En esta entrada no voy a valorar el abordaje de la flotilla del lunes pasado, ni las reacciones que ha suscitado. Quienes estén interesados en el desarrollo de los acontecimientos, pueden seguir la cobertura, por ejemplo, en Haaretz y Jerusalem Post; Barcepundit ha hecho un buen seguimiento con abundantes enlaces de interés (destaco este de Stratfor sobre el trasfondo estratégico de la operación), y en Reflexiones Iracundas hay dos posts (1, 2) cuyas líneas generales comparto, si no su optimismo. Como de costumbre, recomiendo evitar escrupulosamente los medios españoles, que están a por uvas o algo peor, salvo quizás lo que escriban Enric González y Sal Emergui.
Me interesa más hacer una breve reflexión sobre el futuro del conflicto palestino y los diversos escenarios a los que nos enfrentamos, ordenando y resumiendo argumentos de debates y conversaciones de estos últimos días. Roger se adelantó con un post en Materias Grises sobre la solución de un sólo estado descentralizado. Creo que el debate en los comentarios ha tomado la dirección de un justificable escepticismo. En síntesis, no existen precedentes creíbles de un estado biconfesional (a grandes rasgos) con un 50% o más de población musulmana donde no hayan surgido problemas de convivencia. Dados los antecedentes, además, entre las dos partes, el escepticismo se dispara. Pensemos que habría que coordinar la seguridad, las cuentas públicas, la educación… Además, la variable árabe sugiere que un estado palestino al 50% sufriría los mismos problemas que aquejan a la mayoría de los estados árabes, y que provocaron la escisión de Gaza de la ANP en 2007: faccionalismo, política patrimonial y tribal, líneas de fractura sectarias, violencia endémica, injerencias externas, etc. Si la misma ANP no ha podido mantenerse unida -como no se mantuvo unida, valga el calambur, la breve República Árabe Unida federal de Nasser-, ¿cabe esperar estabilidad de un estado federal judío-árabe?
Pero hay otro problema: las condiciones demográficas. La población palestina crece a un ritmo de 3,4 (Gaza) y 2,2% (Cisjordania), y es muy joven, con los problemas de inestabilidad y violencia que ello implica. Israel, pasada la oleada de emigración post-soviética de los 90, crece a un 1,8%, pero las tasas más altas corresponden a los árabes israelíes (2,6%, 2,8 los árabes musulmanes) y los haredim. Recientemente, investigadores americanos han sugerido que los datos demográficos palestinos están hinchados con fines propagandísticos, y que, salvo los beduinos, los árabes israelíes tampoco representan una “amenaza demográfica” para la condición judía del Estado de Israel (una precondición que al lector europeo, en la distancia, puede parecerle indiferente, o incluso racista; no obstante, sospecho que a ese mismo lector no le haría gracia la idea de ver su país convertido en Marruecos, Argelia, el Líbano o algo sensiblemente peor en el plazo de un par de generaciones). Sea como fuere, los ejemplos (Nigeria, Líbano durante la segunda mitad del siglo XX) sugieren que no es necesario que una población árabo-musulmana sea abrumadoramente mayoritaria para causar inestabilidad; y existe una creciente tensión entre la mayoría judía y los árabes israelíes, que envían señales preocupantes con cierta frecuencia. El crecimiento de los haredim también plantea problemas, en la medida en que, a medio plazo, puede afectar al carácter secular de Israel e inclinar la delicada balanza del Estado y la identidad israelí hacia lo religioso.
