Los niños confunden la realidad con la ficción y los adolescentes identifican la ficción con la falsedad; los adultos, entre tanto, distinguen realidad, ficción y falsedad.
Recojo en unas notas algunas cuestiones del debate de la última semana sobre Wikileaks. Mi postura viene a coincidir en lo básico con lo apuntado por Citoyen y Roger. Lo primero de todo es la relativa irrelevancia de lo filtrado. Recordemos que se trata de cables diplomáticos, no de espionaje. En general, se trata de cosas ya conocidas por cualquiera que esté un poco al tanto de política y relaciones internacionales, o que entran directamente en la categoría del cotilleo. Nada extraordinariamente revelador: la diplomacia de EEUU recaba todo tipo de información, envía informes detallados a casa y presiona a favor de sus intereses. Quizás los sorprendidos tengan a bien comunicarnos para qué creían que servía el cuerpo diplomático de la primera potencia mundial. O cualquier cuerpo diplomático, claro; pero este, además, tiene detrás la VI Flota.
En segundo lugar, las consecuencias inmediatas. Mi primera impresión es que, en lo estrictamente político, serán escasas. Es posible que algunas negociaciones se hagan algo más cuesta arriba para EEUU o alguno de sus aliados. Pero las filtraciones de Wikileaks no van a cambiar los factores reales de las RRII: intereses, alianzas estratégicas y otros condicionantes. Me parece muy improbable, por ejemplo, que los Estados del Golfo vayan a celebrar con verbenas el programa nuclear iraní ahora que es oficial lo que siempre se ha sabido: que no les hace ni puñetera gracia la apuesta estratégica de Teherán. Por otra parte, la política real no se hace necesariamente al alto nivel que registran los cotilleos de Wikileaks, sino en el más modesto y constante de los funcionarios, personal de embajadas y ministerios, noblesses de robe, etc -como sabiamente hizo notar aquel ujier del Congreso que llamó despectivamente “interino” a Rajoy. En regímenes autoritarios, donde el secreto y la duplicidad son norma aceptada, es muy probable que todo esto pase sin pena ni gloria -aunque Tyler Cowen opina que se podría forzar un realineamiento en un sentido u otro allí donde la distancia entre el discurso público y la política real sea demasiado amplia (lo dudo). Incluso en los países donde la opinión pública cuenta más, los ciudadanos están recibiendo las “filtraciones” a través de sus medios informativos habituales, y lo más que cabe esperar es un efecto de agenda-setting. Véanse las fastuosas revelaciones sobre Aznar que ha sacado en portada El País, o el poco coste que parecen tener para el PSOE los cables sobre el “caso Couso” -Irak sigue siendo “tema PP” en el imaginario colectivo. Como, además, en los cables hay un poco de todo, y casi nada de verdadera importancia, creo que tendrán el efecto de reafirmar las posturas previas, sin modificarlas sustancialmente.
Luego están las consecuencias a más largo plazo para el funcionamiento interno de los servicios diplomáticos y los gobiernos. Como apunta Simon Chesterman, es previsible que el affaire provoque menos y no más transparencia: las agencias se cuidarán mucho de poner negro sobre blanco gran parte de lo que hoy se comunica de manera explícita. Esta dificultad añadida puede aumentar los costes de la comunicación confidencial -el “impuesto al secreto” del que habla John Robb, análogo al “impuesto a la seguridad” que provoca el terrorismo-, pero la idea de que sabotear la diplomacia supone acabar con el secreto en sí sólo tiene cabida en mentes infantilizadas por la ideología dospuntocerista. Y bien entendido también que los costes aumentarán para lo “bueno” -evitar supuestas injerencias en países soberanos- y para lo “malo” -evitar supuestas injerencias en países soberanos. (Por supuesto, no cabe esperar que las consecuencias en un sentido u otro les importen a narcisistas como Assange; lo que cuenta para esta nueva clase de revolucionarios profesionales es la acción en sí. En el Milenio no hay causación: adviene. Véase en esta entrevista la “respuesta” de Assange al ex-diplomático británico.)
