Franco y la pintura

Posted on mayo 2, 2010

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Los artículos deportivos de Rubén Amón, corresponsal en París de El Mundo, se leen con agrado, pese a su atleticismo militante y a incurrir con cierta frecuencia en ese papanatismo futbolístico del jogo bonito que se ha convertido en pandemia. Suelen versar sobre fútbol francés o italiano, y escapan al estilo, la inmediatez y los clichés habituales en la aberrante prensa deportiva española -no en vano, Amón escribe también en el mismo medio un blog sobre ópera. En su última entrada, analiza irónicamente unas declaraciones de Berlusconi, y refiere una anécdota sobre Franco que me ha llamado la atención:

Pero la bravuconada de Silvio me ha recordado la anécdota de Franco a bordo del Azor. Parece ser que el caudillo estaba ensimismado con una de las vistas que le proporcionaba el mirador de la cubierta. Y proclamó: “Quién fuera pintor…”

Y añade:

Hubiéramos agradecido al generalísimo un reciclaje profesional. No porque la historia de la pintura necesitara los brochazos rojos y gualda del energúmeno, sino porque la eventual devoción de Franco a las artes plásticas nos lo habrían preservado de su cetro.

Pero el hecho es que Franco sí fue pintor, al menos en los ratos libres que le dejaba el cetro. Al parecer, había comenzado a practicar la pintura en África, en los años veinte, y retomó la afición tras la guerra civil. Una afición que compartía con las grandes personalidades políticas de su tiempo: Hitler, Churchill, Eisenhower -y con su sucesor aparente, el almirante Carrero Blanco. Esto es lo que escribe en su biografía Paul Preston, no precisamente un panegirista:

Sólo ha llegado a exponerse un reducido número de los cuadros de Franco, ya que la mayoría fueron destruidos en un incendio que tuvo lugar en 1978. Dando por supuesto que sean genuinos, ponen de manifiesto a un competente aficionado cuyo trabajo es más interesante para la psiquiatría que para la crítica artística. El objeto de sus temas sugiere un gusto conservador y pequeño burgués. Las influencias son inconfundiblemente la de los cartones para tapices de Goya y los cuadros del siglo de Oro español: paisajes, naturalezas muertas con animales y armas y una sanguinaria representación de un oso atacado por una jauría de perros. Una interesante excepción es el retrato de su hija Carmen, de estilo similar al de Modigliani.

Franco Modigliani. Pero esa es otra historia