¿No está todo claro?
Carlos S
Noviembre 17, 2009
En todo caso… parece haber menos corrupción allí donde más perduran las enseñanzas del protestantismo… Y para que esas enseñanzas primen en la sociedad, debe haber un Estado y un “magma imaginario” que condene lo que escape a “su moral”… Para estadísticas, digo,las de Max Weber.
J
Noviembre 17, 2009
Posiblemente. Pero yo no diría que sea tanto que el protestantismo se encarne en un civismo particular, cuanto que el protestantismo cuajó allí donde esas virtudes ya estaban al menos esbozadas. Mucho tiene que ver también la idea de independencia y comunidad -también religiosa- nacional.
Carlos S
Noviembre 18, 2009
Las “ideas” esas ya no perduran tanto como el espíritu anglosajón y nórdico a través de la educación a la que se sienten aún obligados (cada vez menos de todos modos, por lo que la corrupción avanza allí también bajo la más amplia tendencia a la “tercermundización” del mundo -vease el caso Obama o el Gordon Brown). Esas “ideas” fueron sin duda leit motivs fundacionales, pero hoy son meras referencias justificatorias (ni siquiera ideológicas) que no pesan, creo, en el mantenimiento de ningún estado sino como máscaras del grupo gobernante en tanto lo necesite (igual que se apela a otras “ideas”, o sea, tácticamente).
La falta de Estado da lugar a la salvaje imposición de grupos en base a la fuerza bruta dentro de los límites de la relación de fuerzas. La existencia de Estado apenas si enmascara la lucha por el poder donde cada vez más la fuerza bruta tiende a estar encubierta por una legalidad formal constantemente “aprovechada” y también “forzada” hasta más allá de su “espíritu” y de su “letra”. El caso ZP a nuestro alcance visual es más que demostrativo. Si algo impide (¿aún?) psaos peores (vease la actuación chekista del ministro de interior de hoy mismo) no es “la ley” sino la relación de fuerzas (en todo el conjunto partidocrático y también dentro del ppropio partido gobernante).
Un saludo.
PD: lo del protestantismo era una aproximación tangencial, je…