Todo esto, por supuesto, sin entrar en la veracidad del material filtrado. Se ha producido, lo anotaba Arcadi Espada, una identificación de lo “secreto” con lo “verdadero”; “verdadero” incluso en un sentido más profundo que lo que podríamos llamar la “verdad cotidiana”, que introduce de nuevo en el periodismo supuestamente serio el virus del conspiracionismo: la idea de que hay un argumento, oculto pero accesible, que da sentido al mundo. Y esa es a buen seguro otra clave del éxito de Wikileaks: a diferencia del auténtico periodismo, que toma datos crudos y crea un relato informado a partir de ellos, Wikileaks derrama datos crudos y deja la puerta abierta a que cada cual los encaje en el relato que más le guste o convenga. Por descontado, políticos, diplomáticos y servicios de inteligencia tienen a su alcance otro medio para difundir bulos, informaciones interesadas y cortinas de humo. En cuanto a los medios de comunicación que se han prestado a servir de intermediarios, se han guiado por una lógica empresarial impecable. De hecho, no tenían otra opción: de haberse negado a participar en el show, otros lo hubieran hecho y se hubieran llevado los réditos. Otra cosa es la justificación periodística. ¿Cuántas de las supuestas revelaciones hubieran tenido categoría de portada de no venir de Wikileaks y en bloque? La noticia, en realidad, no era el contenido de los cables, sino la filtración en sí misma. Lo que no los deja en buen lugar: se han limitado a adoptar la agenda de Wikileaks como el huésped que cambia de hábitos cuando lo infecta un determinado parásito. Una muestra más de la desorientación en que los ha sumido la irrupción de la red.
Porque el fenómeno de Wikileaks parece ser también otra manifestación del surgimiento de una “sociedad transparente” antes que algo primordialmente político. La idea de intimidad (o “privacidad”) que nace con el mundo moderno, que sólo la urbanización hace posible -y que tan bien simbolizan las identidades secretas de los superhéroes-, está en entredicho: regresamos a la aldea y a la tribu; las públicas virtudes y los vicios privados confluyen en un espacio público ampliado. Esto explica seguramente que los más fascinados con el affaire sean periodistas, comunicólogos y gurúes varios habituados a alimentar y alimentarse de la mistificación de que el mundo y la red son intercambiables.
En este sentido, Wikileaks nos revela asimismo algo sobre la percepción de la política de una parte del público informado, y de quienes producen los discursos de los que se nutre. Ciudadanos e intelectuales que no parecen en condiciones de extrapolar al análisis político, no ya conocimientos específicos, sino la experiencia social cotidiana de cualquier adulto -lo que nos remite a la cita de José Luis Pardo que encabeza esta entrada. ¿Es esencialmente distinto el mundo de las RRII que nos muestran los cables de Wikileaks del funcionamiento habitual de una empresa, de un partido político, de una facultad universitaria, de una familia? ¿En qué ámbito de la vida impera la perfecta transparencia y el perfecto cumplimiento de la teoría? La vida de puertas para adentro del Estado tampoco es un libro de Habermas, sino una historia, a veces turbia, de intereses en conflicto, alianzas declaradas u ocultas, procedimientos que se cumplen, procedimientos que no se cumplen y zonas de sombras. (Y, de vez cuando, esos mismos que claman cada día por la democracia perdida se convierten en ejemplo de la distancia que media entre la teoría y la práctica real de la democracia.) Wikileaks actualiza el viejo sueño anarquista de abolir el poder y la política, combinándolo con la fantasía adolescente de una hora de todos en la que sólo se dice la verdad. Le auguro el mismo éxito que a sus predecesores.
Maxwell Smart y la Campana del Silencio


Iracundo
diciembre 5, 2010
Bravo.
rccouto
diciembre 5, 2010
Excelente…bravo! Mis más sinceras felicitaciones. Y aclaro que no hay ni asomo de ironía en mi entusiasmo…
Fritz
diciembre 7, 2010
Muy bien dicho.
jorge
diciembre 7, 2010
Muy bueno todo, incluyendo las razones de los medios.
rene
diciembre 8, 2010
Deberia darte pena la estupides que escribes, como por ejemplo que lo publicado por wikileaks es irrelevante… naaaaaaaaaaa, ubicate, esto es la puerta a la caja de pandora… Y dices que las consecuencias politicas seran “escasas”, en verdad se nota que eres intelectual y analiticamente mediocre, por no decir, estupido… saludos y cuando te vayas a dormir, analiza mi comentario;)
J
diciembre 8, 2010
Hago una excepción y publico el comentario anterior por su interés sociológico, o antropológico, o lo que sea.
rccouto
diciembre 8, 2010
Interés entomológico?
g.l.
diciembre 9, 2010
Plas, plas, plas.
O profundador
diciembre 11, 2010
Fantasía adolescente… y quevediana, caballero
O profundador
diciembre 11, 2010
Y sí, es verdad que en ningún ámbito de la vida impera la transparencia. Más aún: es bueno que así sea, porque de lo contrario no podríamos vivir en paz con nuestros familiares, amigos, conocidos, subordinados, jefes… La cuestión (y pido perdón de antemano por la trivialidad de mi comentario) es hasta dónde ha de llegar la opacidad. Sí, la transparencia total es una quimera; pero por otra parte…
J
diciembre 11, 2010
Bueno, esa es la pregunta del millón. Y, como suele suceder en política, no es algo que se pueda responder en abstracto, siquiera provisionalmente, sin tener en cuenta lo particular de cada caso.
