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Hace tiempo que quería publicar unas notas sobre los mujiki rusos, suscitadas por la descripción y las reflexiones de Richard Pipes en sus libros sobre la Rusia del Antiguo Régimen y la Revolución. El reciente comentario sobre el campesinado pre-moderno me da una buena excusa: un vistazo a un universo rural ancestral, cuya forma de vida e ideología sobrevivieron hasta entrado el siglo XX, ofrece un ejemplo, seguramente extremo, pero ilustrativo en todo caso; y las claves de interpretación que apuntábamos el otro día pueden contribuir a explicar realidades históricas que, de otro modo, aparecen como extravagancias o desviaciones.
El régimen servil se impuso en Rusia cuando Occidente ya liquidaba el feudalismo y despuntaban los Estados modernos. Los campesinos rusos comienzan a adscribirse a la tierra a mediados del siglo XVI [1], momento en que sustituyen la agricultura de rozas por la rotación trienal, que se llevaba aplicando en Europa desde el apogeo del feudalismo. Esta era aún la forma predominante de cultivo cuando la colectivización soviética quebró el orden secular del campo ruso. Uno de los rasgos más señalados, no ya del campesino ruso, sino del campesinado como clase, es su conservadurismo. Pipes apunta algunas razones:
La rapidez con que debía completarse el trabajo en el campo comportaba uno de los rasgos más onerosos de la servidumbre. El siervo no podía programar las labores que le debía a su señor para disponer de tiempo para llevar a cabo su propio trabajo sin interrupciones. Tenía que hacer ambos a la vez. Los terratenientes en ocasiones requerían que los siervos se ocuparan de las tierras de su dominio antes de permitirles labrar las suyas. Cuando esto sucedía, no era extraño que los campesinos tuvieran que trabajar todo el día, labrando las fincas del señor durante las horas de luz y las suyas propias por la noche. (…) La temporada agrícola dejaba tan poco margen para la experimentación que no sorprende el conservadurismo del campesino ruso en lo que a cualquier cambio en la rutina de trabajo se refiere: un paso en falso, unos pocos días perdidos, y se enfrentaba a la perspectiva del hambre al año siguiente (Pipes, 1974: p. 143).
No es difícil imaginar que, incluso en condiciones menos extremas que las del campo ruso, y bajo regímenes menos asfixiantes, constricciones semejantes operaron para todos los campesinos malthusianos. Además, la necesidad de llevar a término un trabajo agotador en el plazo de unos pocos meses venía determinado por unos característicos ritmos anuales de trabajo, de los que ya hablamos en el post enlazado arriba:
Los observadores de la aldea rusa han comentado a menudo el contraste extremo en el ritmo de vida durante los meses de verano y el resto del año. La brevedad de la temporada agrícola en Rusia exige el máximo esfuerzo durante unos pocos meses, seguidos por un largo período de inactividad. A mediados del siglo XIX, en las provincias centrales de Rusia, había 153 días al año reservados para fiestas; la mayoría de ellos caían entre noviembre y febrero. Por otra parte, desde abril, aproximadamente, hasta septiembre, no había tiempo para otra cosa que trabajo (Pipes, 1974: p. 142).
No obstante, el tradicionalismo agrario puede combinarse con tendencias anarquistas, a pesar de la aparente paradoja, cuando hay hambre de tierra y faltan instituciones y una clase propietaria amplia. El lector español no tiene más que recordar la incidencia del anarquismo en la Andalucía rural de comienzos del siglo XX. O, más generalmente, los movimientos milenaristas de finales del medievo. En Rusia, además, se daba otra serie de factores que convertían al campesinado en una clase extremadamente inarticulada y voluble, con una experiencia política prácticamente nula. En el momento de la Emancipación de 1861, los siervos aún constituían más de un tercio de la población. En cuanto a los campesinos instalados en tierras del Estado, gozaban de mayor libertad de movimientos, pero sus condiciones no eran sustancialmente mejores. La distinción entre uso y propiedad fue siempre borrosa en Rusia, en la medida en que el único señor y propietario real (gosudar) de todo era el Zar.