Desde luego, en estas condiciones, la solución de un estado es inviable. Pero es que la solución de dos estados, considerada con frialdad, tampoco parece particularmente realista. ¿De qué va a vivir un Estado palestino soberano? Durante el Proceso de Oslo, se empezó a hablar de una economía basada en “el turismo y la industria ligera”. Esto era una fantasía entonces, y lo es aún más ahora, vistos los acontecimientos de Gaza. Excluido el petróleo, los países árabes en conjunto exportan por cifras equivalentes a las de Finlandia; no parece que se pueda ser muy optimista sobre la posibilidad de un “milagro económico” palestino, especialmente cuando los palestinos llevan 60 años subsidiados. Además, existe un riesgo adicional en la “desconexión” total de Cisjordania: un Estado palestino radicalizado, capturado por islamistas o convertido en proxy iraní o sirio, como Gaza, podría someter Tel Aviv a fuego de cohetes y obligar a cerrar el aeropuerto Ben Gurión, aislando el país, además de bloquear los principales nudos de comunicación de Israel, un escenario completamente inasumible. En resumidas cuentas, para no convertirse en un cascarón capturado por un grupo islamista, como Hizbolá en el Líbano, o en un protectorado iraní o sirio, un Estado palestino independiente debería ser mantenido económicamente, y tutelado militarmente, por la ONU, por una o varias potencias o por el propio Israel. Cabe sospechar que los palestinos no están particularmente interesados en ninguna de estas posibilidades.
¿Qué opciones quedan? Una posible solución sería que Jordania administrase Cisjordania y Egipto, Gaza, como antes de 1967, concediéndoles esta vez un estatuto de autonomía. Pero mucho me temo que, descontando la negativa palestina, hacerse cargo de unas poblaciones radicalizadas y en rápido aumento sea lo último en lo que están pensando los gobiernos jordano y egipcio. El tratamiento que Egipto depara a Gaza está a la vista de todo el que quiera verlo -al margen de gestos hipócritas y oportunistas-, y el gobierno de El Cairo tiene bastante con mantener a raya a sus propios islamistas. Jordania, por su parte, alberga a dos millones de “refugiados” palestinos, más un elevado porcentaje de población de origen palestino, y un millón de refugiados iraquíes. Es, de facto, un protectorado estadounidense cuya monarquía se sustenta sobre el amigo americano y un ejército beduino; un Estado lo bastante problemático en sí mismo como para constituir una solución.
Finalmente, hay que considerar el frente de las relaciones públicas y la propaganda. Parece inevitable que, en el futuro inmediato, la imagen de los contendientes sea la que es ahora: Israel, el agresor, y los palestinos, las víctimas. Una hegemonía de la propaganda palestina que se fundamenta en una difusión descentralizada -frente a la lentitud de las versiones oficiales israelíes [1]-, en discursos fácilmente replicables y en las abundantes simpatías que despierta entre las elites occidentales. Además, los palestinos, con excedente de población joven, altas tasas de crecimiento y una concepción autoritaria de la política, tienen menos inconvenientes para producir el elemento fundamental de su propaganda: víctimas. Incluso cuando no hay, siempre se pueden inventar. Israel, por contra, debe tener en cuenta tanto la opinión pública interna como la externa, y minimizar sus propias bajas además de, en la medida de lo posible, las del otro bando. Un éxito desde el punto de vista de la seguridad, como el muro de Cisjordania, que ha contribuido a reducir a la mínima expresión los ataques terroristas en suelo israelí, es una derrota en el terreno de la propaganda. A la vez, la drástica reducción del número de víctimas israelíes acentúa la percepción de Israel como agresor. Los palestinos ganan en cualquier caso.
Desde luego, la ubicuidad de los discursos pro-palestinos es molesta y genera confusión. Pero quizás no haya que exagerar sus efectos. Acaso el mayor riesgo en estos momentos, como sugiere George Friedman en el artículo de Stratfor enlazado arriba, sea debilitar la resolución internacional contra el órdago nuclear de Irán. El enfriamiento con Turquía no es nuevo -de hecho, quizás habría que poner el incidente de la flotilla en este contexto. Erdogan hace guiños a Irán, pero está él mismo en una posición delicada ante el establishment militar turco, y puede ser uno de los perdedores de la última crisis si no juega bien sus cartas. Por debajo de los discursos, hay que atender siempre a los hechos, y éstos indican que la principal relación estratégica de Israel, la única verdaderamente imprescindible, no ha llegado (aún) a un grado en verdad preocupante de deterioro.
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[1] – En el terreno de la propaganda, la rapidez en ocupar el espacio lo es todo. Casi todo el mundo recuerda las imágenes del niño Al Durah tiroteado por supuestos francotiradores israelíes; pero muy poca gente ha tenido acceso a las investigaciones posteriores sobre ese incidente, la “masacre de Jenín“, etc. Igualmente, cabe esperar pocas rectificaciones o matices a medida que se conozcan las circunstancias reales del abordaje de la flotilla de Gaza. La ocupación del espacio por la versión pro-palestina en las primeras horas, casi en tiempo real, fue determinante.