En cualquier caso, con Wikileaks tampoco hablamos de “transparencia total”, sino de una organización concreta con una agenda concreta, que además emplea el secreto para sus fines: véase el famoso archivo encriptado que supuestamente garantiza la seguridad de Assange. En ese sentido, lejos de abolir la política o modificar esencialmente las reglas del juego, se valen de la tecnología para erigirse en actores políticos. Ninguna novedad. En esto de internet se cumple el viejo principio alquímico: lo que está en el dospuntocero es como lo que está en el unopuntocero. Si no, véase la manera impecablemente ciber-democrática y deliberativa en que se nombran a sí mismos todos los líderes de la cosa 2.0, de los negociantes del Ministerio arriba enlazados a Assange.
Por otra parte, se está empezando a vender una “metarrealidad” en la que sólo lo secreto es creíble. Esto no mejora en nada el periodismo; al contrario, lo contamina de conspiración y magufería, como digo en el post. Y ya han aparecido las primeras filtraciones falsas. Es de suponer que en el futuro se hagan de manera sistemática y menos rudimentaria.
O profundador
diciembre 11, 2010
“Por otra parte, se está empezando a vender una metarrealidad en la que sólo lo secreto es creíble”.
Siempre podemos consolarnos pensando que el deseo de creer toda información (?) que confirme los propios prejuicios no es un fenómeno nuevo. Buena prueba de ello la tenemos, v. gr., en el éxito de las supercherías del embustero y plagiario Sergei Nilus (si es que fue él quien “cocinó” los Protocolos; mi información al respecto es fragmentaria e insegura). Aunque, pensándolo bien, tal vez no sea un consuelo.
J
diciembre 11, 2010
Esa es otra enseñanza que habría que tener en cuenta: las peores cabronadas de la historia se han cometido a la luz del día. Y, sensu contrario, hay mentiras que no importa cuántas veces y cuán meticulosamente se denuncien. Los Protocolos siguen siendo best seller en muchos países, y aún hoy en los medios públicos españoles se acoge a invitados que los dan por buenos, como David Icke.
Lenny Zelig
diciembre 15, 2010
Estoy de acuerdo en que pensar en que solo lo secreto es creíble, sin más, no es correcto. Pero tanto metawikileaks está llevando a cuestionar hasta lo más evidente, como que lo expresado confidencialmente tiende a ser considerablemente más sincero (mayor correspondencia entre lo pensado y lo expresado), con independencia de la correspondencia que exista entre lo pensado y la realidad. Por eso se interceptan comunicaciones en el curso de investigaciones penales y por eso los abogados defensores se concentran, y hacen bien, en los resquicios que puedan invalidar la prueba, no en convencer al tribunal de que no sea pueril y no confunda lo secreto con la realidad ni con lo que realmente pensaba su cliente cuando decía aquello.
El acceso a lo confidencial es una técnica de mínima invasión que permite ver un cerebro (de un funcionario, un servicio público o el poder político) más de cerca. Puedo comprender los inconvenientes en muchos casos, incluso la falta de interés en la mayoría de ellos, pero a ver qué buenas o inteligentes razones nos llevarían a rechazar la oportunidad de levantar la tapa de los sesos (para volver a colocarla, claro). O a ver qué buenas e inteligentes razones nos llevarían a discutir la conveniencia de que los ciudadanos, en una sociedad abierta ydemocrática, conozcan lo que el poder político (al que sostiene y paga) piensa sinceramente.
Dick Turp
diciembre 26, 2010
Apreciado J.,
muy buen comentario. Lo suscribo.
Además todo muy mejorado por el comentario de Rene… 1qué belleza y pecisión en el uso de las palabras…
Sobre el papel de los medios de comunicación tradicionales, creo que se han retratado asimismos como incompetentes. En primer lugar, porque los medios de cada país son y han sido usados para elaborar algunos de esos informes -bien sea porque a algún diplomático le toca hacer un análisis y evaluación de la prensa día a día… como en cualqueir gabinete de comunicaciones de tantas y tantas entidades públicas y privadas-. O sea ellos son transmisores básicos de los rumores que circulan por los mentideros de cada capital.
segundo, como ignorantes. Si no en sitios como El NeW York Times, Der Spiegel o EL País sabían lo que hacen en las embajadas y en los ministerios de asuntos exteriores quiere decir que su supuesta labor de intermediación poder-ciudadano es innecesaria. Cada ciudadano puede desconocer todo eso por sus propios medios.
Tercero, como tú señalas como entes guiados por la agenda marcada por Mr. Assange. Eso sí, intentando parecer Robin Hood.