No existe consenso en torno al origen de la comuna rural (obshchina, mir): parece que su conformación definitiva se produjo en época relativamente reciente, si bien se basaba en tradiciones antiguas. Como fuera, la comuna dominaba la vida de la gran mayoría de familias rusas, que no ejercían la tenencia de sus franjas de tierra directamente, sino a través de dicha institución. Además, dado que la comuna se responsabilizaba del pago de impuestos, una de sus máximas preocupaciones era un reparto igualitario de la tierras y, por tanto, las rentas; de manera que periódicamente se redistribuían las franjas entre las familias según el número de personas, la productividad de cada finca, etc. La idea de reparto, como veremos, es central en la ideología del mujik.
Aparte de la obshchina, el campo ruso presentaba una sorprendente ausencia de instituciones que ofrecieran continuidad. El campesino ruso desconocía la primogenitura -quizás por herencia del sistema medieval de appanage-: incluso en los casos en que la propiedad se transmitía en lugar de revertir a la comuna, había de repartirse entre todos los herederos; lo que impedía la acumulación de propiedades ni capital de ningún tipo, y fomentaba que las comunidades y familias se fracturasen continuamente para reformarse en otro lugares. Las aldeas rusas eran conjuntos de cabañas de troncos (izby) sin foros ni edificios comunales. Ni siquiera la parroquia servía como tal: en general, el papel social de los popes se limitaba a formalizar el tránsito al otro mundo de los muertos y ejercer de especialista mágico-religioso.
En vísperas de la Revolución, la proporción de campesinos en Rusia venía a ser la misma que en la Francia de 1789. No obstante, la mayoría de ellos eran ya, tras la Emancipación y la reforma de Stolypin, propietarios de tierra directamente o a través de las comunas. ¿De dónde procedía entonces su hambre de tierra? Las condiciones que habían hecho posible el sistema servil hacía tiempo que no operaba: aunque el Imperio ruso abarcaba más de 20 millones de km2, la mayoría de las tierras aptas para la agricultura habían sido roturadas ya. Pero la población, después de duplicarse entre las Guerra Napoleónicas y la Emancipación, no había dejado de crecer, con tasas de hasta un 18% anual según las regiones. La proporción entre tierra y mano de obra se había alterado decisivamente hacia la segunda, y la industria rusa aún no estaba en condiciones de absorber íntegramente el excedente. Por otra parte, si la tardía Emancipación de 1861 había tenido algún efecto económico, había sido principalmente aumentar las cargas de los siervos liberados, al obligarles a pagar la tierra -el “impuesto de redención” hubo de ser eliminado finalmente en 1905. Y muchos antiguos siervos domésticos se hallaron libres pero sin ocupación. En definitiva, los campesinos seguían esperando el mítico “Reparto Negro”, confiados mesiánicamente en que el Zar lo decretaría en cualquier momento, siempre que consiguiese imponerse a los manejos de los terratenientes.
No obstante, y gracias a las materias primas y a una modernización que avanzaba a trancas y barrancas sobre miles de kilómetros de vías férreas [2], Rusia era el país del mundo con mayores tasas de crecimiento a comienzos del siglo XX. Las ciudades y centros industriales que la incipiente industrialización había creado recibían cada día a miles de mujiki que buscaban trabajo huyendo de la miseria en el campo. El Estado ruso carecía de los medios y la voluntad de socializar a estos campesinos, que meramente transplantaban sus modos y su marco ideológico a los suburbios industriales. Más aún: el Zar y su círculo interno desconfiaban -no sin algún motivo- de la modernización y pensaban, erróneamente, que el régimen monárquico se mantendría en su naturaleza esencial mientras Rusia fuese un país predominantemente agrario.
Según Pipes, este fue un error fundamental de cálculo: confiar en un idealizado campesino como repositorio de los valores de la Rusia eterna, que permanecería fiel al Zar, nutriría sus ejércitos y cimentaría el viejo orden en cualquier circunstancia. En realidad, el mundo rural ruso, aparte de algunas nociones supersticiosas, no estaba unido al Antiguo Régimen por la trama de vínculos materiales e ideológicos que posibilitaron fenómenos como la Vendée o el carlismo. El mujik, habituado a una existencia fluida y desvinculada de un Estado que no concebía políticamente, y hacia el que sentía poca o ninguna lealtad nacional, era esencialmente voluble y apenas tenía otras inclinaciones políticas que la esperanza milenaria en el reparto de la tierra y una concepción salvaje y caprichosa de la libertad (volya).