N.B.- Recuerdo a los lectores que hay unas normas para comentar, que pueden consultar en la correspondiente pestaña superior y en la barra lateral.
Masada


Iracundo
junio 4, 2010
El tema demográfico es fundamental para analizar un posible contexto político futuro. Sin embargo, creo que el carácter de “nación en armas” de Israel hace que los políticos israelíes, por degenerados que sean los intereses que promuevan, se alineen de forma bastante eficaz en las cuestiones de seguridad básicas del Estado. ¿Llegado el momento crees que Israel permitiría la traición de los árabes-israelíes? La mala prensa dará igual llegados a ese punto: la alternativa es la diáspora o algo peor.
Por otro lado, en el plano militar la superioridad poblacional es indiferente mientras Israel mantenga su capacidad para golpear duramente cualquier intento de atacarle por parte de sus vecinos. Francia cuando se preparó para una posible nueva confrontación con los alemanes en el período de entreguerras cometió el error de apostar por un ejército extenso en lugar de uno con la capacidad de llevar la guerra rápidamente al terreno enemigo. Israel, como nunca tuvo el potencial (tanto logístico como estratégico) para llevar una guerra de posiciones (o defensa profunda) o desgaste (atraer al enemigo a una batalla decisiva en la que volcar más recursos que aquél) siempre apostó por un ejército “intensivo en capital de guerra” al cargo de un gran “capital humano militar”. La inferioridad: ya sea numérica o material siempre existió y la concepción de las tácticas habituales del Tsahal la asumen claramente. Así, los israelíes nunca han buscado la aniquilación de las fuerzas enemigas, por ser ésta imposible, sino el hacerles imposible continuar operando. Si te fijas, la concepción de la estrategia de la desconexión aplica este mismo objetivo fundamental a la guerra no convencional contra Hamas, Hezbollah o Fatah. Israel parece preparado, de momento, para mantener el juego el tiempo que sea necesario.
Y, además, por si a algún árabe chalado le da por emular a Mahoma los amigos de Tel Aviv cuentan con cabezas nucleares.
J
junio 4, 2010
Israel es una “nación en armas”, pero cada vez menos. Los 60 y 70 quedan ya lejos. Como sabes, en la guerra del 48 murió alrededor de un 1% de la población de Israel; en las últimas campañas del Líbano y Gaza, las bajas se contaron por decenas, y, aun así, la opinión pública las recibió de muy mala gana. Existe un claro y lógico cansancio con la situación, además de que la sociedad israelí no es completamente ajena a la evolución del resto de sociedades occidentales en su percepción de la violencia. Y la historia está llena de ejemplos de guerras que se pudieron, que se debieron ganar, y no se ganaron por agotamiento de la opinión pública y por hartazgo del envilecimiento que suponían para el contendiente democrático: Argelia, Vietnam… Los árabes israelíes viven en la esquizofrenia de sentir un menguante apego a la nación a la que pertenecen y un muy real y sostenido apego a las condiciones de vida que esa nacionalidad permite. Dudo de que llegasen al extremo de una defección masiva, pero en ese caso, Israel estaría literalmente entre la espada y la pared: la alianza con EEUU es vital, y hay cosas con las que ni siquiera los EEUU pueden hacer la vista gorda. La superioridad militar del Tsahal es evidente; pero en un contexto de guerra de 4ª generación, dicha superioridad se diluye. De hecho, sus enemigos no necesitan vencer militarmente. Hezbolá y Hamas llevaron con mucho la peor parte en las citadas operaciones, pero la percepción general es que aguantaron o, incluso, en el caso de Hezbolá, ganaron. De hecho, ni siquiera hablamos ya de estados, sino de proxies, cascarones, estados capturados o zombis: Líbano-Hizbolá y Gaza-Hamás. Añadir otro en Cisjordania llevaría la situación al límite de lo permisible.