Cuarto, como hipócritas; intentando vender como grandes secretos de Estado lo que en muchso casos son notas, informes, etc. en los que no hay análisis. La política de un Estado no se decide por un simple cable elaborado por un segundo secretario y enviado desde cualquier embajada. Eso se cruza con otros informes. De otras embajadas, de otras entidades, de… Inteligencia abierta e inteligencia “tradicional”. Esos materiales más elaborados son los que van trepando a los despachos que deciden… donde se discute. Se piden más informes. Más opinioes. Internas o externas. Y así hasta que se decide algo.
saludos y feliz navidad,
DT
Sergio Españadaasco
diciembre 27, 2010
Tanto pedo neocon-intelectual me da lástima. Las Relaciones Internacionales nadan en realismo puro, es un hecho, pero nunca lo vimos tan descaradamente. Las cosas no están funcionando muy bien por nuestras democracias últimamente, eso provoca el interés del -qué ocurre- entre muchas personas. ¿Qué sucede luego? La indignación sobre el mundo en el que vivimos se expande como la pólvora y la gente empieza a cuestionarse todo, a querer otra cosa. La única solución para mantener estos gobiernos al servicio del poder real (queda claro que no es el político), y como serás liberal sabrás de que te hablo, es tener una población idiota bajo control. Podríamos discutir durante horas sobre modelos de Estado y modelos económicos para no llegar a ninguna parte, son posturas demasiado enfrentadas. Siempre confié en mi postura no idiota.
A lo que quería llegar (que me lío), esos diarios que nombras están cuestionados por Wikileaks por no haber publicado cierta información proporcionada a los mismos. A principios del próximo año le toca el turno a Bank of America y promete desvelar turbios asuntos. Mientras tanto la gente sigue abriendo los ojos o no, y en el no tiene lugar el control de idiotas. No soy capaz de decir que una revolución (y trata de no ver ardiendo la Bastilla cuando escribo esto, que estamos en otros tiempos) podría ocurrir, pero soy capaz de afirmar que las cosas van a empezar a cambiar, no se a que ritmo, pero cambiarán. Cada vez serán menos los idiotas. Ahora dime que esto son sueños de adolescentes y acomódate en tu mundo real que yo seguiré abrazado mi idealismo.
Txomin Goitibera
enero 13, 2011
Los niños confunden la realidad con la ficción…
A saber lo que entiende por realidad y por ficción el sujeto este:
http://articles.chicagotribune.com/2010-10-29/news/ct-oped-1029-goldberg-20101029_1_julian-assange-wikileaks-wrong-question
J
enero 13, 2011
But if you read left-wing accounts of the intelligence community, two versions dominate. The CIA and similar outfits are either evil and incompetent, or evil and supercompetent. Sometimes the folks at The Nation will mock the CIA for trying to blow up Fidel Castro with an exploding cigar. Other times some Oliver Stone type will insist that the military, or the CIA, or theNational Security Agency or rogue elements from those quarters, managed to assassinate John F. Kennedy and pin it on a Marxist dupe named Lee Harvey Oswald
Bueno, esa es la lógica implacable del conspiracionismo: es imposible refutar la tesis de la conspiración porque cualquier hecho puede retorcerse y emplearse para apuntalarla. Si hay indicios de algo, es que la conspiración es cierta; y si no hay absolutamente ningún indicio, es que la conspiración es tan poderosa que es capaz de borrar todas sus huellas. Eso requiere que los “malos” sean a la vez prácticamente omnipotentes y unos chapuzas. Véanse las conspis del 11-S, 11-M, asesinato de Kennedy, proyecto Apollo, etc, etc.
Yo me he hartado de decir que lo que Wikileaks supone a fin de cuentas es la consagración del conspiracionismo como una modalidad legítima de periodismo y, ojo, como quizás la única modalidad legítima de “periodismo de investigación”. Cuando se vio que el contenido de los cables no era a fin de cuentas tan escandaloso, y que prácticamente quienes mejor quedaban eran EEUU e Israel, no tardaron en empezar a circular versiones que vinculaban a Assange con la CIA.
Txomin Goitibera
enero 13, 2011
Bueno, lo que quería reseñar es que el tipo ese se toma tan en serio a Wikileaks, que se quiere cargar a Assange.
J
enero 13, 2011
Hombre, yo entiendo otra cosa: se pregunta, si las agencias son tan poderosas y tan malas, cómo es posible que este pringado las pueda poner contra las cuerdas sin que nadie le dé pasaporte como en las pelis. No veo que lo defienda porque, como él mismo dice, aparte de otras consideraciones, sería inútil.
Sí que ha habido frikis que han pedido una black op para Assange, pero bueno, es que frikis hay en todas partes. De todas formas, se supone que Wikileaks tiene en cartera cosas sobre Rusia y China, y entonces ya veremos qué pasa, que esos sí que no se andan con bromitas.