Como es sabido, frente a la idea original marxiana de que la revolución proletaria tendría lugar allí donde el proceso histórico de industrialización estuviera más avanzado, como Inglaterra, los campesinos -entendidos como clase social, no necesariamente desde el punto de vista de la ocupación- fueron un elemento clave de la Revolución rusa: en el campo, pero también y sobre todo en las fábricas y en el ejército. Lenin, cuya concepción ideológica debía al menos tanto a los revolucionarios agrarios milenaristas de Narodnaya Volia (“Voluntad popular”) como a Marx, se vio forzado a articular una teoría ad hoc, según la cual el campesinado ruso había alcanzado ya una fase burguesa -representada eminentemente por la figura del kulak- y, por lo tanto, estaba maduro para la acción revolucionaria [3]. Esto no dejaba de ser una fantasía conveniente, como hemos visto. De hecho, serán los campesinos quienes, pasadas las primeras expectativas mesiánicas, ejerzan una mayor resistencia explícita o implícita a la colectivización soviética, y quienes sufran la más brutal represión en forma de confiscaciones y hambrunas planificadas.
Como se ve, la historia de las instituciones y los regímenes de propiedad en Rusia proporciona tantas claves de interpretación sobre su particularidades políticas que merece una entrada aparte, y se la dedicaremos.
NOTAS
[1] – Es significativo que Boris Godunov, que promovió la colonización de los grandes espacios siberianos, decretase en 1597 la prohibición de cambiar de señor. Las condiciones -tierra más abundante que la mano de obra- empujaban hacia formas de vinculación a la tierra para evitar que la competencia entre terratenientes por la mano de obra disparase el poder de negociación de los campesinos. La colonización inicial de Norteamérica, donde operaban parecidos factores, se realizó también en buena medida bajo una forma de servidumbre, si bien más suave: la indenture.
[2] – La extensión del ferrocarril en Rusia se ha empleado en ocasiones para explicar la apuesta estratégica de Alemania en vísperas de la PGM. Supuestamente, los estrategas de Berlín estimaban que una guerra de dos frentes sería imposible de afrontar si las comunicaciones rusas alcanzaban el estado de desarrollo preciso para movilizar eficientemente su casi inagotable caudal de tropas.
[3] – Empeñados en validar la teoría leninista ex post facto, los medievalistas soviéticos se esforzaron durante años por demostrar que Rusia había experimentado un verdadero feudalismo en la Edad Media, y que su desarrollo era, por tanto, equiparable al de Occidente -volveremos a ello próximamente.
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Pipes, R. (1974). Russia under the Old Regime. Nueva York: Charles Scribner’s Sons.
Pipes, R. (1991). The Russian Revolution. Nueva York: Alfred A. Knopf.


Fritz
noviembre 3, 2010
Muy interesante J. Desconocía completamente esas ideas de Lenin sobre el desarrollo burgués del campesinado ruso (los “kulaks”), me ha dejado muy sorprendido.
J
noviembre 3, 2010
Lenin tenía muchas conexiones, ideológicas y personales, con el mundo rural. De hecho, antes de la Revolución, y a diferencia de los mencheviques o los SR, los bolcheviques eran predominantemente rusos étnicos vinculados al campo, y particularmente a las zonas de tradición servil más fuerte. Y, dado que su única verdadera ideología era la conquista del poder -nunca fue un analista excepcional, y su producción ideológica siempre se supeditó al tacticismo-, no podía dejar de reconocer que el campesino era la clase clave para un cambio de régimen. Sabía perfectamente que el proletariado ruso carecía de “conciencia revolucionaria”, como demostraba el hecho de que la influencia de mencheviques, y no digamos bolcheviques, en medios obreros era muy reducida antes de 1917. La desconfianza era mutua. Pipes cuenta que, al regreso de uno de sus exilios, Lenin pasó un tiempo instruyendo a obreros en el marxismo; pero ni él ni ellos estaban particularmente interesados, y lo dejó cuando uno le robó el abrigo.
La verdad es que el pobre no tenía suerte: en París le robaron la bicicleta en la puerta de la Biblioteca Nacional, motivo por el que siempre detestó la capital francesa. Como tantos otros revolucionarios y hombres providenciales, tenía muchos rasgos del clásico Tartufo.