Demócrito
junio 4, 2010
Comentarios:
No existen precedentes creíbles de casi ningún estado subdesarrollado de ningún tipo (a grandes rasgos) donde no hayan surgido problemas de convivencia en los últimos treinta años. Las líneas de fractura pueden ser, grosso modo, étnicas, religiosas o políticas, pero en general responden a problemas estructurales de forndo. Sin negar que ciertos rasgos culturales añaden más leña al fuego.
Ejercicio de demografía ficción: en dos generaciones necesitas nada menos que la afluencia de un millón de inmigrantes norteafricanos anuales aproximadamente para alcanzar el 50% de población musulmana en España. Dado que el número de inmigrantes de origen norteafricano en España es ahora de unos 800.000 (menos de un 2% del total, acumulados a lo largo de aproximadamente dos generaciones) para lograr la temida islamización de España en otras dos generaciones sería necesario multiplicar por 25 el flujo actual. Tal cosa es, directamente, imposible. De hecho, sosteniendo el históricamente extraordinario flujo de los últimos años (algo también imposible, dadas las tasas de crecimiento vegetativo de los países norteafricanos) se tardaría en alcanzar el 50% de población musulmana (obviando además los efectos de aculturación de las generaciones nacidas en España) cerca de un milenio. O como decía Don Juan: “cuán largo me lo fiáis, Don Gonzalo.” Ya sé que la comparación era con la situación de Israel, pero lo digo por las tentaciones esencialistas que pueda provocar tu comentario.
El caso de Israel sería distinto, sin duda, pues habría que añadir 2.500.000 cisjordanos (Gaza es un imposible) al 1.300.000 de israelíes musulmanes, lo que supondría una proporción de 3.800.000 musulmanes frente a 6.200.000 israelíes no musulmanes. Es decir, un 38% de la población, aproximadamente. Aún lejos del fifty-fifty, por cierto, pero una minoría significativa. Aún así, y suponiendo una brecha constante de un 0,5% de crecimiento vegetativo (que no sería así a poco que las condiciones económicas e institucionales se fueran igualando) los musulmanes tardarían casi un siglo en superar al 50% de la población no musulmana, considerando que ésta permaneciera estable.
El problema actual de los israelíes es que no se puede estar en misa y repicando. Desde un punto de vista militar, la frontera en el Jordán es la mejor opción y les aterra abandonarla (con razón). Desde un punto de vista económico, en cambio, la absorción definitiva de Cisjordania supondría un coste tremendo (la tentación de convertir Cisjordania en un bantustán económico como alternativa supondría enquistar el problema ad eternum) y desde un punto de vista sociopolítico supone problemas de estabilidad graves. La única solución factible ya la has apuntado: un estado cisjordano independiente, sin ejército propio y defendido por la ONU, que forme un tapón frente a posibles tentaciones de repetir el Yom Kipur del 73.
J
junio 4, 2010
“No existen precedentes creíbles de casi ningún estado subdesarrollado de ningún tipo (a grandes rasgos) donde no hayan surgido problemas de convivencia”
Pero existen precedentes de estados no subdesarrollados que se han ido al garete por problemas de convivencia étnica o religiosa. Líbano. Bosnia. Kosovo. Y existe el precedente del problema que suponen la minorías musulmanas en todo el mundo, incluida Europa -y con la posible y curiosa excepción de EEUU. No hace ninguna falta que lleguen ni sobrepasen el 50%, especialmente si se concentran en bolsas con porcentajes más altos: en Filipinas son un 5% de la población total, y dan guerra.
Iracundo
junio 4, 2010
“en las últimas campañas del Líbano y Gaza, las bajas se contaron por decenas, y, aun así, la opinión pública las recibió de muy mala gana.”
Pero es porque se trata de una forma de guerra que por definición resulta frustrante. El enemigo no es claro y recurre al subterfugio, la traición o la mezquindad táctica extrema. Es mucho más agotador combatir contra quien no quiere ganar que contra uno que sí. La razón es evidente: el primero luchará mientras viva y el segundo tratará de vivir para alcanzar la victoria. La “mala gana”, el “no se van a cansar nunca”, explica la doctrina de la desconexión y no se pueden negar sus evidentes éxitos en el campo psicológico: ha pasado mucho tiempo desde la última vez que un palestino con una bomba adherida se voló en medio de una discoteca llena de israelíes, por ejemplo, y reducir a niveles aceptables las actividades de Hamas o Hezbollah cuesta “decenas de muertos” y no miles.
