Democracia pluvial

Publicado en octubre 25, 2010

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A través de Marginal Revolution llego a este artículo, “Rainfall and Democracy“, de Stephen Haber y Victor Menaldo. Confieso que, tras echar un vistazo al abstract, me temía lo peor: en ocasiones, los politólogos cuantitativistas también se lo curran mucho para que no nos los tomemos en serio. Y la lectura del artículo sólo ha conjurado parcialmente mis temores.

La tesis: las democracias se han desarrollado históricamente en lugares con un volumen moderado de precipitaciones anuales, que eran los que favorecían el desarrollo de la agricultura y, por ende, los Estados. Por el contrario, las regiones por debajo de un mínimo pluviométrico sólo han permitido la pervivencia de organizaciones sociales tribales -pastoriles o cazadoras-recolectoras-, que, como ya hemos comentado un porrón de veces, no casan particularmente bien con las instituciones democráticas.

¿Problemas? Para empezar, por encima de los 90 cm anuales de precipitación -que es el límite discrecional que han fijado Haber y Menaldo-, las democracias y los regímenes autoritarios se alternan sin que se distinga una pauta (ver gráfico). Su hipótesis es que la democracia puede echar raíces allí donde la colonización europea ha llevado la agricultura, aunque sea en forma de plantación, e instituciones asociadas, y ha quebrado el sustrato tribal; y de ahí que algunos países muy lluviosos alberguen regímenes democráticos mientras que en ninguno por debajo de los 40 cm anuales -como tampoco en los lluviosos que han sufrido modelos extractivos o han permanecido al margen de la colonización- se conozca otra cosa que el merum imperium, el ordeno y mando.

Por supuesto, el modelo de los autores precisa operacionalizar tanto la democracia como el tribalismo. Y la distinción sobre la que edifican el estudio -democracias estables, regímenes cíclicos y regímenes autoritarios- no deja de ser una convención que apenas esboza la naturaleza de cada régimen particular. Tampoco se pretende otra cosa, claro. Pero una objeción seguramente más pertinente sea la irrelevancia: el enfoque de Haber y Menaldo no parece mejorar ni aportar nada importante a los estudios que citan en la introducción bibliográfica (Ekerman y Solokoff, Acemoglu, Johnson y Robinson, etc) ni a visiones de conjunto como la de Jared Diamond. Sinceramente, cuesta apreciar las capacidades predictivas de un modelo pluviométrico en el que hay unidades como Australia o Singapur.

Antes de entrar en materia, el paper hace un somero repaso a la historia de la civilización desde el punto de vista de la dialéctica tribu/estado. Acertado en términos generales, aunque da la impresión de que los autores no están excesivamente familiarizados con algunos períodos históricos -no, amigos, el feudalismo no surgió como arreglo frente a la amenaza de los “visogodos” (sic). También cabe preguntarse qué lugar reservan Haber y Menaldo para la democracia antigua en su esquema. Incluso admitiendo que se trata de un fenómeno de naturaleza distinta de la de su homónima moderna, la democracia clásica merece algo más de atención. Y, sobre todo, plantea una cuestión en absoluto irrelevante para el caso: la relación entre instituciones democráticas y formas sociales de origen tribal o gentilicio -las fratrías griegas, la tribu romana, las asambleas germánicas-, y entre el igualitarismo democrático y el igualitarismo tribal. Relaciones que sugieren que la peculiaridad de la tradición política occidental podría haber residido en erigirse en una tercera vía entre las formas tribales y los grandes estados agrarios asiáticos.

Porque, por cierto, como señala un comentarista de MR -recomiendo leer el hilo entero-, el artículo hace pensar en la teoría del modo asiático de producción del marxista Wittfogel: las grandes civilizaciones agrícolas del Medio y Extremo Oriente, basadas en la irrigación, precisaron Estados centralizados y burocráticos para poder llevar a cabo las obras de canalización y mantenimiento, así como gestionar los excedentes; lo que dio lugar a castas sacerdotales-burocráticas y regímenes despóticos. El argumento viene del propio Marx y, al margen de su vigencia, tiene la virtud de poner el acento en factores cuya importancia es difícil de exagerar: condiciones materiales, tecnología y relaciones de poder y propiedad. Con todo, parece que los autores del paper no han leído a Wittfogel. (De Marx ni hablamos.)

En resumidas cuentas, y dejando a un lado su fantástico poder explicativo ex post facto, no queda muy clara la relevancia del modelo de Haber y Menaldo si, a fin de cuentas, el régimen pluviométrico apenas viene a ser algo más que un proxy del grado de tribalismo. Un fenómeno que puede medirse por otros parámetros más fiables y que guarda, como hemos visto, una relación compleja con la democracia.

PS- También por MR me entero de que Menaldo tiene un blog. Interesante.

ACTUALIZACIÓN (28/10/2010): Menaldo publica en su blog un resumen sobre el artículo, con algunas imágenes curiosas.

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