J
noviembre 3, 2010
Por otra parte, y como muestra de que le importaba un pimiento contradecirse mientras obtuviese una ventaja táctica, Lenin se opuso ferozmente a la reforma agraria de Stolypin; que, de triunfar, hubiese convertido efectivamente al campesinado ruso en una verdadera clase propietaria. Es decir, que se hubiera quedado sin clase revolucionaria en que apoyarse. Aunque esto iba en contra de los presupuestos de Marx y desmentía su propia y peregrina idea de que los campesinos ya eran una clase burguesa.
Fritz
noviembre 3, 2010
Comprendo. Pensaba que la asimilación entre burgueses y “kulaks” (y los “nepman” de las ciudades) era resultado de la NEP, que además no se sabe hasta qué punto lo creyeron -los bolcheviques- de veras y dónde que lo hicieran creer para exterminarlos (léase, asustar a un campesinado reticente a la colectivización).
Las contradicciones de los comunistas no es ya que existan, que existen, sino que se pueden dar un día en un sentido y, al día siguiente, en el contrario, máxime si lo que está en juego es el poder. Con la Revolución de Febrero exigieron todo tipo de garantías de la “democracia burguesa” que en pocos meses se encargarían de periclitar.
Lo del robo del abrigo es buenísimo, eso le pasa por no haber visto Viridiana.
A todo esto, ¿has leído “Koba el temible. La risa y los 20 millones” de Martin Amis? Es una reflexión sobre el estalinismo.
J
noviembre 4, 2010
Eso pasa aún. Gente que se ha pasado décadas denunciando las “libertades formales”, y ahora pone el grito en el cielo porque la cachean en un aeropuerto. Joder, ¿no habíamos quedado en que esas garantías eran formalismos vacíos?
Koba lo leí hace ya algunos años. Si no recuerdo mal, es un panfleto, con las virtudes y defectos del género. No te lo tomes muy en serio desde el punto de vista historiográfico, es una obra de intención política y una confesión personal de Amis.
Fritz
noviembre 4, 2010
Me hace más gracia cuando denuncian la pérdida de derechos sociales, que supuestamente ni siquiera tenemos porque esta democracia que es “solo formal” y está dictada por el gran capital.
Hombre, es que directamente no es un libro de historia, como sugieres, pero a mi sí me gustó bastante, estoy bastante de acuerdo con algunas de sus reflexiones (tampoco pretende ser Arendt), además, el tío es super ingenioso y deja por ahí unas frases cojonudas, que no dejan de sintetizar muy bien algunos de los aspectos del estalinismo a los que se refiere.
J
noviembre 4, 2010
“la pérdida de derechos sociales, que supuestamente ni siquiera tenemos”
Ya sabes: la comida es muy mala y, además, las raciones son muy pequeñas.
bastonazo
noviembre 4, 2010
Muy interesante, gracias por su texto. Espero fervientemente la continuación. Existe poca bibliografía disponible en español sobre la Rusia del Antiguo Régimen, lamentablemente. Bueno, en general, sobre cualquier “historia nacional” hay poco material publicado aquí.
Quisiera formular 2 preguntas:
“La distinción entre uso y propiedad fue siempre borrosa en Rusia, en la medida en que el único señor y propietario real (gosudar) de todo era el Zar.”
Tengo entendido que en Inglaterra sucedió lo mismo desde la conquista normanda, que el único señor de toda la tierra era la Corona (y no solo en el plano económico sino también en el político: todos sabemos como era el feudalismo normando: centralista y organizado desde arriba) y sin embargo, la historia de Inglaterra y la de Rusia son muy diferentes. ¿Podría explayarse sobre esto, si no es molestia?
La otra pregunta es: si no he entendido mal, dice vd. que desde la abolición de la servidumbre hasta la Revolución hubo en Rusia una explosión demográfica que imposibilitaba que existiera un verdadero equilibrio entre la población y las tierras disponibles para el cultivo. El excedente humano esperaba, por tanto, el “reparto negro” del zar. ¿Puede saberse qué es realmente este reparto negro?
Gracias. Un saludo.