“La superioridad militar del Tsahal es evidente; pero en un contexto de guerra de 4ª generación, dicha superioridad se diluye. De hecho, sus enemigos no necesitan vencer militarmente. Hezbolá y Hamas llevaron con mucho la peor parte en las citadas operaciones, pero la percepción general es que aguantaron o, incluso, en el caso de Hezbolá, ganaron.”
Pero es que en el contexto de una guerra de 4ª generación no se puede esperar una victoria como en las de generaciones anteriores. La victoria se mide en otros términos: como por ejemplo la destrucción de un porcentaje determinado de la capacidad ofensiva del enemigo. La “percepción general” es algo sumamente relativo.
“La única solución factible ya la has apuntado: un estado cisjordano independiente, sin ejército propio y defendido por la ONU, que forme un tapón frente a posibles tentaciones de repetir el Yom Kipur del 73.”
Esto me parece puramente utópico dado el papelón que desde siempre la ONU ha representado en el escenario. Ahí está la FINUL, que se convirtió en tiempos en una forma de “retirada segura” para los fedayín que asaltaban los poblados israelíes al sur de la frontera con el Líbano (los fedayín se “rendían” a los casos azules y éstos les facilitaban el traslado al Líbano y además los cascos azules le devolvían a la OLP las armas incautadas). O también el no menos conocido ejemplo de la fuerza internacional de interposición en el Sinaí: que un buen día simplemente desapareció para dar paso a los chicos de Nasser. No, no creo que Israel cometa la estupidez de olvidar estas cosas y fiar su seguridad a semejante desastre de organización como es la ONU.
J
junio 4, 2010
Efectivamente, yo me fiaría de la ONU más o menos lo mismo que del ejército de Pancho Villa. Tendría que haber tropas concretas sobre el terreno. ¿Cuáles? ¿De Bangla Desh? ¿De Pakistán? ¿Holandesas? ¿Belgas? Además, teniendo en cuenta el peso de los países árabes y musulmanes en la organización, y el aquelarre que es el Consejo de Derechos Humanos, es posible que acabase siendo algo peor que una chapuza.
Demócrito
junio 4, 2010
“Pero existen precedentes de estados no subdesarrollados que se han ido al garete por problemas de convivencia étnica o religiosa. Líbano. Bosnia. Kosovo.”
Bueno, meter a Bosnia o a Kosovo es como decir que las víctimas de ETA han generado el problema terrorista en España. Bosnia es invadida por Serbia, que apoya a los muy beligerantes servobosnios, y no al contrario. Por otra parte, la línea de fractura superficial es étnica, no religiosa, como demuestra la neutralidad de la etnia musulmana gorani en el conflicto entre albaneses y serbios.
“Y existe el precedente del problema que suponen la minorías musulmanas en todo el mundo, incluida Europa -y con la posible y curiosa excepción de EEUU.”
En Alemania vive una industriosa (la media de autónomos y empresarios es más elevada que la de la nación) y en general pacífica población de 2,3 millones de turcos. En Gran Bretaña, más allá del ostentoso “fucking pakistanish” de alguna bigoted woman y trifulcas menores (en el país de las trifulcas de bar), se produce una coexistencia pacífica que sólo rompió el atentado del metro de Londres. Pero quisiera recordar que si medimos por muertos, de nuevo los católicos independentistas del Ulster se llevan la palma.
J
junio 4, 2010
“Por otra parte, la línea de fractura superficial es étnica, no religiosa, como demuestra la neutralidad de la etnia musulmana gorani en el conflicto entre albaneses y serbios.”
Bueno, esto es como si me dices que la religión no pinta nada en el conflicto palestino porque hay árabes musulmanes israelíes y palestinos cristianos.
