La escalada retórica en torno al aborto parece no tener límite. Las comparaciones con el Holocausto y otras de parecido jaez son ya moneda corriente (¡ay, esa Ley de Godwin!). La Conferencia Episcopal ha echado mano incluso de repertorio clásico: el pasado 11 de noviembre, Martínez Camino anunció, apuntando a los diputados católicos, que la Ley del Aborto era contraria a la fe católica, o sea, herética; y que, por tanto, quienes la promoviesen estaban excomulgados ipso facto. Aunque hoy ha reculado parcialmente, entre consideraciones sobre la “culpabilidad subjetiva” de los fieles -no olvidemos que es jesuita-, mantiene que los que apoyen la ley quedarán excluidos de los sacramentos, aunque no excomulgados; lo que sugiere otra figura de sabor añejo: el interdicto o entredicho.
Pasemos por alto las ya habituales muestras de doblepensar (“El Estado no puede imponer una mayoría moral a todos, ni aunque fuese la católica. El Estado no es el educador de la sociedad, ni puede imponer principios morales.”). La cuestión del interdicto plantea algunas dudas: el local -que, lástima, ya no se practica- acarrea la suspensión de los sacramentos en un territorio durante el tiempo de vigencia; el personal, en cambio, se aplica a un individuo o grupo y es, básicamente, una excomunión de menor gravedad: el afectado no puede recibir los sacramentos, pero permanece en la comunidad de los fieles y puede incluso mantener los cargos eclesiásticos que tuviera. Se trata de un castigo para ofensas de grado menor que la herejía, como la simonía, el amancebamiento y el desacato, pensado muy especialmente para mantener la disciplina en el seno de la propia Iglesia.
Bien, si el aborto en los plazos que marca la ley es un crimen tan horrendo como dice, se entienden mal los remilgos de la Iglesia a la hora de usar la excomunión. Viene a ser, por usar un símil futbolístico, como castigar una agresión flagrante con una tarjeta amarilla. Lo cierto es que existen precedentes en ambos casos: excomunión e interdicto, con el matiz de que la primera iba dirigida a quienes lo practicaron y el segundo, como en el caso español, a un político. De cualquier modo, tampoco sería la primera vez que la Iglesia excomulga en masse por motivos políticos. Parece, sin embargo, y por seguir con el símil, que la Conferencia Episcopal no quiere cargarse el partido. Este desajuste entre las retóricas y los medios, entre lo que se amaga y lo que se está dispuesto a hacer, sugiere que nos hallamos ante una representación en la que la Iglesia y sus satélites ejercitan su bargaining power. Y algo más: permite sospechar que, a pesar del tono desmedido de los discursos y del elemento iconocrático, el aborto no es en el fondo ni para sus detractores más gritones algo comparable al asesinato, sino más bien una cuestión de “buenas costumbres”, un caso de pánico moral.
Miquel Barceló. "Hipócritas", de La Divina Comedia


Antonio
noviembre 28, 2009
El renuncio de la CEE es mayúsculo.
Por su parte Bono puede estar tranquilo con su vergonzante razonamiento, que podríamos retocar así:
Si el [asesinato (o el robo a mano armada, o... etc.)] es una realidad y su prohibición en cualquier circunstancia lo confina a una práctica clandestina, entonces, ante esta realidad, el legislador responsable no debe mirar a otro lado. Hemos de evitar, especialmente, “la caricatura del otro”, porque el [pretendido delito] no debe presentarse como un asunto ideológico sino de conciencia, y debe plantearse con serenidad, de manera que nos permita atribuir a quienes discrepan la misma presunción de buena fe que nos concedemos a nosotros mismos.
[De ahí se sigue la pertinencia de] un nuevo proyecto de ley que supone un modelo de regulación.
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Aborto/derecho/obligacion/elpepiopi/20091126elpepiopi_4/Tes
Parece que la hipocresía está bastante repartida.
Ahora, hay un debate al que nadie (por distintas razones seguramente) parece querer enfrentarse:
sobre la cuestión de cuándo empezamos a considerar que un embrión humano es ya persona, con todos los derechos fundamentales que le corresponden, entre ellos el derecho a la vida.
¿Al cabo de un mes tras la fecundación, tres, ocho…? ¿Incluso más tarde, después de nacer como propone Peter Singer?