J
noviembre 5, 2010
1) En Rusia no hubo auténtico feudalismo, por si no queda claro en la tercera nota. Es decir, podemos estirar la definición de feudalismo hasta que abarque cualquier sistema de descentralización, tenencia de tierra y vinculación personal, pero entonces la etiqueta nos servirá para bien poco. Un punto fundamental del feudalismo francés, occidental, es que la relación vasallática obliga tanto al señor como al vasallo: la quiebra de los términos por cualquiera de las partes pone fin a la relación. En ese sentido, como explica Marc Bloch, representa la semilla del contractualismo. Por el contrario, en Rusia, la cesión de tierras por parte del príncipe no tenía otro objeto que su explotación, y no había vínculo vasallático que lo obligase. Finalmente, el feudo se consolidó en Occidente como posesión hereditaria con primogenitura a partir del s. XIII; en Rusia se da un proceso contrario, por el que el dominio real se extiende a costa de los otros príncipes, de los boyardos y, en general, de todos los propietarios, que pasan a ser meros tenedores de la tierra. El momento más dramático de este proceso fue la Oprichnina de Iván el Terrible. Por encima de todo, en Rusia, además de darse condiciones geográficas y demográficas muy distintas, no existían las instituciones y tradiciones moderadoras de Inglaterra, como los tribunales de hundred y shire, o la tradición del derecho romano -por ejemplo, la distinción entre dominium e imperium, propiedad y jurisdicción-, ni siquiera las viejas ideas germánicas de libertad. Lo más parecido a unas cortes, el Veche de Novgorod, fue borrado del mapa por los príncipes moscovitas en su proceso de extensión del dominio real. Ni, desde luego, se promulgó nunca ninguna Magna Carta. Rusia fue siempre, en cierto sentido, un dominio colonial: de los rus de Kiev, de los mongoles y, finalmente, del propio príncipe de Moscovia. Para todo ello, recomiendo leer los magistrales capítulos que Pipes (1974) dedica al “régimen patrimonial”.
2) El “reparto (o repartición) negro” era una gran redistribución de tierras que, se suponía, el Zar efectuaría próximamente. Creencia que, lejos de disiparse, se acentuó con la Emancipación. Se trataba de una visión milenarista de la reforma agraria: todos los campesinos tendrían tierra de sobra y, de paso, los terratenientes se joderían. El sueño de todo mujik. Por supuesto, las reformas reales, como la de Stolypin, palidecían en comparación con eso, y dejaban insatifechos a los campesinos -es lo malo que tiene la realidad cuando se compara con las fantasías. Lo que ahora mismo no sabría decirte es si lo de “negro” venía por la clase de los “campesinos negros”, o sea, libres y no siervos, o porque las mejores tierras agrícolas de Rusia eran y son el chernozem, la “tierra negra”. Supongo que más bien lo primero.
Cannon
diciembre 9, 2010
“Me hace más gracia cuando denuncian la pérdida de derechos sociales, que supuestamente ni siquiera tenemos porque esta democracia que es “solo formal” y está dictada por el gran capital.”
Eso es un análisis muy simplista, la democracia burguesa es fruto de las lucha entre las clases y la burocracia estatal juega un papel importante, así como la ideologías y organizaciones que representan a las diferentes clases y sino basta con leer el “18 Brumario” de Marx para un análisis verdaderamente marxista, valga la redundancia de lo que es la democracia burguesa.
La actitud de intentar generalizar una frase como esa a todo el discurso marxismo es ser un completo fariseo. Los análisis tan simplistas no hacen excepciones con otras ideologías como la socialdemocracia o el liberalismo, sino os recomiendo que echeis un vistazo a algunos de los blogs alojados en Red Liberal…
J
diciembre 9, 2010
No sé Fritz, que es el aludido, pero por lo que me toca: en este blog no se reduce el marxismo a una frase, ni a dos. De hecho, Marx es una influencia reconocida y reconocible en esta humilde bitácora. Otra cosa es que la izquierda produzca discursos y memes incoherentes o simplones, como los que comentábamos.
Cannon
diciembre 9, 2010
“No sé Fritz, que es el aludido, pero por lo que me toca: en este blog no se reduce el marxismo a una frase, ni a dos. De hecho, Marx es una influencia reconocida y reconocible en esta humilde bitácora.”
Ya, solo me refería a esa frase en particular que me parecía un tanto capciosa, pero por lo demás encuentro muy interesante tu blog, un verdadero descubrimiento. Enhorabuena.