Lo de Alemania te lo compro, con reservas: un 5% de la población -de todas formas, habría que hablar de las particularidades turcas. Lo de Gran Bretaña, menos. Datos del ministerio del interior de 2004: un 26% de los musulmanes británicos no siente lealtad hacia el Reino Unido, un 13% apoya el terrorismo y un 1% (más de 20.000 personas) participa activamente en actividades sediciosas o relacionadas con el terrorismo. Es interesante, por otra parte, comparar la performance de británicos musulmanes de origen pakistaní y británicos de origen indio, con niveles similares de formación y renta. En cualquier caso, hay problemas, especialmente en las zonas de concentración musulmana, a veces enmascarados por la política multicultural de ceder a las exigencias en cuestiones como alimentación, moral pública, etc. Y, qué coño, lo del 7-J no fueron los reptilianos, ¿no? Con todo esto, hoy por hoy son algo menos de un 4% de la población.
Demócrito
junio 4, 2010
Ah, no, no espero nada del ejército de cascos azules a nivel militar, pero sí que suponga una ralentización del ataque (aunque sólo sea por el rollo de rendir y apresar cascos azules) y obligue una intervención internacional, impidiendo un ataque relámpago gratuito a Israel.
Por preferir, preferiría un ejército OTAN, pero eso sí que no habría musulmán que lo aceptara.
J
junio 4, 2010
Estamos en lo mismo. Es posible que los cascos azules detuvieran por un breve lapso de tiempo la carga de la Brigada Ligera o un ataque de los jenízaros, pero, ¿iban a impedir la lluvia de cohetes sobre el aeropuerto Ben Gurión o las vías del norte de Israel? No estamos en el 67, hombre, no se trata de amasar tanques en la frontera, se trata de systems disruption; y ahí, los soldaditos de la ONU -y casi cualquiera, ojo-, como si fueran de plomo.
Demócrito
junio 4, 2010
“Esto es como si me dices que la religión no pinta nada en el conflicto palestino porque hay árabes musulmanes israelíes y palestinos cristianos.”
Al revés, el hecho de que los palestinos cristianos no se metan (o no quieran meterse) en trifulcas significa que la fractura superficial es religiosa, no étnica. A los árabes israelíes no les obligan (de hecho les desaniman) a hacer el servicio militar, y tampoco éstos desean luchar en absoluto contra los palestinos. Es decir, los musulmanes israelíes evitan la bronca porque no les interesa (neutralidad oportunista) no porque estén del lado israelí en el conflicto.
En cambio que los gorani sean neutrales significa que les importa una pija que la mayoría de los albaneses sean tan musulmanes como ellos. La fractura es otra y no se sienten concernidos al respecto. En realidad, más que los musulmanes, se podría decir que el problema son los ortodoxos, porque son los Serbios los que se dedican a invadir regiones católicas (Croacia) y musulmanas (Bosnia, Kosovo). No quedaría mal, pero no es así. La desgana Serbia por impedir la independencia eslovena (Eslovenia estaba prácticamente libre de población serbia) demuestra que lo que perseguían era una “Gran Serbia”, no una “Gran Yugoslavia Ortodoxa”. La fractura superficial, repito, es étnica y no religiosa. La profunda es ilustrada por los siguientes datos: en 1990 Eslovenia tenía un 8% de población, pero producía un 29% de las exportaciones totales de Yugoslavia. Su PIB per cápita era el doble de Serbia, tres veces el de Bosnia y ocho veces el de Kosovo. Su mortalidad infantil era del 11 por mil, mientras en Serbia era del 22, en Macedonia del 42 y en Kosovo del 52. (“Postguerra”, Tony Judt, 2005)
Demócrito
junio 4, 2010
“¿Iban a impedir la lluvia de cohetes sobre el aeropuerto Ben Gurión o las vías del norte de Israel? No estamos en el 67, hombre, no se trata de amasar tanques en la frontera, se trata de systems disruption;”
Habría que distinguir entre ataques por parte de estados, lo que supondría la justificación de una posible intervención armada por parte de la ONU y sin duda alguna de EEUU, y ataques por parte de grupos terroristas. En el primer caso, los potenciales enemigos de Israel poseen el armamento balístico suficiente como para bombardear cualquier punto de Israel desde bases propias, da igual que éste ocupe o no Cisjordania, pero lo pagarían exageradamente caro. En el segundo caso el asunto es más complicado y en general necesitarían bases más cercanas. El primer caso es peligroso sólo si va acompañado de una intervención militar (de ahí el necesario freno de la fuerza de interposición). El segundo es, como apunta Iracundo, otro tipo de guerra con otro tipo de objetivos, aunque reconozco la posibilidad de que Cisjordania se convierta en un nido de terroristas bajo las narices de la ONU.