Saludos
J
noviembre 28, 2009
El discurso de Bono es blando, melifluo y curil, en esto como en tantas otras cosas. Si de verdad piensa que un feto de 14 semanas es “alguien”, entonces su razonamiento, como dices, no se sostiene. Otra cosa es que, en el fondo, no se crea que un feto de 14 semanas es una persona como tú y como yo; cosa que probablemente le pasa a Bono y, como digo en el post, incluso a los más acérrimos detractores del aborto. De hecho, a mí el comportamiento de éstos me parece más propio de algún “crimen sin víctima” u ofensa a la moralidad pública; porque, de otro modo, si esto fuera de verdad un genocidio, deberían hacer algo más que despotricar en foros de internet.
Respecto al otro debate, las 14 semanas me parecen un límite razonable, siempre entendiendo que es convencional; porque resulta más bien bizantino preguntarse por el momento exacto en que aparece la persona toda vez que ésta no es una categoría biológica sino cultural. Como decía Kantor por algún lado, si uno atiende al desarrollo de los sentidos y la personalidad, lo de Singer no deja de tener cierto sentido…
Antonio
noviembre 28, 2009
Yo no me he pronunciado aun sobre el feto de 14 semanas y creo que no me conoces tanto.
Como bien dices lo de las 14 semanas es algo meramente convencional. Muchos no se atreven a expresarlo tan claramente y pretenden que tras el comité de expertos debe haber un criterio mucho más razonado y bien elaborado.
Ahora, ¿por qué es “razonable”? ¿Es cómo una sensación que tienes, una especie de pálpito?
Lo de Singer sólo “tiene cierto sentido” de forma ad hoc. También tiene cierto sentido discriminar por cualquier otro motivo tomado arbitrariamente.
Su “filosofía” además es un fraude intelectual bastante burdo. Aplica un criterio para abrir el círculo moral hacia los simios y otro distinto para cerrárselo a los seres humanos (extendiendo éste hasta incluso después de nacer).
J
noviembre 28, 2009
“Yo no me he pronunciado aun sobre el feto de 14 semanas”
Me refería a que no es una persona como lo somos tú y yo, no a que tú compartas mi opinión. Cosas de la sintaxis.
Las 14 semanas son un límite meramente convencional. Exactamente igual que cualquier otro que pongamos, incluida la concepción. A mí me parece razonable por el grado de desarrollo del feto y por el riesgo para la madre. En realidad, tampoco veo grandes problemas si el aborto libre se alargara hasta las 21 semanas, o incluso más bajo la responsabilidad de la madre y con un pequeño plazo legal para la información y la reflexión. Que es lo que sucede en la mayoría de países desarrollados.
He dicho que lo de Singer tiene su sentido, no que yo lo defienda o que me parezca socialmente aceptable y/o deseable.
Antonio
noviembre 28, 2009
Da gusto poder hablar de un tema tan “sensible” con alguien que no se hace la víctima gratuitamente.
Llegados a este punto tal vez no sea ya fácil progresar mucho más.
Digamos al menos que, si se trata de una cuestión 100% convencional (de lo que no estoy totalmente seguro), entonces todo el mundo debe poder opinar (al menos sentirse representado) ya antes de presentar una nueva ley, en una comisión convocada para tratar el tema.
Sobre todo en un tema tan controvertido. Pero precisamente por estar tan ideologizado es por lo que no se hace así.
Saludos cordiales.
micromios
enero 1, 2010
Siempre he pensado que la legislación va por detrás de la sociedad y que se aviene a dictaminar cuando el clamor no deja pensar con claridad. En una sociedad que se cree liberal, plural y avanzada no se tendría que acotar lo que uno quiere hacer cuando atañe a su completa responsabilidad.
Hasta cuando yo puedo recordar se puede realizar el acto impunemente y en condiciones dignas o sin prejuicio para la madre? si el nivel económico lo permite, no hace falta tomar ninguna decisión, pero cuando hay que extenderlo a todos entonces el legislador mira con lupa quien si y quien no. Faltaría que no hubiera distinción ni a la hora de abortar.
No tengo ni idea cuando el feto es persona. Para esto hay pensadores que llevaran luz y yo me lo creeré. Sin embargo yo me pregunto cuándo sé es madre: en el momento de la concepción, cuando nace el niño, cuando lo desea…Y si no lo desea, hay que obligarla. (prescindo de motivos causados por malformaciones o problemas de salud-enfermedad). Yo desde luego no lo haría. Allá cada uno con su conciencia.
De todas manera me ha gustado leer todos los entresijos que tiene la iglesia para sortear lo que no le conviene. Mucho más interesante que los debates estériles de políticos que se posicionan teniendo en mente sólo la próxima campaña electora.
Saludos