Fritz
junio 4, 2010
La verdad, J, es que, como te decía el otro día, soy muy fatalista en este tema. Por un lado, no existe una solución clara: ni dos Estados, ni uno, y en realidad hoy por hoy no hay nadie de la parte Palestina con la suficiente autoridad como para imponer (“por las buenas o por las malas”) a los propios palestinos una solución; creo que esto podría ser lo más importante en el plano político: un acuerdo con Arafat era un acuerdo con “Palestina”, un acuerdo con Abbas, ¿qué es?, y con Hamás (dejando de lado qué clase de acuerdo podría ser ese), ¿sería aceptado por Al Fatah? Parece que no.
Por otro lado, creo que Israel no puede continuar indefinidamente en estado de guerra. Ninguna democracia aguanta como tal democracia –y habría que ver si como país- en permanente estado de guerra, no al menos si ésta se desarrolla en su propio territorio, o a sus puertas; el problema para la democracia se agrava por el propio carácter no usual de esta(-S) guerra(-S), esto es mucho más “sucio”, y por el asunto de los israelíes árabes. Y si cuanto más tiempo pase la solución es más complicada; lo de las tropas de interposición a la espera de que la sociedad palestina alcance un “progreso estable” o algo por el estilo ni lo considero, la verdad.
En fin, volviendo al principio, creo que la única oportunidad de ver luz al final del túnel podría venir del surgimiento de una autoridad palestina con capacidad real de negociar, y que no fuera Hamás o Yihad Islámica o su puta-madre-islamista-radical. Mientras tanto, a Israel solo le cabe aguantar, con la ayuda imprescindible de EEUU (claro), y poco más. Por tanto, ¿hay posibilidad de que surja un interlocutor que no sea de carácter islamista radical con capacidad suficiente como para llegar a un acuerdo? Pues yo esto tampoco lo veo, entre otras cosas porque habría que ver si los diversos amigos intervinientes –supuestamente- a favor de los palestinos permitirían la aparición de una figura que aúne poder real e ideas como para negociar con “una democracia secular judía”.
J
junio 4, 2010
Efectivamente, uno de los problemas es que los palestinos no cuentan con un liderazgo fuerte y creíble capaz de asumir riesgos, imponer sacrificios y poner orden. Ni siquiera Arafat fue capaz de hacerles tragar Camp David 2. Pero esto, como digo, forma parte de un problema más amplio: la debilidad de los regímenes árabes, susceptibles siempre de ser capturados por alguna facción o de fragmentarse, poco o nada representativos en el sentido occidental y carentes de los mecanismos de equilibrio y control más elementales.
Iracundo
junio 4, 2010
Establecer cualquier base de la ONU cerca de los puntos estratégicos de Israel es un suicidio y no creo que los israelíes sean tan locos para cometerlo. Los cascos azules no son eficaces contra ejércitos enemigos (como se demostró en el pasado: Egipto) y tampoco contra grupos terroristas (como, de nuevo, se demostró en el pasado: Líbano). Confiar una misión de seguridad a la ONU equivale a hipotecar la seguridad de los israelíes ante un conglomerado de países que, como dice, J, en su mayoría aplaudirían si Israel fuese exterminado. Una locura sólo imaginable por la diplomacia bien intencionada: ineficaz hasta lo criminal pues al no basarse en una amenaza creíble se trata, generalmente, de puro apaciguamiento desde la debilidad. Y esto anterior es, como es sabido, la receta perfecta para el surgimiento de agresores audaces.
Demócrito
junio 4, 2010
Pero creo que cometéis un error de apreciación. A nivel estratégico, lo que puede impedir que estos países se unan en el exterminio de Israel es:
1.- Respuesta nuclear israelí.
2.- Respuesta internacional encabezada por EEUU (invadir Kuwait no le salió gratis a Iraq). Fin de la percepción de Israel como agresor. Integración de Cisjordania por las malas y férreo control militar israelí aprobado por la ONU.
3.- Probable nueva cagada ante el Tsahal.
De todas formas, no veo a los actuales Jordania o a Egipto metiéndose en tal aventura a cambio de prácticamente nada. Aunque lo hicieran, ni ellos, ni Irán, ni Siria necesitan bases en Cisjordania para alcanzar con misiles u ataques aéreos cualquier punto de Israel. En cambio atravesar una Cisjordania neutral protegida por Cascos Azules quizá no requiriera un tiro, pero sí tiempo, a no ser que estés dispuesto a masacrar tropas de interposición y poner a todo el mundo en tu contra. Y la rapidez de despliegue es una de las cualidades principales del Tsahal, acordaos que siendo Cisjordania parte de Jordania ya les derrotó en dos ocasiones, en el 48 y en el 67.
Otra cosa es que Cisjordania se convirtiera en un nido de terroristas bajo las narices de la ONU, algo más que posible, pero es que YA es un nido de terroristas a la espera de la tercera intifada. ¿De veras creéis que sería mucho peor?
De toda formas, no veo muchas más alternativas. Los palestinos no aceptarán un estado independiente bajo mandato militar israelí, estadounidense o de la OTAN. El estado único sería extremadamente difícil de mantener estable (aparte de poder convertirse en una quinta columna). Tampoco creo que los cisjordanos quieran volver a ser parte de Jordania, además de las dificultades apuntadas por J.
J
junio 4, 2010
Creo que no he hablado de ataques de países, sino de grupos desde estados zombis o capturados. Por mucho que fanfarronee el nene Al Assad, ¿para qué va a a mandar Siria sus carros, sus aviones y sus soldaditos al matadero frente a la IDF, teniendo a Hezbolá; a la que, además, hay que darle las patadas en el culo del Líbano, con lo que eso supone para Israel en términos de PR?
En cuanto a Cisjordania, el escenario chungo no es que Siria o Irán tiren misiles; para eso están la aviación, los Patriot y las armas nucleares israelíes. Lo que no puede aceptarse es que un puñado de desharrapados con cohetes, como los que operan en Gaza desde 2005, te cierren el Ben Gurión y las autopistas.
Demócrito
junio 4, 2010
Ya, J, pero si la actual situación se enquista, nada impedirá que Cisjordania se convierta en Gaza cuando todas las expectativas palestinas se derrumben. Y eso sí que será un nido de avispas. De veras, creo más difícil la libre actuación de Hamás u otros grupos terroristas en una Cisjordania independiente, relativamente próspera (su mera vecindad con Israel puede ayudar) y bajo protección de la ONU, que una Cisjordania envuelta en una tercera intifada con Hamás al frente, de jure o de facto.
J
junio 4, 2010
“creo más difícil la libre actuación de Hamás u otros grupos terroristas en una Cisjordania independiente”
Y yo. Pero, sea Hamas, los Mártires de Al Aqsa o quien sea, entiendo que Israel se lo piense muchísimo antes de un “desenganche” como el de Gaza, para tener que volver a entrar repartiendo a los dos días, provocar vícitimas civiles, etc, etc, etc.
Demócrito
junio 4, 2010
De acuerdo con eso. En realidad, la dificultad está en elegir entre la menos mala de las horribles opciones existentes.
Txomin Goitibera
junio 6, 2010
Pero los israelíes no están por la labor de abandonar lo que llaman en su jerga Judea Y Samaria. Además la ocupación es ya de tal naturaleza que hace tiempo que se pasó el punto de no retorno. La única solución viable para la supervivencia de Israel en su formulación actual es la que de hecho están llevando a cabo, borrar Palestina del mapa y echar a loa árabes al mar. Una alternativa así no resulta en absoluto apetecible para los árabes que harán todo lo que puedan para dificultarla.
Se avecinan tiempos sombríos para los palestinos… También para los israelíes pero esta última vertiente del problema me quita menos el sueño.